Por: José Ma. Narváez Ramírez.
En Santiago (en aquellos tiempos de auge), había pocos mariguanos y muy contados fumadores de opio, que en su mayoría eran orientales; pudiera haber algún aficionado a la cocaína, pero muy tapadón, y los homosexuales y las lesbianas, eran muy contados.
Entre los borrachitos más famosos de los años cuarentas, destacaban: El Barraguz, El Gapo y El Gorila (ya después hablaremos de las vidas y peripecias de estos simpáticos y alegres bebedores; entre las señoras leocadias estaban Doña Lupe, la de los gatos y Eloisa (doñadaleunbeso), eran dos de las más conocidas indigentes que deambulaban por toda la ciudad, solicitando una ayuda por caridad de Dios.
Y vienen a cuento estos recuerdos desperdigados, porque Santiago, empezó por ese tiempo a destacar como un emporio tabaquero y los agricultores –principalmente los sembradores de la solanácea- se daban el lujo de prender los cigarros con billetes de a cincuenta pesos (claro que no todos, ya que había algunos que los encendían con papeles de a cien varos).
Los campesinos tuvieron su época de oro, por eso don Enrique Vargas, (periodista santiagueño, compositor y bohemio) bautizó al municipio como la Costa de Oro –que así titulaba su columna-, porque todo lo que tocaban los tabaqueros lo convertían en el aurífero metal, lástima que la mayor parte del dinero lo gastaban en alcohol y cerveza, haciendo multimillonarios a los vendedores de pisto y chéve, sin contar a los agiotistas y a los comerciantes de refacciones y tractores, derivados del petróleo y lenones y yerberos.
La Orquesta Hermanos Altamirano, era muy especial, porque los que la componían tenían lazos consanguíneos entre ellos y la mayoría fueron extraordinarios intérpretes de sus instrumentos. Llegaron del sur de la entidad, para quedarse con nosotros y formar familias muy estimadas. Tocaban en todas la principales fiestas, alternado en las de Primavera, con la de Pérez Prado, Pablo Beltrán Ruiz, Luis Alcaraz, Los Violines de Villa Fontana, por citar algunas cuantas de las más famosas en México. En ese tiempo vino Cantinflas al Cinema Ideal y al Casino de Santiago, que regenteaba exitosamente don Manuel Robles Sánchez, y era el mejor centro de recreación del norte del estado; El Coro de Madrigalistas, Claudio Estrada, Los Tres Ases, El Chicote, Tony Aguilar, Lalo González El Piporro, David Reynoso y los artistas y mejores matadores de toros de aquellos días; ya que aquí en Santiago se escenificó la primera corrida nocturna, a nivel República. También participaban tocando en las procesiones de la Feria de Primavera, sin faltar en la zona roja.
Antes de ésta bella época hubo fábricas de cigarros (mi abuelo don José María Narváez Labastida y don Rafael Valdivia, fueron los fundadores de esta empresa que operaba en mi casa de la Allende y Parroquia); una fábrica de algodón y un chacuaco, que estaban por el rumbo del Jardín Juárez, por donde vivía el célebre personaje don Adón Marrujo, cerca del barrio de la flauta por la Degollado. (Aquí vivió el Profesor Ibarra, don Enrique Rodríguez Llanos, su esposa doña María y otros distinguidos santiagoixcuintlenses) y hubo en la zona céntrica una fábrica de jabón, de don Jara Carral
Los Escuadrones, que integró el Ejército en los albores de los años cuarentas, fueron comandados por don Leones Rodríguez Paillaud, don Manuel Narváez Ávalos y don José María Narváez Madrigal, formados por pura gente del municipio, de diferentes edades, pero todos listos para emprender el viaje a las Europas, a combatir al enemigo de las fuerzas aliadas. Afortunadamente no se les hizo, sino muchos nos hubiéramos quedado despadrados, pero muy honrados y orgullosos.
No se crea usted, fueron tiempos duros, antes de las vacas gordas de la Costa de Oro, las inundaciones arrasaban con varios poblados, llevándose ganado, árboles, casas, el puente de los cargadores, niños y adultos
Pero Control Señores Control hubo un Cura venido de Jalisco, que en Santiago cumplió sus Bodas de Oro con la Iglesia y se aventó el trompo de levantar el templo que ahora ostenta nuestra tierra, (y otras cuarenta y tantas pequeñas parroquias, -no como otros-), y junto con mi señor padre y una veintena de osados paisanos, se trajeron prestados de Rosamorada la Cruz, el Arco y la pila Bautismal pero esa es otra historia como dijera la señora de la tele Que con el favor de Don Chón y de ustedes, continuaremos más adelante
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