Por: Juan Fregoso

Acaponeta, Nayarit.- José Guadalupe Martínez Fletes, tiene 42 años trabajando como aseador de calzado, o sea, prácticamente los mismos que ha vivido. El Lupillo, como le llaman sus demás compañeros no se avergüenza en lo más mínimo de su oficio, al contrario, se siente orgulloso de dejar relucientes los zapatos de sus clientes, luego de enjabonárselos, aplicar la grasa, el cepillo y pasar el trapeador por encima del calzado y darle lustre.

José Guadalupe, lo distingue su buen sentido del humor, siempre anda con una sonrisa a flor de labios; es extremadamente bromista con todo el mundo, a las muchachas las piropea al grado de que muchas de ellas se sonrojan, pero todo lo que dice no lleva ninguna mala intención; es sólo para el relax, comenta el popular Eco-Loco, como también se le conoce no solamente por sus clientes, sino por todo el pueblo.

En torno a su trabajo, el bolero comenta: lo que más me gusta de mi trabajo es hacerlo con entusiasmo, con amabilidad y hasta con amor para que el cliente quede satisfecho. Y añade que se dedica a este oficio impulsado por la necesidad, ya que aquí no hay fuentes de trabajo, y de alguna manera, tienes que ganarte la vida; bolear no me da pena, vergüenza me daría robar, explica orgulloso, mientras le deja a sus cliente reluciente su calzado.

Asegura que para ganarse ochenta pesos diarios, cuando bien le va, tiene que madrugar. Desde las siete de la mañana hasta las once de la noche, sin embargo, hay ocasiones en que se va a su casa con apenas cuarenta pesos en los bolsillos; ahorita, argumenta, la situación está crítica por eso hay que llegar temprano y trabajar duro, expresa con una sonrisa como para darse ánimo.

Explica que así como hay tiempos malos en que regresa a su casa sin haber boleado ningún par de zapatos, también hay tiempos buenos en que ha llegado a ganar hasta 400 pesos al día, cita como ejemplo, la época navideña, que es cuando viene mucha gente de afuera y es cuando tenemos mucho chamba, o sea, sale para la papa, dice.

José Guadalupe Martínez, confiesa que él es el único hijo hombre, por lo que en él recae la responsabilidad de sostener económicamente a su madre y a una hermana, lo cual lo refiere con orgullo, quizá porque se siente el jefe de la casa, el que lleva el chivo para medio subsistir.

Finalmente, asevera que ser bolero no es ninguna vergüenza, porque éste es un trabajo honrado; me daría vergüenza que la gente dijera que soy ratero, eso sí que es vergüenza, por eso prefiero seguir aseando calzado y aunque gano poco es seguro y no me meto en problemas con la ley.