Por: Juan Fregoso.- El licenciado, Octavio Astorga Mendoza, es otro político más que se apunta para la diputación por el 1º Distrito Electoral, ya que considera tener las tablas suficientes para competir con verdaderos gallones como el ex diputado Manuel Narváez Robles, Lucas Vallarta Chan, el doctor Andrés Bogarín, entre otros calenturientos, que no saben más que vivir de la polaca.
En efecto, entre la gente se escucha fuerte el rumor de que Octavio Astorga anda cabildeando para conseguir la postulación como candidato a diputado federal, pues este reconocido abogado considera que su sólida preparación académica constituye su principal capital político para acceder a una curul en el Congreso de la Unión.
Con una larga trayectoria en la administración pública, en donde se ha desempeñado como secretario de Gobierno en varias ocasiones, así como Jefe de la Oficina de Enlace de la Secretaría de Relaciones Exteriores, asesor jurídico del entonces diputado, Efraín Arellano Núñez, además de haber sido un aguerrido líder estudiantil, prácticamente desde la primaria, según refirió alguna vez, este abogado postulante tiene sobrados méritos para llegar y sentarse en la Cámara Baja, allá en San Lázaro.
El Tavo, además de ser un brillante litigante tiene la virtud de conocer ampliamente los problemas de los campesinos, los cuales indiscutiblemente no dudarían un instante en darle su respaldo para que éste logre sus propósitos. Por si fuera poco, cuenta con el respaldo de la ciudadanía acaponetense, la que ha sido testigo de su pulcra actuación en todos los cargos públicos que ha tenido.
Por supuesto que como buen mexicano tiene todo el derecho de aspirar a un cargo de esta envergadura, sólo que tendrá que trabajar duro y macizo para colocarse por encima de los otros pretensos, curtidos y recurtidos en las lizas políticas, amén de ser maestros en la transas, en las zancadillas y en toda suerte de artimañas.
Con esta miríada de políticos marrulleros tendría que enfrentarse el Tavo Astorga, si de veras busca la diputación federal, desde luego, que ante tipo de adversarios, nuestro dilecto amigo se asemeja a un chiquillo, como diría el guasón del ex presidente Vicente Fox. Pero, caramba, que nadie se atreva a quitarle sus intenciones; el muchacho tiene lo suyo, ni duda cabe, por lo que este humilde escribano votaría por él con los ojos cerrados. Po’s que chingaos, luego pa que son los amigos, ¿verdad Tavo?
Y bueno, si a nuestro bonachón camarada ya se le metió el gusano de ser diputado federal, po’s que se aviente al ruedo, porque es aquí donde se dará cuenta si realmente tiene la estatura moral y política y la simpatía de sus amigos, para llegar al Olimpo de los diosecillos que se encargan de cocinar con la cuchara de la demagogia las acedas leyes que nos rigen, y las cuales—se supone—que él conoce al dedillo. ¡Suerte, mataor!