ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-

Si a través de todos los medios de comunicación se ha estado informando la necesidad de que cada persona adopte medidas de higiene para frenar la propagación de la influenza porcina, cabría preguntarnos por qué la mayoría no lo hace.

Por ejemplo, se ha insistido en el uso de cubre bocas y el continuo lavado de las manos. El primero debe usarse principalmente en lugares cerrados, por ejemplo si se viaja en camiones del servicio público o si se trabaja en oficinas y con mucha gente alrededor.

Ayer abordé una combi del servicio público. Por unos minutos viajábamos 14 personas en la misma unidad, incluido el conductor. Nadie, salvo yo, llevaba puesto un cubre bocas. Cualquier estornudo  nos baña a todos, pensé.

Me vino a la mente que a propósito del cubre bocas, anteayer el gobernador Ney González insistió en que sólo se requiere su uso en personas que tienen algún padecimiento de gripa, para que al estornudar el líquido nasal no alcance a otras personas.

El comentario del gobernador me pareció desafortunado puesto que va contra la información de las autoridades de salud, pero además porque nadie puede confiarse en que los que están enfermos utilizarán el cubre bocas. Ya sabemos que a muchos simplemente les vale.