Por Héctor Javier Medina Ulloa

Desde los inicios de la creación de la humanidad, las personas de aquel entonces, empezaron a ser agredidas por animales o personas nocivas que para su mala suerte se les atravesaban en su camino.

Las personas eran pues, atacadas, violadas o asaltadas, (¿Qué relación le encuentra con la actualidad?), quienes imposibilitadas para defenderse, entonces vieron la necesidad de crear un sistema de defensa personal motivado a partir de la observación y posterior imitación de las mismas técnicas de lucha y defensa de los animales: posturas, defensas y ataques que utilizaban al momento de un enfrentamiento; las cuales les permitirían responder adecuadamente protegiendo así su integridad física, dignidad, bienes y posesiones.

Posteriormente, las Artes Marciales fueron adoptadas como arte de defensa y de guerra por los militares de aquellas épocas, lo cual permitía establecer un mejor frente en las luchas cuerpo a cuerpo que se desarrollaban por alcanzar el triunfo y el poder.

Actualmente, existen infinidad de estilos en todo el mundo: Judo, Karate, Kung fu, Jiu Jit Su, Capoeira, Kick Boxing, Vale Todo, Tae Kwon Do, etc,

Pero, ¿Cuál es la mejor?, desde mi óptica, todas, tal y como lo narré brevemente al inicio, fueron creadas para darle al ser humano un sistema de defensa personal. Cada una con sus particularidades, pues algunas desarrollan más la lucha cuerpo a cuerpo, otras, las habilidades con las manos, con las piernas, con los codos y las rodillas, etc. o bien haciendo una combinación de todo, en fin, las hay para que cada quien conforme a sus gustos, posibilidades y necesidades, decida cual practicar.

Aunado a esto, las Artes Marciales, aparte de desarrollar nuestra defensa personal, nos permiten también, fortalecer el cuerpo, sacar el estrés del que somos sujetos con las actividades que desarrollamos día a día en conjunto con el resto de la sociedad, lo que a su vez nos permite estar más relajados en nuestra forma de ser y de pensar, propiciando entonces una mejor toma de decisiones. Además, cada instructor de acuerdo a su preparación y experiencia está obligado a fortalecer, también, los valores humanos en cada practicante ya sea niño (a), joven o adulto, reforzando de esta manera los que se inculcan en el seno familiar.

Agradezco sus comentarios en el correo electrónico: javiermedina55@hotmail.com