Por: Juan Fregoso

La salida de quien fuera Procurador General de Justicia, Javier Germán Rodríguez Jiménez, debería ser objeto de un profundo análisis por los analistas más avezados en materia de seguridad pública, sin embargo, no parece preocuparles mucho este tema que a mi juicio tiene un trasfondo político en donde parecen entremezclase fuertes intereses que afectan, sin duda, a la clase política gobernante.


Aunque se maneja la hipótesis de que el destacado jurista decidió abandonar el cargo voluntariamente, tal suposición no es del todo convincente, y esto lo saben los abogados de la vieja guardia que conocen muy bien al Maestro por haber sido sus alumnos en la Escuela de Derecho. Javier Germán Rodríguez, cuenta con una brillante trayectoria, tanto en ámbito judicial, académico como en el servicio público.


El ex rector de UAN, goza de una fama intachable, lo mismo en la sociedad tepicense como en el círculo de abogados de reciente y viejo cuño, sin duda, estas cualidades fueron aquilatadas por el actual gobernador, Roberto Sandoval Castañeda, para otorgarle el cargo de Procurador General de Justicia. El hecho de que el también ex magistrado del Tribunal Superior de Justicia, haya abandonado de manera más que sorpresiva su cargo, se presta a muchas especulaciones, dado a que el titular del Ejecutivo Estatal fue quien lo designó como responsable de la procuración de justicia. ¿Qué orilló, entonces, al licenciado Javier Germán Rodríguez a dejar el cargo? ¿Fue realmente una decisión tomada por él mismo? ¿O fue presionado por alguien? Estas son algunas interrogantes que flotan en el turbio ambiente político donde siempre existen intereses oscuros y mezquinos.


Tal vez para entender la supuesta salida (aunque ya se confirmó su renuncia) de Germán Rodríguez, se tendrían que seguir las coordenadas de su pensamiento, de su proyecto de trabajo al frente de la PGJ, ya que en su calidad de representante del pueblo se comprometió a restablecer el orden y la paz en el estado de Nayarit, se propuso establecer estrategias adecuadas para hacer frente a la delincuencia organizada, así como combatir a la delincuencia común, ya que reconoció que la sociedad está cansada de ser víctima de los delincuentes, por lo que consideró la seguridad pública como un reclamo de todos los nayaritas, los cuales demandan el restablecimiento de la paz y el orden, porque sólo así se puede incentivar el desarrollo económico y social en el estado.

En este contexto, el ex procurador representaba una amenaza para la delincuencia organizada que no está dispuesta a ceder ni un ápice en su carrera delictiva, la cual conociendo la fama de Germán Rodríguez, sabían de antemano que sería imposible establecer consensos o pactos con el entonces procurador, quien desde su llegada a la Procuraduría asumió el compromiso de combatirla con todo el rigor de la ley. Desde entonces, el licenciado Germán Rodríguez se convirtió en el procurador incómodo, aunque no solamente para la delincuencia sino también para la clase política donde permea la complicidad, los arreglos subterráneos, entre funcionarios de bajo y alto nivel, por ello no es aventurada la hipótesis de que su salida realmente haya obedecido a presiones o amenazas, sólo en esta lógica se puede encuadrar su inesperada salida o renuncia forzada de la Procuraduría General de Justicia.


Y aunque nos han querido vender la idea de que su renuncia fue voluntaria, esta idea no tiene un soporte sólido tratándose de un hombre de la talla de Javier Germán Rodríguez Jiménez, por lo tanto, es muy probable que haya sido invitado amablemente a renunciar a su cargo, porque bajo el clima de violencia que se ha enseñoreado en Nayarit, lo más prudente era deshacerse del responsable de la seguridad pública en el estado.

Así pues, con la salida de Germán Rodríguez de la PGJ, se amplía la brecha para el tránsito del fantasma de la violencia, y aunque en su lugar haya quedado quien fuera hasta hace poco el subprocurador, Édgar Veytia, el estado se debilita como así lo demuestran las estadísticas que son un espejo fiel de que los secuestros, homicidios y robos, —aunque se maquillen las cifras, una verdad brutal se impone, —lejos de disminuir se han incrementado de modo alarmante. Por tanto, el gobernador del estado, hoy más que nunca está obligado a velar por la seguridad pública de los ciudadanos, lo que implica también estar atento al actuar de todos sus colaboradores, principalmente de aquellos en quienes ha depositado la responsabilidad de restablecer el orden, la justicia, el estado de derecho, como era la meta que se había trazado el ex procurador, Germán Rodríguez Jiménez