Por: José Miguel Anaya Sáinz
Zapopan, Jalisco, México
Sabemos bien, que uno de los ingresos en dólares más importantes de México son las remesas, generando alrededor del 2.5% del Producto Interno Bruto. Sin embargo, muchos de nosotros nos preguntamos y ¿Qué pasa con ese dinero?, pues bien, es entonces cuando descubrimos que las remesas no son invertidas por quienes las reciben en tratar de construir un patrimonio, un futuro, una fortificación para sus vida, al contrario, ese dinero se ve distribuido en uno de principales problemas para nuestro bolsillos, un monstruo que no deja de ver mas que para sus propios intereses, un monstruo que imposibilita al ser humano a crecer y lo va hundiendo más y más en su terrible apatía, un monstruo que permite que México siga siendo un país tercermundista, este monstruo es, El consumismo.
El consumismo inquieta y hace a la gente víctimas del mismo. Esto me hace pensar en que en verdad no somos tan libres como pensamos, al contrario, somos esclavos de nuestros propios deseos insaciables. Quizá sería justo no mencionar las consecuencias en la víctima, que es también la causante del problema. Las personas que se ven afectadas por este monstruo, luchan por sobrevivir día a día, que de seguir así habrá perdido la capacidad de resistir y sostenerse.
El primer deseo del consumismo es tener cosas nuevas, pero, ¿La gente se ha dado cuenta de que son parte de un sistema prediseñado? Quizás esto sorprenda, ya que seguramente a nadie le preguntaron si quería ser parte del sistema y sin embargo lo es y menos hablando de personas marginadas que con trabajos luchan por vivir día a día. El consumismo llegó a ser parte de nosotros desde el momento en que la gente comenzó a comprar la ropa de bebé más codiciada del mercado o quizás aún antes.
Entiéndase como sistema prediseñado a una estrategia económica, implantada en una época pasada, dentro del capitalismo que se basó en la publicidad masiva para incitar más a la gente a consumir y así re-activar la economía de Estados Unidos.
Este sistema, fue adoptado por las demás sociedades y lo podemos seguir observando en cada rincón que se pueda ver, dentro o fuera de nuestras casas, en las oficinas, en las escuelas, en las instituciones gubernamentales y en general en todo el país, convirtiéndose en un estilo de vida para todos nosotros. Es común, entonces, que la gente siga un patrón y estilo de vida para poder alimentar a este monstruo insaciable; las personas comienzan su día, algunos trabajan, ganan dinero o se los envían desde Estados Unidos para después gastarlo, siendo entonces qué, cuando llegan a su casa se ponen a ver televisión (televisión que fue comprada con dinero que mandó algún familiar o algún amigo desde Estados Unidos) y ésta, le dice a la gente que tiene que volver a salir a comprar y gastar. De tal manera que se ven atrapados en un ciclo interminable de comprar para mejorar su felicidad. Pero el inicio del consumismo quizá no comienza ahí. Viendo un poco más atrás en la historia, con el descubrimiento del aprovechamiento del petróleo (principal fuente de ingresos en dólares a México) el hombre se liberó del trabajo de la tierra y gracias a esto algunos de nosotros hemos conocido el extremo y adictivo confort. Por ejemplo; las máquinas quitan el trabajo de los hombres. El petróleo nos provee de un confort inesperado, pero hace que nuestro modelo de vida sea completamente dependiente del mismo.
Se ha hecho creer que el valor de las personas está medido por cuanto consuman. Esto es sumamente evidente pero la gente prefiere no verlo, y lo demuestran al dejarse hacerse sentir menos dichosos por usar objetos que sí sirven pero no están anunciados en la televisión. Se está hablando de que la publicidad es un factor importantísimo en el gran mundo del consumismo. A todo esto se le llama obsolencia percibida; es cuando tú mismo crees que lo que usas ya no incrementa tu valor como persona y se vuelve obsoleto. Por si esto no fuera poco, todo lo que es moda, pasa de moda, y esa facilidad para no permanecer es lo que define el auténtico proceso del consumismo.
Las marcas prestigiadas se basan en diferentes estrategias para que sus productos sigan cambiando. Por ejemplo; hace poco se desató un rumor sobre que los encargados de la moda estaban preocupados por el calentamiento global y el cambio climático, sin embargo, son puras falacias, no es que sean ambientalistas, es porque es probable que pronto ya no existan las cuatro estaciones del año, si no sólo dos o una y esto les afectaría ya que en cada estación del año se establece una moda diferente. Al haber menos estaciones también tendría que haber menos tendencias y por ende al haber menos tendencias habría menos consumismo y así las personas podrían tener un poco más de responsabilidad y así ahorrar ese dinero que van a alimentar al consumismo.
El segundo deseo del consumismo es el de ser aceptado. Esta inquietud nos habla de cómo el ser humano siempre ha querido formar un sentido de pertenencia, ya sea a un grupo social o económico o en si al grupo del cual quiere sentirse parte. El mundo del consumismo es un medio por el cual te puede hacer sentir parte del grupo más codiciado.
Sin embargo, retomando el tema de la publicidad. La publicidad informa al consumidor sobre los beneficios de un determinado producto o servicio, resaltando la diferenciación por sobre otras marcas. Existe el peligro de sucumbir a la sutil presión de la publicidad y por tal motivo, las personas de menores recursos que se ven beneficiados con el dinero que envían sus familiares, son las personas que más se ven afectadas, pero eso no quita que nosotros seamos libres de este acontecimiento global. Las grandes marcas gastan millones de dólares en promocionar sus productos, a menudo tratan de proyectar un estilo de vida muy cómodo o un beneficio que supuestamente adquieren sólo las personas que usan su marca. La carga simbólica en material del erotismo, autoestima, seguridad y relaciones de poder de estos mensajes suelen tener un poderoso efecto, el cual está a la vista de todos nosotros.
Englobando el tema se podría decir que el maravilloso mundo del consumismo no es tan maravilloso después de todo. Éste ofrece un pastel increíblemente adornado y atractivo, que cualquiera moriría por comer, pero no especifica lo poco nutritivo que es y lo artificial de sus ingredientes. Alrededor del consumismo se encuentran; injusticias laborales, ineficacia de productos, publicidad excesiva, baja autoestima, trastornos alimenticios, contaminación del agua, de la tierra y del aire, deforestación, agotamiento de recursos naturales, y el factor más importante del cuál no nos deberíamos de sentir nada orgullosos y que deberíamos de considerarlo a la hora de invertir un peso, peso que ganaste con el sudor de tu frente, o tal vez con humillaciones, este factor es una esclavitud por el sentido de pertenencia. Nuestra forma de desarrollo no ha cumplido sus promesas. ¿Somos tan libres como pensamos?
Comprar con libertad es la acción que hace el consumidor responsable, el cual evalúa con la razón y corazón si es o no prudente comprar y qué comprar, con datos sobre el producto y quién lo produce puede ampliar su panorama y ser consiente de las repercusiones que creará al compra lo que compra, no sólo en el exterior si no también en su persona. Es aquí entonces cuando las personas de más bajos recursos podrían educarse y en vez de invertir el dinero que con trabajos recibe, tenga el valor y la razón de decir: ¡No lo necesito!, ¿Para qué gastar en este producto, siendo que puedo invertir en este negocio? Etc.
La libertad está en elegir conscientemente sobre las opciones, sin olvidar que una opción es; no elegir y no comprar. Cambiar nuestros hábitos de consumo nos dará más libertad, cuidarán mejor nuestra economía y repercutirá menos en nuestro bolsillo. Por ello la educación y el apoyo al los cambios de habito deben ser una tendencia fuerte en nuestra generación, no hacia el beneficio de uno pocos, refiriéndose a los empresarios; sino de las mayorías, como la sociedad mexicana. La cual puede hacerse consiente que está siendo parte de un juego y de ahí elegir cómo quiere jugarlo, de manera responsable o lo contrario. Si se tiene la información y la capacidad de elegir responsablemente, entonces si se es más libre.
Hay gente trabajando y luchando en pro de su calidad de vida. Personas justas y consumidores consientes. No es descabellado ni idealista pensar así. Este sistema fue diseñado y adoptado, así que también puede ser desechado. Basta con poner un alto y pensar en un sistema sustentable, redondo que no rompa con el ciclo de una mejor economía y consumismo.