Por Fernando Gutiérrez Meza.- Seguramente el procurador de justicia en la entidad, Oscar Humberto Herrera López, no imaginaba ni de broma la fuerte responsabilidad que habría de adquirir al aceptar y tomar protesta como abogado del pueblo, encomienda conferida por el mandatario estatal, Ney González Sánchez, quien hace un año anunciara la salida de Héctor Béjar Fonseca y la llegada del actual titular de institución.

Precisamente el mes entrante cumplirá su primer aniversario al frente de la PGJ, cargo que lógicamente el profesionista y conocedor del derecho sabía ha que atenerse, pero no imagino que el -diablo- se soltaría el pelo, la cola y todo lo demás en éste 2010, en que se celebra el centenario y bicentenario de la revolución e independencia de México; posiblemente que el buenazo de Oscar nunca contó con eso, pues desde el mes de enero el panorama de nuestra entidad dio un giro de 280 grados, de ser una ciudad tranquila, segura y pacifica pasó a formar parte de las estadísticas del crimen organizado, para muestra un botón, los casi treinta muertos registrados en el mes en curso, más posiblemente los que se sumen de aquí a finales de año.

La responsabilidad de cualquier procurador de justicia en el mundo, no es tarea sencilla, existen riesgos tanto en lo individual, como en sus familias, por ello la notoria vigilancia con que se conducen y el sinnúmero de escoltas que saben tener, pues conocen que tanto ellos como sus esposas, hijos o hermanos corren el mismo riesgo; aunado a los problemas y vicios a que se tiene que enfrentar en la institución con los Agentes del Ministerios Públicos, oficiales, directores de corporaciones o comandantes, el paquete es fuerte, y aunque los sueldos son jugosos la intranquilidad es demasiada, máxime en estos momentos que el panorama de seguridad en el país es el pan nuestro de cada día.

No obstante, al abogado del pueblo no le queda más que aguantar y encomendarse al creador del universo, porque como se observan las cosas mucho se duda que cambien o al menos las bandas del crimen organizado se detengan en su actuar, dado que la empresa del narco es muy amplió y manejan importantes sumas de dinero que alcanzan para muchos, pero de ese aspecto en otro momento lo comentare.

Parece que al actual gobierno le ha sucedido lo mismo que al manejado por Antonio Echevarría Domínguez, al dar prioridad a los amigos o compadres, que lógicamente son considerados gentes de su confianza y pues no tiene otra alternativa más que aguantarlos, removerlos de sus cargos o buscarles otros de menor riesgo, como ha sucedido en la Policía Judicial por donde en el actual sexenio han pasado cinco jefes con el actual.

Los citados exjefes policiacos responden a los nombres de Julio César Jiménez Arcadia, Fernando Carbajal Cazola, Héctor Paniagua, Julio Betancourt y actualmente se encuentra Guillermo Martínez Moreno, al que al igual que a Oscar Herrera también le ha tocado bailar con las más fea.

Por cierto, en fechas recientes se anunciaron corridas de toros en la Policía Estatal Investigadora, y hasta el momento se desconoce quien se encuentre como responsable de esa importante área encargada de los asuntos operativos.

Sobre el mismo tema, parece ser que algunos de los funcionarios no han dado el ancho, pero la amistad o posiblemente compromisos les permite que sigan en otros cargos, como ejemplo el inútil de Fernando Carbajal Cazola, quien actualmente se desempeña como secretario de seguridad pública, pero que a su paso en esa encomienda ha resultado un rotundo fracaso y una muestra es como andamos en esa materia, en que a diario aumenta la estadística de asesinatos en nuestro lindo Tepic y todo Nayarit.

El gobernador del Estado, Ney González Sánchez, debería cambiar en forma total a su gabinete de seguridad, e invitar a algunos diputados que parecen conocer a fondo el problema, pues opinan en cada momento sobre el asunto; estos son el legislador Julio Mondragón Peña, quien pudiera ocupar la dirección de la policía estatal, o Juan Echeagaray Becerra, que bien desempeñaría el tan anhelado puesto de procurador de justicia, o Roberto Lomelí Madrigal en la subprocuraduría, al menos existen esos tres prospectos que a leguas se nota que quieren hacerla de cuicos para mantener la tranquilidad de esta tierra de Nervo y Escutia.