Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Si vemos que nuestros cuerpos policíacos a pesar de que todos los días capturan delincuentes –menores-, y que siguen poniendo en práctica operativos inteligentes para tratar de controlar -que no abatir, porque eso nunca lo conseguirán a causa principalmente de la corrupción-, la delincuencia y el crimen organizado, debemos extremar nuestras precauciones para luchar porque los delitos no proliferen al grado de tenernos prácticamente asustados, en una palabra con miedo, a deambular por esas calles de Dios –o del diablo- de ser asaltados, heridos o muertos por individuos que han hecho una carrera delincuente de sus vidas y no se tientan el corazón para dejar temblando de coraje o cortadas o balaceadas a sus víctimas Llenando de dolor a sus familiares.
Así vemos a los paisanos de aquí y de allá, disponerse a disfrutar de los programas de la Feria Nayarit 2012, que se entregan al placer de asistir a los espectáculos que el gobierno les brinda –sin cobrarles un centavo, que ya los pesos que ellos gasten serán con la condición de ofrecerles algún tipo de productos comestibles, bebestibles o simplemente de uso doméstico o desechable- y muy contados ciudadanos acuden a ese tipo de eventos masivos, atendiendo las indicaciones que el propio sentido común les obliga a observar, para no ser víctimas de los vivales que nunca faltan en ese tipo de aglomeraciones.
El que se decide a asaltarnos, busca el momento propicio de un descuido para privarnos del bolso o de la cartera, y salirse con la suya despojándonos (la multitud aísla) de nuestro tesoro y desapareciendo entre la bola. Otros se aprovechan de la ocasión y a través de un cristalazo abren la portezuela del carro de nuestra propiedad y sacan lo que dejamos descuidadamente dentro de él y –si no deciden llevarse el vehículo- nos dejan trinando de coraje y maldiciendo la hora en que se nos ocurrió dejar las cosas de valor dentro del carro, pero cuando llega la calma agradecemos a Dios que no fuimos agredidos físicamente. Consuelo de muchos
Eso de que de los males el menos ahora resulta una máxima inolvidable y nos hace jurar no volverlo a hacer nunca de los jamásmente.
Pero el daño ya está hecho y de siempre resulta que entre las cosas que birló el asaltante, estaban nuestras tarjetas de crédito, una lana que traíamos para pagar la renta o algún abono próximo a vencer o equis documento importante que precisamente ahí los guardamos para que no se nos fueran a extraviar o a perder.
La mayoría (un 90 por ciento, según las estadísticas) opta por no avisar a las autoridades porque luego resulta peor el remedio y prefieren comentar lo sucedido con sus amigos, familiares y compañeros de trabajo, agregando el iva de que hubiera sido peor pero –repito- el mal ya fue hecho y nadie, absolutamente nadie, nos repondrá las consecuencias.
Esta situación no se compara con el viaje a algún lugar de recreo, al que asistimos diez y regresamos nueve Ésa sí que es una verdadera desgracia. Máxime que en algunas ocasiones, pudo haberse evitado.
Pero –el que nunca falta- podemos evitar todas esas circunstancias que por desgracia, suceden y podrían (quizá) ser eludidas si tomáramos algunas precauciones y no dejáramos en manos del destino lo inevitable y al final del asunto dijéramos: por nosotros no quedó.
En fin Control Señores Control Que es lo que tenemos que observar en estos casos y guardar en un rincón de nuestra casa –que sea muy difícil de descubrir por los amantes de lo ajeno-, llevar lo indispensable o lo que hayamos decidido gastar ese día, no colgarnos las joyas o adornos de las ocasiones especiales, tomar el taxi, el camión o la combi correspondiente, y encomendándonos al Santo de nuestra devoción, salir a enfrentar los peligros de la vida cotidiana, dándole las gracias por anticipado de que nos libre de ser víctimas de un delincuente, un cuico corrupto o de un sicario en vías de salir ileso echando bala por delante
(Líneas. Tel. 158-66-55).