Por Miguel Ángel Casillas Barajas / segunda parte

Que esperanzas que en aquellos años del 65 cuando mi grupo Los Fugitivos brillaba en los escenarios Rockeros de la sociedad tepicense hubiéramos tenido a la mano los sofisticados amplificadores modernos que hoy en día alcanzan altas potencias de sonido. Nosotros si que batallábamos y vaya que hacíamos malabares con viejos y desvencijados aparatos de los que se usan todavía en los ranchos para bocear, y que rentábamos para ensayar teniéndolos que traerlos cargando en el lomo como zafarí desde otras colonias muy distantes a la nuestra; simplemente para darnos el gusto de ensayar el Rock and Roll.

Ya para enfrentar las tocadas, lo que hacíamos era rentar un mayor número de estos aparatos, que conectados en serie los hacíamos rendir un poco más. Solo mediante ese tipo peripecias era la única manera como nos podíamos escuchar un poquito mejor; sin que el sonido llegara a la perfección total, debido a que estos aparatos viejos y desvencijados emitían zumbidos y ruidos extraños, aparte de que siempre estaba latente el riesgo de que alguno de estos equipos antiguos de bulbos se calentara y nos dejara en vergüenza en medio de alguna actuación; por eso siempre teníamos la precaución de llevar otro aparato extra de repuesto para suplir de inmediato al que nos fallara.

Un buen día, llegó un amigo llamado Efraín de los Estados Unidos y nos ofrecía en venta un pequeño y robusto amplificador para guitarra eléctrica muy novedoso, fabricado por un consorcio japonés/americano que aplicaba una tecnología vanguardista denominada híbrida, esta alta tecnología consistía en un novedoso y revolucionario sistema armado en Estados Unidos pero con tecnología japonesa, era tan solo un aparato combinado entre bulbos y transistores pero de alta potencia concentrada. A este robusto aparatito, los gringos lo bautizaron con el nombre de: El Golden Boy (El chico de oro).

Efraín, la persona que nos lo vendía era un tipo muy labioso por lo que había cierta desconfianza de que nos estuviera diciendo la verdad aunque el nos aseguraba que, nuestros problemas de carencias de sonido al aire libre estarían resueltos con ese potente amplificador, y Total, que el aparatito que medía unos 80 centímetros de altura, por otro tanto igual de anchura de acuerdo a la opinión de Efraín tenía capacidad hasta para conectar dos guitarras eléctricas a la vez.

Nosotros sonreíamos incrédulos dudando de sus palabras y de las bondades que el presumía de este diminuto aparato al cual veíamos muy pequeño para que respondiera a nuestras expectativas y necesidades, tomando en cuenta que con los otros aparatos para que medio nos escucháramos al aire libre, usábamos hasta 6 o 7 de ellos, así que estaba en tela de duda su potencial y nos preguntábamos: ¿como es posible que un pequeño aparato pueda suplir a tres de estos equipos, por mas desvencijados que estén? en fin, lo observábamos una y otra vez y lo revisábamos de arriba abajo y el rechonchito amplificador pareciera sostenernos la mirada y corresponder con firmeza a la confianza que Efraín había depositado en él. Nos tenía realmente intrigados y sobretodo por el nombre de este aparato: Golden Boy, como si fuera la gran cosa.

Afortunadamente para salir de dudas, al día siguiente tendríamos una presentación con nuestro grupo en la plaza principal de Tepic, y este sería el momento oportuno para probar el desempeño al aire libre del robusto aparato.

Aunque por si o por no, y para no correr riegos innecesarios decidimos llevar también los destartalados equipos de sonido tradicionales, manteniendo al pequeño Golden Boy como simple espectador, aunque lo teníamos en una parte muy especial del escenario a la vista de todos, conectado y listo para actuar ante el público tepicense solo habría que esperar el momento propicio dentro de un espacio en nuestra actuación para presentarlo con bombo y platillo, dándole su categoría de estrella del espectáculo, y así, de esa manera el mismo público presente sería el que juzgaría el desempeño del aparato en el escenario; aunque todos esperábamos cruzando los dedos que este, fuera exitoso.

Pasaron los minutos, y después de un desfile de canciones Rockeras, llegó el momento esperado por todos y mas que nada, por el mismo publico que gritaba ¡Golden, Golden! Pidiendo que lo conectáramos, en fin, ya no podíamos postergar mas su participación, la gente estaba impaciente por ver en acción a ese pequeño bebé; y bueno, no los hicimos esperar mas, mientras que Ismael Montes nuestro cantante entretenía al público asistente hablando sobre las bondades de ese novedoso equipo, nosotros cambiábamos rápidamente los cables de las guitarras de los desvencijados aparatos viejos al Golden Boy, luego lo encendimos y Posteriormente lo bajamos de una pequeña barda al piso, mientras Efraín, no perdía detalle de todo lo que hacíamos en el escenario y se comía las uñas fumando cigarro tras cigarro caminando de aquí para allá nervioso, Era el momento esperado por todos, y también el crucial de nuestra actuación musical en la plaza principal.

La noticia del aparato nuevo corrió como reguero de pólvora y había logrado que el público se reuniera en gran cantidad en la plaza a nuestro alrededor a menos de un metro de distancia para admirarlo de cerca; y bueno hay que decirlo también honestamente, el aspecto musical quedó relegado ese día a segundo término; la gente iba por la curiosidad por ver en acción al aparatito ese, acto seguido, dimos un acorde con la guitarra eléctrica, y de sus bocinas salió un enorme estruendo como un rugido de león furioso, aturdiendo a todos los curiosos que se habían arremolinado a nuestro alrededor para admirar a ese pequeño monstruo. El público estaba feliz de escuchar su potente sonido, su alegría era desbordante, los niños saltaban jubilosos y bailaban de alegría de aquí para allá, había rostros felices por todos lados. Quizás ese fue una de las anécdotas más bellas que recuerdo que tuve con mi grupo musical, y que compartimos con el público.

Y es que no es exageración, así era el Tepic de los sesentas, todo acontecimiento por sencillo que este fuera se hacía relevante, se corría la voz, se juntaba la gente y era celebrado el evento como un día de fiesta. Así que ese día que estrenamos al Golden Boy no fue la excepción, hubo fiesta al conocer esa maravilla de la electrónica.

Desde ese momento el robusto aparato formó parte de nuestro grupo musical como estrella refulgente del escenario y jamás nos dejo en mal discutiéndose como uno de los mas sobresalientes inventos en el terreno de la música de los años 60s y considerado hasta hoy en día, como uno de los equipos musicales mas sobresalientes que se han fabricado, y hasta puedo asegurarles que aún en esta época, es considerado como un clásico de la tecnología en el ambiente musical.