Juan Fregoso
*El nuevo perfil del político del siglo XXI
*Marcelo Ebrard rivaliza en apostura con Enrique Peña Nieto
*El perredista se liga a su Gaviota, para estar parejo con su principal adversario
*La sucesión presidencial tiene visos de un concurso de belleza masculina
*Los ideales se están yendo al desván de los trebejos del cesto de lo inoperante
El próximo proceso electoral federal para elegir al nuevo presidente de la República, así como la renovación del Congreso de la Unión, más que una contienda política tiene visos de un concurso de belleza, para elegir a miss universo y no al candidato a la primera magistratura.
En efecto, las estrategias políticas han dado un vuelco sorprendente. Hoy, los políticos que aspiran a regir los destinos del país ya ni se preocupan por ofertar a la ciudadanía un discurso propositivo, por la construcción de un proyecto de trabajo que plantee la solución de las muchas demandas del pueblo mexicano; las ideologías ya no existen, se perdieron en el camino de la egolatría o del narcisismo, se fueron al desván de los trebejos de lo inoperante y lo que hoy predomina es un excesivo culto a la personalidad, a la belleza masculina.
En este escenario vemos al Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard Casaubón, aspirante a la presidencia de la República por el Partido de la Revolución Democrática, en los comicios del año entrante. Ebrard Casaubón, queriendo competir en sex-appeal con su más cercano contrincante del PRI, Enrique Peña Nieto, quien para las damas es todo un Rodolfo Valentino, lo que le ha hecho ganar un lugar en el universo femenino, que ya lo considera como el próximo mandatario, sin detenerse siquiera en analizar su obra como gobernador del estado de México, para hacerlo merecedor de ocupar el cargo más alto a que pudiera aspirar cualquier ciudadano, así sea más feo que aquel cantante de los ochenta’s, conocido como Juanello.
Actualmente, poco importa el aspecto intelectual, la aptitud, la capacidad para gobernar un país inmerso en una crisis espantosa, donde la economía se encuentra por los suelos; un país con un alto porcentaje de desempleo y, además, atrapado en un torbellino violento, que por lo que se ve, no tiene para cuando, ya que a pesar de la versiones oficialistas la violencia se agudiza cada día más. ¿Y qué hacen los políticos por estos problemas?, ¡nada!, no les interesa en lo más mínimo, porque ellos y sus familias están blindados con un cuerpo de guaruras que garantizan su seguridad personal, mientras que Juan Pueblo está expuesto a ser objeto de cualquier atraco, tanto en su domicilio como en las calles. ¡Cuánta diferencia!
Siguiendo estas coordenadas llegamos al punto medular de este asunto, el cual nos permite establecer el nuevo perfil del político del siglo XXI. Este nuevo político, que en nada se parece al tristemente célebre presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, cuya fealdad—diría Friedrich Nietzsche—sería una ofensa, no para los mexicanos, sino para los griegos, que aman la belleza, la estética. En este contexto, si en estos tiempos, Gustavo Díaz Ordaz hubiera buscado la Primera Magistratura, este columnista está convencido que no ganaría ni siquiera las internas de su partido, ya que la naturaleza no fue muy generosa con él. Y en estos tiempos de frivolidad, en donde la apariencia física es la que cuenta, más que el talento, sobre todo para las mujeres, Díaz Ordaz hubiera sido repudiado, quizá más que por la matanza de Tlatelolco en el ya lejano 1968.
El político de hoy, más que inteligente tiene que ser bello, al grado de rivalizar en este aspecto con las propias mujeres. En esta época todo o casi todo es permisible, por eso don Marcelo Ebrard Casaubón, en el ánimo de proyectar una imagen seductora y juvenil, acaba de inyectarse botox en el rostro, además de injertarse pelo para disimular la calvicie. Y emulando a Peña Nieto, quien logró conquistar a la popular actriz Angélica Rivera, mejor conocida como La Gaviota, el perredista no quiso quedarse a la zaga y, tras dos divorcios, enganchó gracias al poder político y económico que tiene, a la hondureña Rosalinda Bueso Asfura, una barbie de carne y hueso. Esa es la tendencia de los políticos de ahora, que en vez de afilar la inteligencia que les permita conducir los destinos del país, se preocupan más por el cuidado de su físico, que dicho sea de paso, no está mal, pero todo extremo tiene sus consecuencias.
En su afán de convertirse en un Adonis, para ganarse la simpatía de las hembras, don Marcelo Ebrard parece haber caído en el terreno del metro sexualismo, pues con tal de afianzarse en las preferencias del electorado, en los comicios federales que arrancarán tentativamente en octubre del próximo año, también se vio en la necesidad de ligarse a una belleza de mujer, a la cual casi le dobla la edad. Sin embargo, huelga decir que la hondureña sólo vendría a ser una especie de talismán para conseguir sus propósitos presidenciales. Por lo que no es arriesgado suponer que, que si el perredista llegara a ganar la presidencia de la República, se deshaga de su amor platónico, tal y como ya lo ha hecho con otras. Ese es el estilo del Jefe capitalino, un estilo que demuestra su inmadurez emocional y quizá otros aspectos de su vida personal.
Pero por lo pronto, Marcelo Ebrard ya puede decirle al priísta Enrique Peña Nieto; ya estamos parejos, a ver de cuál cuero salen más correas. Sólo que el mexiquense, que se sepa, no ha recurrido a los trucos femeninos para crearse una cara bonita, para ganarse el favor de los votantes en las elecciones de 2012, si es que resulta postulado como candidato. Peña Nieto le apuesta a su oficio político, lo contrario de su adversario, quien para conquistar la voluntad del electorado potencial se ha fabricado un nuevo talante. Además, para atraer la atención, don Marcelo Ebrard, como una medida mediática, se exhibe por dondequiera con la escultural Rosalinda Bueso: El amuleto de su buena suerte.
Empero, el PRD está tan desgastado por sus propias tribus que difícilmente podrá situarse a la altura del Partido Revolucionario Institucional, el cual gracias a los fracasos que ha sufrido, al grado de perder la presidencia de la República en dos ocasiones, le ha permitido cohesionarse, unificarse y fortalecerse para recuperar Los Pinos, lo que es prácticamente un hecho, sobre todo, ahora que el gobierno calderonista ha caído en el mayor descrédito, como consecuencia de su guerra antinarco, en la cual han perecido muchos inocentes. El caso más emblemático de la política criminal implementada por Felipe Calderón, lo acabamos de ver en el estado de Nuevo León, en el Casino Royale, en donde perdieron la vida más de cincuenta personas, en su mayoría mujeres que ahí trabajaban. Así, tanto el PAN como el PRD se encuentran sumamente debilitados, mientras que el PRI se ha visto fortalecido, proyectándose como el más seguro ganador en la justa de 2012.
En este contexto, el verdadero adversario de Enrique Peña Nieto se encuentra paradójicamente al interior del PRI, y se llama Manlio Fabio Beltrones Rivera, un político de vasta experiencia, comparado con la breve academia política del gobernador mexiquense, quien sólo tiene en su hoja de servicios el haber sido diputado local y el cargo que hoy ostenta. Mas no se puede soslayar que la fuerza de Peña Nieto radica en la influencia del ex presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, el cual sigue maniobrando los hilos del poder en México. Salinas, es el padre putativo de Enrique Peña Nieto, y del ex mandatario depende el futuro del gobernador del estado de México.
Así pues, el aspirante perredista ni con su nuevo look ni con su Venus hondureña, la tiene fácil. Marcelo Ebradad está equivocado en su estrategia de origen cosmética, ésta no es garantía de triunfo y sí de irónicos comentarios entre la clase política, incluso entre la ciudadanía. El Jefe capitalino debería preocuparse más en la pureza y en lo estético de sus ideas, en la benevolencia y viabilidad de su proyecto político, más que en lucir un rostro impecable, porque no se va a participar en un casting para seleccionar al mejor galán para protagonizar una telenovela rosa, de esas que enternecen a las mujeres y que produce con tanto éxito ese monstruo llamado Televisa.
Aquí, se trata de competir en una batalla política en donde las tesis que propongan cada uno de los diferentes candidatos tendrán un papel predominante para conquistar el mercado electoral, no estamos pues, frente a un concurso de belleza, por más que lo parezca, porque el cetro que está disputa es la presidencia de la República y ésta sólo la ganará aquel que presente el mejor proyecto político para el país; un país deshecho por la insensibilidad de un gobierno que se ha empeñado en convertirlo en una cruzada supuestamente contra el crimen organizado.
Desde luego, que en esta columna no tratamos de hacer una apología del delito, somos los primeros en reprobar la violencia, pero lo que aquí se cuestiona son los métodos implementados para abatirla por un presidente soberbio, que no ve, que no siente, que no escucha las voces de millones de mexicanos, como la del escritor Javier Sicilia, quien le ha dado la pauta a seguir a Felipe Calderón para detener la escalada de crímenes. En resumen, el próximo presidente recibirá un país destrozado moralmente, desarticulado en su tejido social, estará pues, obligado a la recomposición integral de México, y para ello los mexicanos necesitan a un político-político, inteligente, con oficio, con mucha capacidad de concertación para salvar, aún se puede, a un pueblo que ha caído en las garras de la delincuencia. Los galanes que se dediquen a realizar churros telenovelescos, a conquistar el corazón de las amas de casa, porque el corazón de México, requiere de la atención de un cardiólogo político, capaz de prevenir un colapso en todo el cuerpo social.