FERNANDO MEDINA MIRALRÍO

Diversas declaraciones políticas y distintas columnas periodísticas, sostienen que no habrá conflictos poselectorales, ojalá así sea por el bien del país. Sin embargo, mi perspectiva es distinta. Creo que junto a los conflictos postelectorales que desdeñan los investigadores de la UNAM y del Instituto Politécnico Nacional, habrá intereses ocultos que aprovecharán las circunstancias siguientes: debilitamiento de la imagen presidencial y en consecuencia su pérdida de control político; confrontación interna de los grupos internos de los partidos políticos; nacimiento de la venganza política de los candidatos ganadores contra los perdedores; reacomodo de factores reales de poder político y empresarial. Por mencionar algunas de ellas.

Para que no se dé el conflicto postelectoral se necesita una margen de votación sobresaliente entre los candidatos, es decir, que quien obtenga el triunfo arrase en las urnas; de lo contrario, sin los resultados son cerrados el conflicto no puede descartarse. Este tipo de confrontación se presentará regionalmente, especialmente en aquellos casos de entidades federativas donde la competencia es notoria y los márgenes de distancia entre los candidatos es casi imperceptible.

¿Quiénes se beneficiarán más con el conflicto postelectoral? Definitivamente un grupo de poder que no está jugando abiertamente en los procesos de las campañas políticas, pero de alguna manera tiene interés en que haya desestabilidad y confrontación: el narcotráfico. A río revuelto ganancia de pescadores.

El conflicto postelectoral se puede convertir en una estrategia de entretenimiento de las fuerzas encargadas del orden público, así como distractor de los medios de comunicación, de esta forma la delincuencia organizada tendrá el camino más llano para delinquir. Tienen armas, dinero y ventajas.

La historia mexicana tiene algunos relatos que pueden servirnos de experiencia en ello; en 1916, un día 15 de septiembre, cuando el General Francisco Villa, tomó Chihuahua, bastaron sólo unos ejercicios guerrilleros para confundir a la fuerzas carrancistas del General Treviño, logrando con ello tomar los palacios federal y del estado y asaltar la penitenciaria para liberar a los presos políticos; en plena campaña de Colosio, el Subcomandante Marcos, atacó en Chiapas un cuartel militar y se difundieron posibles ataques similares en el Distrito Federal. Como dijera el rancio y mal agradecido ranchero de Guanajuato: ¡Se apanicaron los mexicanos!

Los esquemas de seguridad nacional deben urgentemente de replantearse ante una circunstancia similar, México no puede sufrir ningún contratiempo; la ciudadanía debe de actuar con madurez para preservar lo que por tantos años de trabajo nos ha costado construir. Oaxaca, Tamaulipas, Guerrero, Michoacán, Coahuila, Veracruz y Nuevo León son focos rojos en este momento.