Del dialecto <<coca>>

Por Agustín Almanza

Con mi real estimación para mis amigos del mariachi Pacifico, don Eugenio y Julio, siempre optimistas.

¿De Cocula es el mariachi? Mucha polémica ha causado esta pregunta, ¿Dónde nació y qué significa la palabra <<mariachi>>? Bueno, pues luego luego nos vamos a lo sabido, es decir que el término vendría de <<marriage>>, palabra de origen francés que significa <<matrimonio>>, boda. Y es que allá por el siglo antepasado (1860-1870) al celebrar un evento de esa naturaleza lo amenizaba un grupo de músicos populares al que llamaron luego <<mariachi>>. Curiosa historia que no es aceptada del todo por unos estudios y se aferran afirmar que la voz es autóctona de México, no de Francia y se refieren , subrayando, que procede del lenguaje folclórico <<coca>> misma que lleva consigo las palabras <<maroachi>>, <<minguichi>>, por ejemplo.
Existe un libro, titulado <<paisajes de occidente>> (1908), cuyo autor, Enrique Barios, en donde se puede leer lo siguiente: En torno del jardín de la plaza principal (de Santiago Ixcuintla, Nayarit) se levantan tiendas de campaña, y dentro de éstas se suspenden lampiones; se arman poyatas, anaquelerías y mostradores; se colocan mesas y sillas (con motivo de la feria). En una calle cubren el pavimento de guijarros las frutas y hortalizas; en otra las pescaderías, en una tercera se alinean, en doble fila, numerosos tapancos, abastecidos de fiambres y fritangas, y entre una y otra tienda hay un mariachi (sic). Es éste una tarima de pié y medio de alta, dos varas de longitud y una de anchura, donde toda la noche, y aún de día, se bailan alegres jarabes al son del arpa o de violín y vihuela o de violín, platillos y tambora, en cuarteto aturdidor. Bailan hasta cuatro personas a la vez en cada tarima, y de resuena por plazas y calles circunvecinas el estruendoso tableteado del atronador jarabe.

Acompáñale a veces de canciones y con tanta destreza le bailan algunos campesinos que colocan sobre su cabeza un vaso colmado de aguardiente o una botella destapada y llena de licor, y no se le caen, no se derrama una sola gota en las vueltas vertiginosas y otros movimientos rapidísimos del baile. Rodeados están los mariaches de una multitud agradablemente entretenida y absorte en aquel bailar regocijado y ruidoso
Ya nuestro maestro Pedro Castillo Romero (de la Secundaria Federal), en su libro <<Santiago Ixcuintla, cuna del mariachi>> (sic), denota parecer semejante a la perspectiva del licenciado Dávila Garibi –citado por F.D. Santamaría, << Diccionario de Mexicanismos>>-, en lo que respecta al vocablo que nos ocupa en este tema, aceptando que es de origen <<coca>>. Garibi, apoyándose en el texto del sacerdote natal lombarda: <<arte de la tegüina (siglo XVIII), estudia el fonema <<chi>>, pero no encontramos algo digno de comentar. Roberto Franco Fernández (<<El Occidental>>, (julio 3 1976), dice que la palabra que nos atañe pertenece al idioma <<amioteca>>, y significaría cuando el indígena está contento y hace música y canta, y supone que el mariachi se originó en la música e instrumentos de los coras, quienes, junto con los Huicholes, habitaban en una zona nayarita que en el siglo XIX pertenecía al estado de Jalisco.
Volviendo a Castillo Romero, nos informa que, en la lengua <<pinutle>>, hablada en nayarit, existe la palabra <<mariachi>>, que sería el nombre de un árbol, de cuya madera se hacen las tarimas: en un principio .dice el maestro Pedro- el mariache o mariachi no sólo era el conjunto musical, como ahora lo conocemos, sino que lo integraban la tarima, la pareja de baile, los músicos del conjunto, enfatiza.
En fin, la polémica sigue.

Finis Trae: Una disculpa por la publicación incompleta del artículo sobre Pedro Morone, quien, legó al pontificado (S.XIII) bajo el nombre de Celestino V, ya que al final aparece la frase de que estaba loco. Faltó –sintetizo, por dignidad-, entre otras cosas, decir que en la casita de madera donde dormía, en el palacio del Vaticano, el perverso Carde Gaetano había acondicionado un tubo por donde las noches, cuando dormía profundamente el ex anacoreta, con voz de ultratumba el alto dignatario de la iglesia, le aconsejaba de manera urgente que abdicaba al trono. Y es que Morone había llegado echando lumbre contra la corrupción imperante anidada en el Vaticano Pedro Morone murió en la cárcel por instigación de Gaetano, ya su sucesor con el nombre de Bonifacio VIII, pero sería, más tarde, santificado, mientras aquel falleció como perro rabioso, arrojando espuma por la boca y solo, sin amigos ni cómplices.