* Sugieren a quienes se inician en el oficio tomar precauciones, como esperar un tiempo prudente antes de arribar a la zona de peligro.
* Esto ya no es ganar primicias, coinciden.

Por Óscar Verdín Camacho


Al mediodía del uno de agosto del 2010, un reportero que ha cubierto muchos de los casos de violencia en Tepic arribó a la colonia 2 de Agosto para recabar datos sobre la suspensión de las fiestas de aniversario, debido a la ola de criminalidad.

Su automóvil lo dejó en un autolavado, mientras él recorría las calles, cámara en mano y un radio colgando del pantalónlo que representó un grave error.

Rato después, cuando regresó a recoger el carro le extrañó ver que el autolavado estaba prácticamente cerrado. Al ingresar, se dio cuenta que en la parte del fondo estaban tres desconocidos, uno de los cuales lo saludó.

- Quiúbole –le respondió el reportero-.

- Compa, venga para acá. ¡Identifícate! -le exigió uno de los individuos-. El reportero observó entonces que los sujetos portaban armas largas y acató la orden. Sintió miedo. Mostró su credencial y, satisfechos al corroborar la identidad y el medio para el que trabaja, le permitieron salir del negocio.

Al retirarse, uno de ellos le hizo una seña: un dedo en la boca, verticalmente.

*

- ¡Aguas, cabrón! –le gritó un soldado a un reportero, parándolo al seco, porque estaba a punto de pisar una granada, dejada en el bulevar Colosio después de un enfrentamiento entre civiles.

Esa tarde, cuenta, viajaba en un automóvil en compañía de su esposa cuando se produjo el tiroteo y apenas pudieron llegar a una taquería, en la cual se ocultaron. Minutos después, él regresó a la escena. Afirma haber visto cuando varios sujetos seguían disparando contra los caídos, e incluso cuando muchos jóvenes de la zona protagonizaron actos de rapiña en los vehículos baleados, puesto que la policía tardó más de media hora en llegar.

*

Como a la una de la madrugada, una amiga le habló por teléfono para avisarle: en ese momento ocurría un tiroteo. El reportero se puso de pie, localizó a un compañero de oficio y en breve se dirigieron al lugar anunciado, a bordo de una motocicleta.

Suponía que encontrarían el lugar rápido, guiándose por el sonido de las patrullas pero no había una sola. Nada.

Vimos correr a dos tipos y los seguimos unas cuadras hasta que pensamos que quizás eran sicarios; encontramos camionetas abiertas y con balazos, había un hombre tirado, moribundo. Yo hablé a la policía pero tardaron más de una hora en llegar; nosotros ahí nos quedamos, algunas gentes de la colonia sí se asomaron de sus casas. Después llegaron varios hombres en una camioneta y gritaban un nombre, lo buscaron un rato, dieron varias vueltas hasta que se fueron. Cuando llegó la policía, el herido ya había muerto.

*

- ¡Párense, cabrones!, ¿quiénes son ustedes? –les marcaron el alto un grupo de policías, cuando tres reporteros arribaron a la colonia Gobernadores, minutos después de un enfrentamiento.

Y aunque se identificaron plenamente, los agentes se asomaron al interior del auto para confirmar que no había armas.

*

Una tarde, cubrían un suceso de violencia en la colonia Los Fresnos cuando hubo nerviosismo entre los policías y elementos del Ejército. Un agente avisó a todos: ¡váyanse!, y es que un grupo de sujetos amenazó con volver y atacar.

En breve, todo mundo se alejó. Uno de los reporteros afirma que, efectivamente, a unas dos cuadras del lugar se topó con una camioneta donde iban individuos con armas largas plenamente visibles.

*

Este jueves, tres reporteros que han cubierto cientos de casos de violencia, tan sólo entre 2010 y 2011, contaron algunas de sus anécdotas, pero además revelan medidas de precaución que han tomado con el paso del tiempo.

Coinciden, por ejemplo, que actualmente cubrir una información en la noche o madrugada es sumamente riesgoso. Los narcos están dejando granadas y cualquiera puede pisarlas y hacerlas estallar. Yo ya no salgo en la noche, indica uno de ellos.

Otro agrega que a altas horas de la noche sólo va si el tiroteo ocurrió en la zona centro o colonias cercanas, pero no si sucede a las orillas de Tepic.

Y el tercero señala que él sigue yendo a todas. Este último, por cierto, es el único de los tres que no está dado de alta en el Seguro Social.

Aunque laboran para distintos medios, mantienen una comunicación constante o en ocasiones acuden juntos a las escenas de tiroteos.

Afirman que a estas alturas, cuando ocurre un enfrentamiento, toman más precaución que antes, cuando se adentraban a la zona en peligro tan pronto como sabían de ello.

Yo ahorita me tomo mínimo una media hora de tiempo. Me acerco hasta que sé que ya está segura la zona, cuando ya está ahí la policía o el Ejército, indica uno de los reporteros.

Otro, apunta: esto ya no es ganar primicias, no ganas nada y nadie te lo agradece.

El tercero añade que en ocasiones sus respectivos jefes han protagonizado diferencias, riñas, pero ellos han mantenido una buena relación, apoyándose mutuamente.

Los tres reporteros que acuden a estos eventos no firman sus notas. En la redacción no mencionamos a los grupos que están peleando, tapamos el rostro de policías, de los muertitos, no citamos los narco mensajes. Simplemente es lo que ocurrió y ya.

Dos de los reporteros usan chalecos con la leyenda PRENSA en la espalda para ser identificados como tales. El tercero dice que lo que consiguió fue un chaleco antibalas, pero no lo usa porque está muy pesado.

Observan con preocupación que actualmente, con las redes sociales de moda, muchos jóvenes están cubriendo sucesos violentos pero sin tomar medidas de seguridad. Les sugieren, principalmente, esperar un tiempo prudente antes de arribar a una zona de riesgo.

Está muy peligroso, esto no es una guerra entre reporteros para ganar una nota.

Uno de los reporteros indica que lo más le duele es cuando las víctimas son inocentes y sobre todo si se trata de niños. Me siento con impotencia, con mucho coraje.

Los tres coincidieron en que ahora la policía sí se presenta de manera rápida a los lugares donde hubo balaceras, a diferencia de lo que sucedía hace unos meses.