Por: José Miguel Cuevas Delgadillo
Esta es la última entrega de esta interesante conferencia de la abogada y activista de derechos humanos, Alma Gallardo. A todas las lectoras y lectores de este espacio, muchas gracias por su tiempo para leer estos artículos, espero haya cumplido el propósito de instruir, alertar y orientar. ¡Alza tu voz, no calles! La mujer que perdona, qué diferente es. Sabe hablar con ternura y amor a sus hijos. Le brota naturalmente un amor sincero. Es feliz, está llena de amor. Y cada día su amor crece para con los que le rodean. Quiero solamente aclarar. Que el perdón es una medicina para el alma. Es necesario perdonar. Y el hecho de perdonar no se opone, de ninguna manera, a hacer justicia. Perdonar te ayuda a ti, en lo personal, para que superes todos los traumas que has sufrido hasta hoy. Pero hacer justicia es otra cosa. Es tu sagrado deber como madre. Tus hijos esperan de ti que actúes con valentía. En otras palabras, es necesario hacer una cosa, sin dejar de hacer la otra. Vas a denunciar, sí, y vas a echarle todas las ganas al juicio o a los trámites legales que tengas que iniciar – si éste es tu caso-. Pero no vas a denunciar por odio, ni movida por sentimientos de rencor. Vas a denunciar por amor a tus hijos. Porque has comprendido que tus hijos son dignos de tu defensa. Y para que tengas amor, debes perdonar primero. O sea, tu corazón debe estar limpio de todo aquello que lo haya contaminado. Para que entonces, pueda llenarse de amor, de justicia, de valor y de confianza. Mujer, madre de familia que me escuchas, si eres víctima de violencia. Si tus hijos son víctimas de violencia, alza tu voz. No te calles ante la injusticia. Busca ayuda antes de que las cosas se pongan peor. Yo no creo que quieras seguir siendo infeliz el resto de tu vida.
La decisión es tuya. A continuación te invitamos a meditar en la siguiente reflexión: He vivido muchos años en congojas, en tristeza. Han corrido por mis ojos ríos de llanto y de vergüenza. En mi casa tristemente, he sido presa de violencia. Mi marido año tras año me ha humillado con vehemencia. Mis hijos hoy por hoy ni siquiera me respetan es mi culpa, yo lo sé, siempre han visto la violencia. He entendido que mi actuar no ha sido el ejemplar. Por años solapé injusticias en mi hogar. Como madre me olvidé de mi sagrado deber: Defender a mis hijos y saberlos comprender. Cuántas veces escuché a mi hijo con coraje, rogándole a su padre que dejara de golpearme. Mi hija hoy una joven, muchas veces me pidió denunciar a su papá que la agredía sin razón. ¡Cuánto lamento no haber actuado! ¡Cuántos años ya han pasado! Mi hijo en el alcohol, Mi hija ya abortó. Desesperada, quiero gritar. Mi alma no puede soportar más. ¡He estado ciega, yo idolatré a mi marido, sin entender! Él me humillaba, me lastimaba. Y a mis hijos los insultaba. Y yo callada, sin protestar, fui egoísta, no quise hablar. No denuncié, no defendí. Todo lo malo, lo consentí. Por cobardía no alcé mi voz; y hoy en mis hijos, pago el error. Dios me arrepiento, ¡dame tu perdón! Que en tu amor halle el valor para restaurar lo mucho que dañé para corregir lo mucho que torcí. Muchas mujeres lo han enfrentado. Hoy es mi turno, lo he comprendido: por mis hijos, por mi destino, voy a ser libre, lo he decidido. Si usted está interesado o interesada en recibir Orientación Psicológica póngase en contacto con un servidor al número de 2 13 26 34. Hasta la próxima. redescubriendo@hotmail.com