Por: Juan Fregoso
Hace apenas unos días que el senador Javier Castellón Fonseca, declaró en una improvisada rueda de prensa con periodistas del norte del Nayarit, que el presidente de la República es intocable, lo que significa simple y llanamente que el mandatario en turno goza de absoluta libertad para hacer y deshacer todo lo que le venga en gana, sin que las leyes mexicanas puedan sancionarlo, como sucede con el hombre común corriente que está sujeto al castigo por la falta más leve que cometa.
El omnímodo poder que ejerce el presidente de la República se sale de la órbita de la legalidad y rompe arbitrariamente el estado de derecho, poniendo en un serio peligro no solamente la integridad de los ciudadanos sino también la estabilidad del estado, tal como ha venido ocurriendo en el gobierno de Felipe Calderón. Jamás habíamos visto con tanta crudeza la violación sistemática de los derechos humanos, traducidos en homicidios, genocidios, secuestros, mutilaciones, torturas, detenciones ilegales, la trata de blancas y de jóvenes, los connatos sistemáticos para enajenar la mente de la gente, todo esto degrada lamentablemente la civilización humana, que se ve rebajada a niveles zoológicos.
En México, no hay un auténtico principio de división de poderes, el Congreso de la Unión—que teóricamente es el contrapeso—no es capaz de frenar o ponerle un coto al presidente de la República, con todo y lo que digan senadores y diputados sobre este delicado asunto, no pasa de ser una postura surrealista. El que manda y decide todo es el titular del Poder Ejecutivo, ellos—senadores y diputados—solamente se limitan a obedecer las consignas presidenciales y a cobrar sus dietas generosas, por lo tanto, que no nos vengan con el cuento de que son los defensores del pueblo, porque es una vil mentira y ellos lo saben muy bien.
Al inicio de este trabajo cito al senador Javier Castellón Fonseca, quien afirma que el presidente de la República es intocable, y debo concederle la razón porque la tiene parcialmente y digo parcialmente porque él es un actor importante en el Senado, que debería preocuparse por la creación de una iniciativa de ley que ponga un coto al inmenso poder que ostenta el presidente, porque la nueva dinámica social y política exige que se acoten las facultades fácticas del Primer Mandatario, pero es evidente que no lo hará porque su tiempo se agota, además de andar enfrascado tras la diputación federal.
Pero el punto fino de este tema radica en que si el presidente de la República es intocable, no así el ex presidente, quien sí puede ser sujeto a la ley—aunque no precisamente para hacer justicia—sino para taparle la boca cuando éste disiente o critica a su sucesor. El caso más palmario se está dando con el ex presidente panista Vicente Fox Quesada, quien por andar de bocón, Felipe Calderón se lanzó a la caza de su antecesor, valiéndose de una demanda interpuesta en 2007 por el senador Ricardo Monreal.
Monreal demandó entonces a Fox por diversos delitos, entre los que destacan el peculado, enriquecimiento ilícito, corrupción de funcionarios, abuso de autoridad, uso indebido de bienes y facultades, sin embargo, curiosamente en ese año de 2007, la querella de Ricardo Monreal no prosperó, porque se dijo que no reunía los elementos suficientes para que procediera, por lo que se dio carpetazo al asuntotodo quedó entre familia.
Hasta ahora que Vicente Fox ha enderezado una crítica sistemática en contra de Felipe Calderón, por la política belicista que éste ha instrumentado y que ha cobrado miles de vidas inocentes. Fox ha llegado al extremo de exhibir en el extranjero la absurda conducta de su sucesor, además de haber manifestado públicamente su respaldo al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto—y no a Ernesto Cordero, el delfín de Calderón. —Estas dos situaciones, hicieron que estallara en ira el presidente, quien desempolvó la demanda penal interpuesta hace aproximadamente cinco años por el petista, Ricardo Monreal.
Tuvieron que transcurrir cinco años para que al fin procediera la demanda monrealista, la cual se hizo efectiva este año, en que el gobierno calderonista ordenara a la PGR el cateo de algunas propiedades de Vicente Fox, quien ahora comprueba el poder omnímodo que él mismo tuvo durante seis años. El ex mandatario hoy puede sentir en carne propia el peso presidencial, Fox debe entender que el poder que tuvo se diluyó hace tiempo, y por lo tanto, queda sujeto a la ley como cualquier otro ciudadano. Si en algún momento pensó que su locuacidad en contra de su sucesor sería perdonada por ser del mismo partido político, a estas alturas ya debió caer en la cuenta de que Calderón no tiene compañeros ni amigos, puesto que si así fuera, su atrevimiento de andar denostándolo, hubiese pasado inadvertido, pero el presidente es el presidente y como tal, como dijo Javier Castellón, es intocable, al menos durante su encargo.
Por supuesto que aquí no se trata de defender a don Vicente Fox, el cual si incurrió en una serie de delitos cuando fue presidente de la República, debe investigársele y castigársele de acuerdo con la ley de resultar responsable. Lo cuestionable de este caso es que la actitud de Felipe Calderón, más que buscar aplicar la justicia, está tomando venganza en contra del folclórico Vicente Fox por estarle dando las contra, y lo peor, echando mano de una demanda que hace cinco años no procedió por tratarse de un querellante de oposición. Pero en fin, ya veremos en que para este saineteLo que si debe tener presenta el señor de las botas, es el famoso dicho que reza; cría cuervos y te sacarán los ojos.