Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Recuerdo que en aquél magazinne Policía, de circulación nacional, aparecía en la última página el Sargento Popochas, (un agente policíaco tan cumplido que ya quisieran ser así los actuales gendarmes que ahora lucen vistosos uniformes, botas nuevas y armamento moderno, pero en su mayoría se mantienen alejados de los lugares en los que cometen delitos los sicarios y prefieren practicar la conquista de las féminas del metate, atrapar ladrones de tiendas extranjeras y agarrar borrachitos desvelados para bajarlos del macho)

Y entre esas caricaturas oficiales del cumplido cuico, había también una página en la que se presentaba un plano de una casa sencilla y las instrucciones a seguir para construirla, así como entre otras, una columna que se titulaba Un hombre en la calle y su autor relataba paso a paso las peripecias que sucedían diariamente en los diferentes barrios de la ciudad de México.

Y tratando de parodiar aquella colaboración tan especial, empezaremos por contarles que ayer abrió el día un paro de taxis que dejó prácticamente sin circulación vehicular a la calle México, desde la avenida Insurgentes hasta más allá de la Allende, provocando de esta manera otro verdadero caos consuetudinario al que no se pueden acostumbrar los tepicenses, muy mal visto además por nuestra gente, solamente que sirvió para disipar cuando menos por el día de ayer, el paro de los ex trabajadores de Salubridad que exigen ser reubicados en los puestos que una vez tuvieron en la Secretaría de Salud y de los cuales fueron defenestrados desde hace varios días. Por cierto que el cuate que hacía huelga de hambre, nos platicaron que se fue a tragar unos tacones de birria allá por la Nervo y cuando regresó ya se había levantado el plantón Nomás encontró tirado y muy pisado el letrerito que colocó y que decía: Salí a comer, perdonen el abandono de la plaza.

Los dos movimientos interfirieron en las actividades de muchas personas, provocando serias dificultades y varias descargas de adrenalina, entre duras mentadas de progenitora a los causantes del desaguisado, además acrecentaron los temores a ser víctimas de un aleve ataque de los narcos a sus homónimos sin respeto para los pobres transeúntes, que se les atraviesan en el camino de las balas y granadas, sin tener vela en el entierro. Cómo ha venido sucediendo.

Para acabarla de amolar, ayer mismo a las siete de la noche se abrió el desfile de la Feria Nacional de la Mexicanidad de Nayarit, el cual se vio muy concurrido –a pesar del riesgo que se corre- demostrando que los nayaritas y gente que los acompaña, no como quiera le sacan al parche de los sicarios.

En esta nueva edición no habrá palenque ni se cobrará la entrada y podrán asistir a todos los eventos, grandes y chicos, con la única molestia de pasar por la báscula a la entrada, como parte del blindaje que las autoridades le aplicarán al festejo, el que, si Dios le permite, resultará muy bueno, por el lado de la artisteada y de la comerciada. Mucha diversión al alcance de todos los bolsillos.

Esto nos hizo recordar la Feria Nacional de Primavera de Santiago Ixcuintla, que sigue durmiendo en sus laureles y al parecer volverá a resultar otro fracaso más en la –un día- brillante historia, gracias a la apatía de este nuevo edil al que le queda que ni pintado el alias del Cuervo de San Onofre por aquello de que solamente anduvo y anda de carbón en la parvada, aprovechándose del puesto para acarrear agua (billetes) a su propios molino.

Los taxistas arreglaron su lío con la Secretaría de Gobierno y después de unas horas de parlar al chilacate con los meros-meros, se acordó que no se les cambiarán los números a los automóviles –para empezar- y poner orden en otras peticiones que con atingencia se trataron. No fue movimiento político, señalaron.

Y Control señores Control a pesar de ser día entre-semana, Miércoles de Ceniza (día de acudir a que lo tiznen más que cualquier día de la semana en que trabaja el Molino de Menchaca) y fiesta de guardar. con atracón de la primera capirotada para el próximo viernes de supuesto ayuno Provecho.