Por: Miguel Ángel Labastida / El Canciller Kissinger

Este miércoles se cumplieron 17 años del asesinato del carismático candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta. Por tal motivo lo recordamos.

Son las 5:30 de la mañana del miércoles 23 de marzo de 1994. Una mañana regularmente fría. La primavera nos llegó hace 2 días. Enciendo el televisor y sintonizo el Canal de las Estrellas. Voy al baño. Regreso a la cama y sigo con atención el curso de las noticias. Me levanto de nuevo. Son las 6 con 10 minutos. Hago algo y sigo escuchando a Guillermo Ortega. Los minutos pasan. Me alisto para salir. Ya son las 7 con 20 minutos. Enciendo el auto y me encamino, como todos los días, al Café - Restauran El Tucán, dentro del Centro Comercial Californiano Palacio ( CCCP ) frente al Palacio de Gobierno, en La Paz, Baja California Sur.

Llegó a las 7:30. Compro 2 periódicos. Como es mi costumbre. Me siento en el mismo lugar de siempre. Al rato, comienzan a llegar los mismos cafetómanos consuetudinarios. La mañana sigue fresca y confortable. Los cafetómanos, entre políticos activos y en desgracia, así como algunos comunicadores, comentan la visita que hará esa misma mañana, el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta. El arribo al aeropuerto Manuel Márquez de León , está previsto para las 10:50.

El hijo pródigo de Magdalena de Kino, Sonora, había dormido la noche del 22 de marzo, en Culiacán, capital del Estado Mexicano de Sinaloa. A las 6:20 de la mañana del 23, caminó y trotó en un parque acompañado por la mayoría de los 18 alcaldes sinaloenses, y los diputados locales, así como con dirigentes del PRI de esa Entidad. A las 8:30 de la mañana se reúne en conocido hotel en un acto proselitista con los agricultores del Estado. El encuentro concluye y de allí se va al aeropuerto para tomar el avión y aterrizar, 40 minutos después, en el aeropuerto Internacional Manuel Márquez de León , de La Paz, a la hora señalada. Diez con 50 minutos. Ernesto Zedillo, el Jefe y Coordinador General de su campaña, no hace el viaje a La Paz. De Culiacán, vuela a la ciudad de México.

Colosio es recibido con júbilo por más de mil priístas. Se va directo al edificio del Comité Ejecutivo Estatal, ubicado, en ese entonces, en Licenciado Verdad y Degollado. Saluda a dirigentes y empleadas comunes. Las damas, lo abrasan, lo besan y lo estrujan. Lo mismo en el aeropuerto que en la sede del PRI-BCS. A una damita, de buen ver y de mejor tentar, (debe tener 40 años actualmente ) de 23 años de edad, empleada común, con aires de inmigrante irlandés, llamada Irene Trasviña se le prende al carismático candidato presidencial. Este, se quita el reloj y se lo regala. Incluso se lo coloca él mismo en su muñeca.

De allí, Luis Donaldo acude a visitar a dos periódicos a saludar al personal y a una radiodifusora, en donde contesta algunas preguntas. Luego monta una guardia de honor en La Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, a un costado del lugar donde encabezaría un mitin multitudinario, en donde estaban poco más de 5 mil priístas. En la explanada del Teatro de la Ciudad. Las damas, de todas las edades, no lo dejaban caminar y le gritaban de manera delirante, ¡ Chulosio ¡ ¡ Chulosio ¡ ¡ Chulosio ¡

Minutos antes de arribar al único acto masivo que realizó en La Paz, la actual Senadora del PT, (con Felipe Calderón Josefina Cota, entonces lideresa estatal de la CNC, aborda al Canciller Kissinger, autor de estas líneas. Quiero platicar contigo—dice—está bien, contesta éste. Usted diga donde y cuándo, le dije. Hoy mismo. A las 6 de la tarde. Te espero en mi oficina, me contestó. De acuerdo, asentí. Allí estaré, le dije y nos separamos entre la multitud. Ella iba a subir al templete de honor. Quería ser diputada federal. Yo trabajaba en Diario Peninsular. Era reportero y columnista. El acto duró una hora. De dos a tres de la tarde. Del templete, Colosio se dirige al aeropuerto y a su destino final. Sube en el avión presidencial, con destino a Tijuana. Antes de cerrar la puerta del avión, saluda a quienes fueron a despedirlo. Entre ellos estaba este servidor. Una hora quince minutos en el aire.

A las 6 de la tarde, tan puntual como un Lord Inglés, como es mi costumbre, estaba en el edificio de la CNC, en donde me esperaba Josefina Cota, actualmente Senadora. Conversamos durante 15 minutos. Nos despedimos afectuosamente. Enciendo el carro, y unas cuadras más adelante, un profesor, amigo mío, Julio Torres, me grita de su carro: ¡Mataron a Colosio¡ En vez de ir a donde me dirigía, me voy a casa a seguir la noticia por televisión. No sé ni cómo llegué. La tristeza, y el miedo, me invadió, desde el mismo momento en que aquella persona me dio la noticia de carro a carro. La conmoción y el estupor era generalizado en todos los rincones del país. Algo similar no ocurría desde aquella fatídica tarde de jueves 17 de julio de 1928, cuando fue asesinado a balazos el Presidente Electo de México, Álvaro Obregón Salido, también sonorense. A éste, lo mató José de León Toral, en el Restauran La Bombilla, en la colonia San Ángel, de la Delegación Coyoacán. Estaba comiendo con diputados guanajuatenses.

Talina Fernández (La Dama del buen Decir) dama de compañía de Diana Laura Riojas de Colosio ( + ) se comunicó, a las 9 de la noche con Jacobo Zabludovski, y le dice: Señor, el licenciado se nos ha ido. Pero cómo te atreves a decir eso Talina por favor, le dijo el prestigiado conductor de 24 Horas. Pues sí, señor, desgraciadamente así es volvió a revelar la mamá de Mariana Levy ( + ).

A las 10 de la noche con 10 minutos, del Distrito Federal, 9 con 10 minutos de La Paz, y 8 con 10 minutos de Tijuana, Liévano Sáenz, Vocero del Candidato Presidencial del PRI, anunciaba a nivel nacional la terrible noticia: amigos de la prensa, con pena y dolor, me permito comunicarles que a pesar de los esfuerzos realizados por la ciencia médica, el licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta, ha muerto. Fueron sus palabras.

Cómo, quién, dónde, a qué horas relacionadas con el crimen, todo mundo lo sabe. Colonia Lomas Taurinas, en Tijuana, Baja California Norte. Autor material; Mario Aburto Martínez. Un balazo mortal en la sien derecha. Al momento del impacto, Luis Donaldo falleció. Pero, se le estuvo dando largas al asunto.

Dos años después, en La Paz, Baja California Sur, conocí a Laura Elena Colosio. Su marido llegó como delegado de SECOFI. Ella, cobraba en SEDESOL. Conviví con ella dos años, tiempo en que permanecieron en aquel lugar. La conocí en un Grupo de Superación Personal. Por lo menos dos veces a la semana nos tomábamos un café. Su marido, que sabía de lo que conversábamos, en ocasiones la dejaba en el lugar. Otras veces era el chofer, a quién casi siempre le indicaba que se fuera. Le decía que yo, Miguel Ángel Labastida, El canciller Kissinger, la llevaría de regreso a su casa. A veces, el café nos lo tomábamos en su propia casa.

Este miércoles 23 de marzo, se cumplieron 17 años del brutal asesinato de aquel carismático candidato presidencial, que naciera el primer día de febrero de 1950. Vivió exactamente 44 años 51 días. El mismo Luis Donaldo, al que acompañé en un Jet de 6 plazas de la ciudad mexicana de Los Mochis, Sinaloa, al paradisíaco puerto de Mazatlán, en 1987, cuando era el delegado de la CNOP en esa Entidad. Recién llegado de Viena.

De las investigaciones de este abominable crimen, nada se supo. Todo fue puro cuento. Sobre la posibilidad de que alguien lo haya mandado asesinar, siguen las especulaciones. Saber con exactitud el autor intelectual, se afirma que ¡está pelón ¡

(Historiador y Analista de Política Nacional e Internacional) (cancillerkissinger@hotmail.com) (CELULAR: 311 138 87 02)