Por: Juan Fregoso

La competencia electoral se encuentra ya en la recta final, falta menos de un mes para que los candidatos presidenciables asciendan a la plataforma que los habrá de lanzar a la cima o al precipicio. Durantes meses los tres principales aspirantes a la silla presidencial tuvieron la oportunidad de ofrecerle a la ciudadanía lo que ellos consideraron sus mejores propuestas, pero hay que decir que los temas que tocaron hasta hace poco no se diferencian mucho, pues tal parece que se pusieron de acuerdo en el diseño de sus agendas electorales.

La mayoría de temas abordados fueron el impulso al campo, la educación, el turismo, el empleo y el combate frontal a la violencia, entre otros, que tienen mucho en común, a tal grado que da la impresión que todos los candidatos se ciñeron a un mismo guión, en este sentido, no hay una diferencia sustancial en sus discursos lo que vino a demostrar falta de imaginación o creatividad en todos ellos, y no hay olvidar que la política requiere una alta dosis de imaginación para proyectar el ideario político de un candidato.

Pero ni aun en la fase final de la sucesión presidencial, los candidatos pudieron construir propuestas reales como propositivas y convincentes para el electorado, se perdieron en vaguedades, en lugar de aprovechar el tiempo hacer propuestas claras, en las cuales exhibieran de manera sencilla el tipo de país que quieren para los mexicanos, los que a estas alturas están más confundidos que nunca, y que, sin duda, esto contribuye al alto índice de indecisos a los que será prácticamente imposible convencerlos en los pocos días que faltan para que se realicen los comicios.
Si bien, el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota, del PAN y Andrés Manuel López Obrador, del Movimiento Progresista, se limitaron a repetir como loros lo mismo pero en diferente forma, no fueron capaces de introducir en sus discursos ingredientes novedosos que avivaran el interés del pueblo, por supuesto que no de no haber ocurrido el movimiento estudiantil, es muy probable que nadie hubiera puesto los ojos en ninguno de ellos, esto es incuestionable, el Movimiento #132 fue el motor que los impulsó, el que los colocó en el escenario electoral.

¿Qué sería de sus campañas si los estudiantes no hubieran protestado?, esta es una interrogante que cualquier ciudadano puede descifrar, como un alumno de secundaria resuelve el más difícil crucigrama, quiero decir que las campañas habrían transitado por el camino de la más completa indiferencia, por esta razón estoy convencido que sin la rebeldía estudiantil los candidatos estarían políticamente muertos.

Ahora, en la recta final, comenzó el cambio de discurso, aunque no para hacer propuestas, sino papa fomentar la guerra sucia en contra de Andrés Manuel López Obrador, como en el 2006, El Peje vuelve a ser el blanco de sus adversarios, una vez que éstos cayeron en la cuenta de que el tabasqueño—de acuerdo a las encuestas—se ubica por encima de la panista Josefina Vázquez Mota, la cual tiene la esperanza de reposicionarse, mientras que el priísta Enrique Peña Nieto, pretende a toda costa no ser rebasado por López Obrador, separado por tan sólo cuatro puntos del ex gobernador del estado de México.

Ante esta situación, Peña Nieto olvidó sus promesas de conducirse con respeto y civilidad hacia sus adversarios, pero el giro que dio la campaña a favor del ex jefe de Gobierno, hizo que el priísta modificara su estrategia política, y junto con Vázquez Mota, han enfilado su artillería contra Andrés Manuel López Obrador. Si en 2006, la bazuca que acabó—aunque no del todo—con el candidato de las izquierdas fue aquel perverso slogan que rezaba que López Obrador era un peligro para México, ahora el argumento utilizado en su contra, es que El Peje es partidario de una revolución armada, desde luego, si éste no gana las elecciones. Esta es la idea que el PRIAN intenta meterle al pueblo de México, ante el repunte del candidato perredista.

Sólo que ahora, las circunstancias y condiciones políticas no son las mismas de 2006, puesto que ya nadie cree en los spots que a diario se difunden en las televisoras y estaciones radiofónicas para debilitar a López Obrador, quien por segunda vez ha puesto en jaque a sus adversarios, que igual que ayer se han unido para aplastarlo políticamente, porque éste representa los intereses opuestos a los de la oligarquía liderada por el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, José Córdoba Montoya, Pedro Aspe Armella, entre muchos otros, considerados verdaderos animales políticos.

En realidad, el repudio del Movimiento #132 en contra de Enrique Peña Nieto, tiene su epicentro justamente en la participación de esta fauna de políticos depredadores del sistema político mexicano, y son los principales orquestadores de la campaña sucia en contra de López Obrador, porque a Josefina Vázquez Mota, no la consideran una auténtica adversaria por una razón muy simple: El PAN, es un apéndice del Partido Revolucionario Institucional, con el cual consensa, se identifica aunque simulen ser diferentes, en esencia vienen siendo lo mismo, por lo tanto, el adversario a vencer es Andrés Manuel López Obrador, ya que hasta la fecha no se ha sabido que el tabasqueño haya sido seducido por los grupos pertenecientes a la élite o la casta del dorada que tiene el poder a través del panista, Felipe Calderón, que no es más que un títere del salinismo.

Y esto queda claro con la abierta adhesión de su antecesor, Vicente Fox Quesada, el primer presidente de la República, supuestamente emanado de la oposición; una soberana mentira, pues basta recordar el prematuro anuncio que hizo el entonces presidente, Ernesto Zedillo Ponce de León, para reconocer el triunfo del guanajuatense, quien proclamó en su campaña que sacaría a patadas al PRI de los Pinos, cuando en realidad ya todo estaba arreglado. El pacto fue que el PRI le cedería la estafeta al PAN por doce años, por eso fue que en 2006 Acción Nacional se perpetuó en el poder con Felipe Calderón, en una palabra, el PRI nunca ha dejado el poder, lo que ha hecho—y muy bien—es simular que en México sí existe la democracia.

Así pues, concluido el contrato, llegó la hora de retomar las riendas del país con Enrique Peña Nieto, a quien estuvieron formando mediante las televisoras. La clase política estuvo preparándolo para ser presidente, desde que el atlacomulquense era gobernador del Edomex, pero no contaban con la tenacidad de López Obrador, quien esta vez viene por la revancha y en esta ocasión con más seguidores, inclusive, con el apoyo de fuertes empresarios que en 2006 lo marginaron.


Así, el equipo peñista está seriamente preocupado dado a que su principal contrincante le está pisando los talones al llamado niño de oro, situación que se ha evidenciado en el agresivo ataque en contra de Andrés Manuel López Obrador, aun cuando Peña Nieto había dicho que no caería en este tipo de juego sucio que rebaja el nivel de la democracia, pero ante el repunte del candidato de las izquierdas, decidió con la complicidad de Josefina Vázquez Mota, arremeter en su contra acusándolo de ser partidario de una revolución armada. En este contexto, cabe preguntarse de qué tamaño será el miedo de Enrique Peña Nieto y de su partido, para haber llegado al extremo de hacer de El Peje un virtual revolucionariosin duda, debe muy grande.