Por: Juan Fregoso

El Partido Revolucionario Institucional está enviando señales inequívocas de inmadurez política, al postular candidatos considerados por la sociedad nayarita como cartuchos requemados, como es el caso de Juan Manuel Rocha Piedra, quien donde quiera que se presenta sólo recibe el rechazo de los ciudadanos, incluyendo a sus propios correligionarios, un claro síntoma de que el rosamorense no goza de la simpatía de nadie.

Rocha Piedra es hijo putativo de Abad Zurita, ambos pertenecen al establo del ex gobernador más represivo y vulgar que ha tenido Nayarit, Rigoberto Ochoa Zaragoza, el otrora poderosa dirigente de la CTM. Se sabe que justamente Rigoberto Ochoa está detrás de la candidatura de Rocha, utilizando subrepticiamente a Abad Zurita para que lo ayude a levantarse con el triunfo en el 1º distrito electoral en las elecciones de julio, pero todo indica que su promotor no ha podido lograr su cometido por una razón muy simple: ambos personajes son menospreciados por pertenecer a la era jurásica del priísmo, dicho en otra palabras, son un vivo ejemplo de la era dinosáurica, cuando las circunstancias actuales exigen rostros nuevos y no políticos con una mentalidad retrógrada.

Es preciso señalar que un alto porcentaje de votantes son jóvenes, los cuales no se identifican en nada con el ex presidente municipal de Rosamorada. Entre los nuevos electores no existe ni el más mínimo punto de coincidencia con Juan Manuel Rocha Piedra, porque para ellos es un ilustre desconocido, amén de que su forma de pensar dista mucho de la mentalidad del nuevo mercado electoral constituido por hombres y mujeres que apenas acaban de cumplir la mayoría de edad. Son jóvenes con una visión muy diferente de la política, con ideas diametralmente opuestas a los viejos políticos como Rocha Piedra, de ahí que se antoja imposible que este señor gane las elecciones el 1º domingo de julio.

La sociedad es muy sabia, tanto que a estas alturas ya no se le puede engañar. Y Rocha Piedra debería de saberlo, porque la ciudadanía le ha estado mandando elocuentes señales mediante su ausencia a todos los eventos que ha realizado. En Acaponeta, en una reunión secreta que celebró en un domicilio particular, con trabajo logró reunir una raquítica asistencia, en su mayoría amas de casa y algunos regidores, lo que evidencia que Rocha no puede encender la antorcha del entusiasmo o de la solidaridad hacia su candidatura.

Algo parecido sucedió en otra reunión que sostuvo en la sede de PRI municipal, en la ciudad de Tecuala. Aquí, también se vio claramente la nula aceptación del candidato a diputado federal; la concurrencia en ese acto proselitista se distinguió más que por la presencia del pueblo, por políticos que ya han ostentado algún cargo de representación popular, como el rigobertista y ex presidente municipal de dicha comuna, Manuel Fernando Jiménez, del ex diputado y ex regidor López Arena, entre otros dinosaurios, que tratan de impulsar al rosamorense.

Las señales, por supuesto, que llevan un mensaje, el cual no es difícil descifrarlo, simplemente no quieren a Rocha Piedra, quien para variar, ignora la contundente sentencia del extinto Carlos Hank González: un político pobre, es un pobre político. Y es que Juan Manuel Rocha en todas sus arengas cantinflescas se queja de que su campaña la viene realizando sin dinero, pero está seguro que sólo con el apoyo de sus amigos logrará ganar la diputación federal, en este sentido, Rocha tiene una percepción muy corta, demuestra con ello una grave miopía política, porque si bien es cierto que el apoyo de los amigos es indispensables, más cierto es que para realizar una eficiente campaña es preciso inyectarle recursos económicos, pero el aspirante a diputado no muestra disposición de invertir, quizá porque ya cayó en la cuenta de que sus posibilidades de ganar son muy pocas.

Para decirlo de otro modo, Juan Manuel Rocha parece presentir que va directo al fracaso, como así lo indican sus pobres reuniones, carentes además de una propuesta de gobierno definida, pues en sus ardorosos discursos francamente no dice nada, sus planteamientos están impregnados de incoherencias que ni el propio Cantinflas podría entenderlas. Por lo visto, los años han mellado las pocas neuronas que le quedan y esto le impide razonar adecuadamente, Rocha ya tiene todos los bulbos fundidos por eso incapaz de construir un discurso claro y propositivo, que convenza a la gente de que es merecedor de la confianza de la gente.

Por otra parte, su principal adversario, el perredista Francisco Javier Castellón Fonseca, tampoco logra prender el ánimo del electorado de la zona norte. El principal obstáculo del ex rector de la UAN, consiste en los perversos vínculos que tiene con el corrupto de Guadalupe Acosta Naranjo, un político mercenario, incondicional de Felipe Calderón, con el cual negoció la reforma petrolera, a cambio de recibir una serie de canonjías que le han permitido darse una vida sultanesca.

Por lo tanto, Castellón Fonseca está compitiendo bajo la ominosa sombra de Naranjo, con quien mantiene lazos desde que se movían en el escenario universitario. Por consiguiente, es obvio que aparte de su mediocre papel que ha jugado como senador, tendrá que esquivar la enorme montaña del narajismo, sin embargo, los grandes y oscuros intereses que tiene con el mochiteco, no le permitirá romper esa alianza perversa y que reduce sus posibilidades de acceder a San Lázaro.

Lo que está más que claro que el agua es que el electorado de la zona norte, no tiene opciones positivas, puesto que ni el priísta Juan Manuel Rocha Piedra ni Francisco Castellón, garantizan un triunfo convincente en los comicios del 1 de julio, podría asegurar, que ambos candidatos están lejos de la victoria, dado a que tanto el PRI como el PRD se encuentran en una fase de descomposición, finalmente, éste último no es más que un desprendimiento del primero, entre ambos institutos políticos existe un gran parecido, porque son gemelos, para ser más exacto, el dizque partido de izquierda es un aborto del PRI, por lo tanto, piensan y actúan igual, usan los mismos métodos fraudulentos, las mismas mañas para embaucar a los ciudadanos, que ingenuamente todavía creen en los procesos democráticos, lo cual es una falacia, como pronto lo veremos.