Por Óscar Verdín Camacho.- En la cárcel municipal de Tecuala, en la habitación destinada a la visita conyugal no hay luz eléctrica, las ventanas no tienen vidrios, la puerta está sin chapa ni cerrojos, y ni siquiera hay cama ni baño. O sea, ahí como se pueda.
Por su parte, en las cárceles de Ruiz y de San Blas, el área conyugal es en realidad una celda destinada a las mujeres; es decir, cuando alguna de ellas está en prisión, no hay lugar disponible para la relación íntima entre parejas.
Pero si los anteriores casos representan un agravio para los reos y sus parejas, en el resto de las prisiones municipales no existe espacio destinado para la visita conyugal.
Frente a ello, la relación íntima se concreta detrás de una cortina o una cobija que los reos cuelgan alrededor de su cama y que, por cierto, suelen facilitar para que otros internos, que no tienen cama, lleven a cabo el contacto sexual con su pareja.
Así, entre ellos mismos montan guardias afuera de las celdas para que nadie ingrese mientras detrás de la cortina tiene lugar la relación sexual.
Lo anterior es uno de los ejemplos que se encuentra en un informe especial sobre la situación que guardan las cárceles en el estado, emitido la semana pasada por la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), que preside Huicot Rivas Álvarez.
EL AUTOGOBIERNO
Un individuo que hace años estuvo recluido en la penal de Tepic, contó a este reportero la siguiente anécdota del interior de la cárcel. Resulta que en día en que familiares de reos estuvieron de visita, otro interno intentó acercarse amistosamente a una mujer, pero cometió un grave error: no sabía que estaba casada.
Frente a ello, el esposo, recluido en la cárcel, no le reclamó directamente, sino que llevó su queja ante un grupo de reos que a través del autogobierno mantienen su dominio en la prisión. Hay quienes los conocen como bastoneros.
El castigo fue impuesto al día siguiente: con una golpiza entre varios sujetos, a palos y a patadas, sin previo aviso y frente a todos, y sólo al final le hicieron saber el motivo.
Se afirma que una regla no escrita es que debe haber total respeto para la visita de los reos.
El sujeto aquel, obvio, jamás volvió a acercarse a la mujer.
Se cuenta lo anterior a raíz del informe especial de la CEDH sobre la situación que impera en la prisión estatal, donde la readaptación social es poco menos que imposible.
Precisamente el autogobierno que observa la CEDH rige mucho de lo que sucede en la cárcel, especialmente en lo relacionado con el control por el pago de cuotas de quienes se dedican al comercio.
No es desconocido, incluso, que en anteriores épocas hubo pactos no escritos con los reos que asumieron liderazgos del autogobierno con el fin de que mantuvieran en –aparente- calma el interior, principalmente sin que hubiera asesinatos y fugas, a cambio del otorgamiento de libertades anticipadas.
Y es que, lo han apuntado ex directivos de la prisión estatal, de otra forma resultaría difícil mantener bajo control a más de dos mil reos juntos, que por docena comparten celda, cuya necesaria separación entre procesados y sentenciados, citada también por la CEDH, sí que es imposible. Y es que sencillamente las instalaciones no dan para ello, y en cambio abunda el hacinamiento, la falta de medicina, denunciados igualmente por Derechos Humanos.
Aquí cabe añadir otro grave problema que enfrenta la penal de Tepic, y de lo que se ha advertido en varias ocasiones. Y es que la continúa detención de sujetos vinculados al narcotráfico ha tenido un inmediato impacto en la cárcel, donde se intenta que no tengan relación los integrantes de grupos contrarios para evitar enfrentamientos.
En resumen, el informe de Derechos Humanos debe representar un aviso para la necesaria construcción de un nuevo centro penitenciario en el que puedan estar, ahora si, únicamente internos sujetos a proceso, o bien sólo sentenciados.
De otra forma continuará el hacinamiento, el autogobierno, la ley del más fuerte.