Por Miguel Ángel Casillas Barajas

Aquella mañana fresca de noviembre había despertado como en cualquier otro día, con muchos ánimos por amar la vida, el aire, la naturaleza, en fin por todo lo que me rodea pero con mi agenda de actividades de fin de año vacía, sin nada nuevo que alegrara, ese mi diario rutiar por este mundo. Encendí ese novedoso y extraordinario aparato llamado iPOD para escuchar algo de música Rock, y me dispuse a desayunar, soportando la mirada un tanto inquisidora de mi esposa Mary que de alguna manera reclamaba mi actitud de escuchar Rock a esa hora de la mañana que obligaba a preguntarme mi mismo: ¿pero es que hay algún horario preestablecido para calmar este vicio incontrolable de escuchar Rock? Así, sumido en mis pensamientos, llegó la hora de probar los benditos y sagrados alimentos con la música de John Lennon puesta de fondo que me alegraba esa mañana, un tanto fría en todos los aspectos.

Sin embargo mi bella esposa muy lejos estaba de imaginarse sobre un proyecto que envolvía mis entrañas como tamal. Todo había iniciado la noche anterior. Al estar bajo las sábanas, meditaba profundamente que los verdaderos Beatlemaníacos de corazón como lo es este servidor de ustedes, poco o nada habíamos aportado, vaya, aunque así fuera, una minúscula pizca de arena por la música Beatle aquí en Tepic, como para sentirnos muy orondos como pavorreales identificados plenamente con John, Paul, Ringo y George como fieles seguidores de su música. Mejor dicho, hasta antes de ese gran concierto en Mi Azotea del día 18 de diciembre pasado, Los Beatlemaníacos aquí en Tepic éramos como parte de una simple estadística o una masa un tanto amorfa y casi olvidada. Considerados como simples fans caseros o de buró. Esos seres transparentes que han visto pasar el tiempo en pequeños escondrijos encerrados como vampiros en madrigueras mas oscuras y tétricas que una caverna, revueltos entre medicamentos y artículos en desuso, y que muy de vez en cuando en algún pequeño descuido suelen salir a la luz de la luna a deambular por las calles como zombies con sus audífonos puestos en los oídos; pero la gran parte de su tiempo, o están en alguna oficina, o en la escuela, o en el trabajo, Escuchando música de los Birus agazapados como trampas de ferrocarril para que nadie los identifique como fans del famoso cuarteto de Liverpool; o bien, muy discretamente se dejan ver en los cafés-Bar para escuchar su música preferida, perdidos en el rincón mas oscuro y apartado del bar. Aunque bueno, debo ser sincero en reconocerles que gracias a todos ellos, se ha diseminado la semilla del Rock-Band y esta se ha propagado en todo el orbe terráqueo, y ni modo, así es su manera de vivir y su estilo de disfrutar la vida, invisibles a los ojos del mundo. Aunque también valga decirlo, por medio de las redes sociales de internet como lo es el Facebook los fans del Rock Band Beatle se multiplican día con día como conejos, sin abandonar las penumbras del anonimato. Por lo menos aquí en Tepic esa impresión se tenía de los fanáticos seguidores del Rock Band de los Birus hasta el momento en que llegó el concierto en Mi Azotea. Este concierto, logró entonces su objetivo, ese ¡Bum! de abrir de tajo las puertas de los corazones de aquellos Beatlemaníacos empedernidos que buscaban afanosamente una pequeña rendijita para poder salir de la fría cripta del anonimato expulsados como bólidos y presentarse abiertamente ante la sociedad sin prejuicios de ninguna índole, y gritar con su ronca voz por tanto tiempo acallada personificados abiertamente como lo que son, verdaderos adictos al rock y rancios apasionados de la música Beatle.

Me dije, no hay de otra, alguien tenía que hacer algo por ellos, eran tantos los adictos al Rock Band damnificados y deseosos de ser escuchada su voz, que tal vez en lugar de un concierto en la azotea, hubiera sido mejor haber creado un CRIT TELETON para internar a tanto Beatlemano que requería terapia musical urgentemente, después de haber sido arrollados brutalmente por la música de banda; Urgía por lo menos brindarles los primeros auxilios médicos elementales, para ayudarlos a recuperar los sentidos del terrible daño psicológico sufrido, y que tuvieran aunque sea un pequeño pero gratificante respiro con un tokín de Rock, y de esa manera darles un poco de terapia para auxiliarlos por lo menos a que purificaran sus pobres y contaminadas almas, rescatándolas de las garras del putrefacto ambiente Bandístico existente. Así que esa mañana me transformé en algo así como El libertador Beatlemaníaco justiciero teniendo como fondo musical una de las melodías clásicas Beatle considerada ya como un símbolo: All You Need is Love interpretada por la Real Orquesta Filarmónica de Liverpool a manera de fanfarria y ante la presencia de un retrato de John Lennon clavado en la pared que me miraba fijamente un tanto divertido y retador a través de sus inseparables gafas redondas color violeta; ahí juré ante él, con mi mano puesta en el pecho que buscaría afanosamente ir en defensa de los seres desvalidos ávidos del Rock Band y en rescate de los mas débiles de carácter, y si todo marchaba bien, de paso iría con mi labor salvadora en auxilio de los incomprendidos y sufridos NERDS y de los desafortunados e inadaptados NINIS para encauzar su lucha justiciera, y liberarlos del horrendo yugo de una sociedad promiscua, castrense y sectarista. Pero todo a través de la música; algo que se antojaba casi imposible partiendo de la gran desigualdad social existente, y de un entorno plagado de graves problemas de inseguridad; con sicarios brincando como chapulines por todos lados acechando nuestro diario caminar ocultos entre la maleza urbana y prestos a actuar para prolongarnos el sueño eterno y robarnos nuestra querida y ya casi extinta tranquilidad de otros tiempos. Sabía pues, que esta, nuestra lucha recién emprendida, no sería nada placentera. Aunque reconocía que el producto nuestro era innovador, y nuestra bandera de lucha también, en formato, casi igual a otras tantas emprendidas a través de la historia de México, lo único que quizás la hacía diferente, es que la nuestra, era sin Villas, ni Zapatas, pero sin dejar de ser una lucha casi revolucionaria a favor de la música, usando como única bandera: El Rock Band. Sin armas, y apostándole a la paz. Y si se trata de ser un poco más específicos, en rescate de todas las almas divagantes de las purgatorias mundanas, y apasionadas seguidoras de la música Beatle.

En ese momento de éxtasis sublime al estar inmerso en el profundo océano de la Beatlemanía total, vi sentadas frente a mí, a mis dos inseparables e inquietas estupideces, que por cierto, tenía días sin saludarlas a las pobrecitas que casi me olvidaba que existían o que comían; ellas desde su ubicación me sonreían complacidas, ataviadas elegantemente para la ocasión. ¡Órale! Una de ellas, vistiendo aquella famosa casaca color café estilo militar que usaron Los Beatles en su gira por la Unión americana, y la otra, abrazada románticamente a la famosa Steel Guitar de George Harrison que colgaba de mi hombro y con las clásicas botas Ringo puestas, esa era la señal de arranque que esperaba para lanzarme al ruedo, aprobando decididamente mi proyecto sin reservas, el de organizar una copia de aquel concierto fabuloso del 30 de Enero de 1969 en que los Beatles cometieron la locura original (la mía era una simple copia ) de treparse en la azotea para dejarnos sentir aquella tarde, su fabuloso concierto de despedida por última vez juntos. Pero¿Hacerlo aquí en Tepic? ¡Por favor! ¿A quien se le ocurre tal insensatez? era algo así como una locura a grado de Delirium Tremens ¿un concierto Beatle? para una sociedad consumista que come, vive, sueña y hasta hace popó escuchando la música de banda, Já, Já, y que aparte, está al mande usted de todo lo que diga el pequeño gran principito, el patriarca indiscutible de la comarca que solo su voz truena en el firmamento como llovizna para todos,.. Se antojaba pues, como un verdadero disparate del tamaño del sol que solo a un cabeza hueca y con cerebro falto de lucidez senil como el de este servidor, se le ocurriría hacer una locura tan fenomenal como esa, ya como para cerrar el año 2010 con broche de oro echándose a cuestas un bronconón de ese peloy gratis. ¿Hacer un concierto y en la azotea?, ¡Válgame dios Que estupidez! Sin embargo, era pues, el momento crucial y tenía que tomar una decisión al respecto, estaba en juego mi palabra empeñada por la red social de Facebook, y ni modo de quedar mal con todos mis amigos facebucianos y con los millones de gente conectada a través de las redes de internet que había invitado. Y hasta el estúpido de mi, había enviado como una veintena de correos al propio creador del Facebook: Mark Zuckerberg para invitarlo, ¡tonto de mí! ¡Mil veces tonto de mí! ¿Para que abriría mi enorme y cariada bocota? Que tal si se deja venir este wey -pensé,- y luego que ¿Echarme para atrás? No, eso ya no era posible, es una palabra que para mí, en lo personal no existe en el Larousse, sería algo así como darle yo mismo de patadas a mi propio y flacuchón trasero lleno de ego como herpes hemorroidal. En ese momento crucial pues en que estaba entre el si, o no, en mi cerebro solo resonaba con eco una frase que taladraba mis sienes: ¿To be, or not to be, papi?

Ni hablar, todo estaba escrito, no habría marcha atrás, entonces lo primero que tendría que hacer era contactar con algunos de mis amigos que tenían grupos de rock para involúcralos y convencerlos a participar en él proyecto, bajo el compromiso indiscutible de mi parte, (¿todavía mas?) de que si en algún momento antes de la fecha pactada (el 18 de Dic.,) se les presentaba algún otro tokin ineludible, o por cualquier otra razón que fuera, así, sin excusa ni pretexto alguno podían sentirse con toda la libertad de cancelar su participación y atender sin reservas su compromiso ; ya que El concierto en mi azotea era solo por invitación, esto es, sin que hubiera un contrato de por medio, ni cantidad económica alguna que respaldara o amarrara la participación de los exponentes a este evento musical. Así de esa manera sencilla y un tanto suicida y basándose tan solo en la palabra empeñada por mis grandes amigos apasionados de la muisca Beatle que se la jugaron conmigo; poco a poco se fue fortaleciendo el proyecto de hacer un tributo a la música de los Birus.

Para esto también, contamos con el respaldo incondicional de algunos medios informativos que nos proporcionaron patrocinio publicitario como es el caso de los diarios Gente & Poder propiedad de nuestro director y amigo: Don Antonio Lora Zamorano; al diario Punta negra que nos brindo asilo en su pagina WEB para difundir el evento, gracias al apoyo de su director general Profr. Cristian Amaury González Gil, luego también reconocemos la participación de los diversos grupos de Rock como son los chavitos de REVOLVER, el grupo FEEL, a los tiranosaurios Mex del Rock MIKE & MIKE, al reconocido rockero Urbano Arturo Lomeli Flores y a Los Quedados. Gracias a todos ellos, se pudo cristalizar este gran sueño Beatlemaníaco.

Un reconocimiento especial de mi parte por su invaluable apoyo merece mi familia empezando por mí esposa Maricela por su tolerancia, gracias amor, luego siguiendo por mis hijos Christopher, Linda Marisel y Denisha Sharine.Pero de manera muy especial quiero reconocer públicamente el apoyo irrestricto de Mis hijos el Ing. Carlos Paul Casillas Gil y del también Ing. Miguel Ángel Casillas Gil, el primero de ellos como director del grupo FEEL como coordinador musical del evento y el segundo como encargado de hacer la pagina Web: Mi Azotea.puntanegra.com.mx y la transmisión en vivo por internet del concierto, Gracias hijos por creer en mi, Ustedes son lo mejor que dios me pudo haber regalado en esta vida.

Asimismo quiero agradecer por estas líneas al Dr. Osmar Flores del grupo FEEL por su gran apoyo incondicional de toda la vida, Gracias amigo, Sin ti este mundo estaría vacio y sin Rock, y a sí mismo, a un sinnúmero de amigos y fans Beatles que se hicieron presentes viendo desde su Computador por la red de internet el desarrollo de este concierto y patentizándonos su apoyo por chat y correos, y a otro tantos fans Beatles mas que se dieron cita, a quienes les agradezco su valor para arriesgar el pellejo haciendo acto de presencia en este concierto. A todos por igual, reciban nuestro agradecimiento permanente. Y esperamos vernos en otro concierto en Mi Azotea en Dic. del 2011, si dios nos presta vida.