uBertha Rodríguez, la diputada de piedra
uLa Zarina de la tortilla llegó al poder gracias al dedo divino
uGanó en Huajicori sin hacer campaña, ¡increíble pero cierto!
uNi los acaponetenses ni los huajicorenses le merecen unas oficinas de gestoría
uPero sigue albergando la esperanza de ser presidenta municipal de Acaponeta

Por: Juan Fregoso.- Durante mucho tiempo el sueño dorado de Bertha Rodríguez Reynaga, radicó en ser presidenta municipal, sin embargo, por alguna razón, su partido político, el PRI, la mantuvo relegada, ninguneada, pero gracias a su perseverancia y sobre todo al empujón que le dio el ex gobernador, Ney González Sánchez, logró la diputación por el XVIII distrito electoral: consiguió por fin, escalar un peldaño en la pirámide del poder, y con ello, realizó una ecuación elemental, pues su meta era justamente conjugar el poder económico con el político.

La actual diputada tardó en llegar a cristalizar sus ambiciones oníricas, por una razón muy simple: la fama de que goza entre los acaponetenses es pésima, desastrosa, porque es una persona anticarismática y vulgar. Dueña de un lenguaje ramplón, impropio de una dama, Bertha Rodríguez se ganó a pulso el mote de la dama del buen decir, para indicar precisamente lo contrario: la señora no tiene una pizca de cultura, por lo que los buenos modales, las reglas de etiqueta que impone la sociedad, no las conoce en lo más mínimo, con todo, Rodríguez Reynaga hoy es toda una diputadaza de lujo para orgullo de La Atenas Nayarita.

Bertha Rodríguez, tiene otra característica muy marcada y conocida por toda la ciudadanía; como empresaria, abusa de sus trabajadores, a quienes les paga salarios de hambre; la jornada laboral de sus empleados comienza desde muy temprano, y termina hasta las nueve o diez de la noche, por si fuera poco no les dá seguro social, en consecuencia, cuando los obreros tienen algún problema de salud se ven obligados a pagar los servicios médicos particulares, y todo esto con el raquítico sueldo que les paga. Y pobre de aquel trabajador que se queje, inmediatamente lo despide sin darle la indemnización correspondiente como lo establece la ley.

Este es solamente un bosquejo de la personalidad egocéntrica de la flamante legisladora, que finalmente ocupa una butaca en la Cámara de Diputados, aunque no para servir a sus representados sino para servirse de ellos e incrementar su fortuna, que por cierto, hizo cuando fue tesorera municipal en el período del extinto Porfirio Vázquez Cosío: esta es la diputada con que cuenta el pueblo de Acaponeta y Huajicori; la sensibilidad que aparentaba para ganarse la confianza de la gente, se desvaneció como el humo en el aire, ya que tan luego ascendió al Olimpo de los dioses de barro, se enfundó en el traje que viste la aristocracia más rancia—aunque la diputada no tiene nada de aristócrata—porque es una mujer insulsa y banal.

Pero, el punto fino del asunto radica en cómo ganó esta señora la diputación, siendo una persona mediocre, corta de entendederas, como así lo demuestran los frívolos discursos—si se pudieran llamar discursos—que pronunció en su opaca campaña proselitista. Reconocer que el voto ciudadano la colocó en la tribuna más alta del estado, es hacer gala de una estulticia que ofende hasta a un niño de kínder, por lo tanto, la lógica nos dice que Bertha Rodríguez, llegó al poder con la fuerza del índice del ex gobernador, con quien sostenía fuertes vínculos de amistad, amistad que finalmente rindió frutos, tras un largo peregrinar de la hoy diputada.

Sólo así se explica que la Zarina de la tortilla haya ganado la elección, tanto en el municipio de Acaponeta como en el de Huajicori, en donde ni siquiera realizó un mitin político; jamás recorrió la inhóspita sierra huajicorense para dar a conocer su proyecto de trabajo, mucho menos para conocer las necesidades de los pueblos indígenas, esos que se encuentran marginados, olvidados por la casta dorada que nos ha gobernado, la misma que los convierte en narcotraficantes al no brindarles las oportunidades a que tienen derecho.

Pero mientras esas gentes se debaten en la miseria, Bertha Rodríguez vive en la opulencia más insultante, y para ella vale más un perro que un pobre indígena, ahí está como muestra de ello, que en la parte superior de su residencia construyó un cuarto especial para el resguardo de sus canes, mientras que para los acaponetenses ni para los huajicorenses, la excelsa diputada ha puesto una oficina de gestoría para atenderlos, si acaso, simula atenderlos en su casa, en donde nunca está, en donde nunca la encuentran, por la sencilla razón de que se esconde, rehuyendo sus responsabilidades.

Así, podemos colegir, que el XVIII distrito electoral, al cual se debe esta señora, no cuenta con una diputada que los ayude a gestionar los problemas que necesitan plantearle y resolvérselos. Por eso, la sabiduría popular, le ha endosado el bien merecido remoquete de la diputada de piedra, la diputada invisible, que sólo se deja ver en actos ceremoniales, con lo cual exhibe su predilección por las candilejas, puesto que no descarta la posibilidad de suceder en el trono a Efraín Arellano, sobre todo, con los méritos que ya está haciendo.