Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Con los resultados electorales en los que se alzó el PRI con la victoria, queda demostrado que siempre vale más perdonar que soltar la lengua a lo tarugo, y hoy estarán las huestes de los partidos apabullados llorando su derrota arrepentidos de haber lanzado tanta suciedad hacia las personas que representan nuestro gobierno y a los que compitieron contra ellos, dándoles una muestra de cultura y educación muy contundente.
Ahora, para redondear el triunfo y no dejar cola que les pisen, tiene que proceder a limpiar la basura que dejaron al paso de las campañas, despintar las bardas recoger pendones, espectaculares y demás huellas de su paso por el estado.
Y no se crea que esto será tarea fácil, porque ayer intentamos quitar uno de los 200 mil pendones que ondeaba como banderola en la esquina de cierto domicilio (porque ya estaba casi despegado de la base) y por más que lo jalamos y le buscamos quitarlo tuvimos que desistir de nuestro empeño, ya que estaba bien amarrado con alambre grueso y bien retorcido.
Enseguida nos pusimos a pensar en alguna función específica que le diéramos a estas fotografías plásticas, para aprovecharlas en algo positivo, como por ejemplo unirlas de alguna manera para que sirvieran de techo provisional protector de la lluvia en algún terreno sembrado, para evitar el ahogamiento de las semillas en proceso de crecimiento o la calcinación de las matas por exceso de los rayos del calcinante sol; también podrían aprovecharse para confeccionar sombrillas fijas a una estaca o hacer algún tipo de vestimenta para la gente pobre que guste de encasquetarse prendas de estilo Linea H, o algo parecido.
Porque no consideramos justo que se arranquen, se hagan bolas y se tiren a la basura para evitar que sigan pendiendo de los lugares en que fueron colgadas para una labor rápida y muy cara para nuestro pueblo, de proselitismo político.
Por otra parte, varios vecinos de las diferentes poblaciones nayaritas, de ésos que de todo hacen escándalo, nos pidieron que sean quemadas en montón para evitar que algún candidato optimista (de los que perdieron pero que barruntan que la harán en la siguiente contienda) las trate de aprovechar dentro de tres o seis años para otra campaña, porque alegan que estos períodos pasan muy aprisa y tendrían oportunidad de ahorrarse (o clavarse, según el cristal con que se mire) una buena feria.
Además se reservaría un buen espacio en los basurónes de las diferentes poblaciones (que están sobrecargados) si estos sobrantes de campaña fueran convertidos en cenizas, antes de tener ese destino final.
Ahora que Control señores Control Podría convocarse a un concurso popular para ofrecer una casa de premio a aquel que le de un mejor destino a la basura electoral –con permiso (por supuesto), de las autoridades federales y estatales electoreras-, de esta manera de ayudaría a la ciudadanía y se ayudaría a la limpieza de nuestras poblaciones Salvo su mejor opinión