Por Óscar Verdín Camacho
Un moño negro cuelga en una puerta en la calle Durango, entre Allende y Abasolo en el centro de Tepic.
Y es que ha fallecido, hace unas semanas, la señora María del Refugio Jiménez Graxiola, mejor conocida como doña Cuquita y creadora de toda una tradición en la venta de tostadas de chanfaina, de hígado, bofe, carnitas
A principios de septiembre terminamos de rezar el novenario. Se había caído y ya no se pudo recuperar, indica una de sus vecinas.
Nacida en 1916 en Jala, Jiménez Graxiola acababa de cumplir 96 años en julio pasado.
Durante más de 60 años atendió su negocio, siempre con una singularidad que sus clientes conocían y que en este espacio ya ha sido narrado: afuera era colocada una silla y era la señal de que había venta de tostadas. Si la silla estaba ausente, ese día el negocio permanecía cerrado y ni para qué detenerse.
En los últimos tiempos, después de haber decaído en su salud, doña Cuquita fue ayudada en la venta de tostadas por la esposa de uno de sus bisnietos. Ella de cualquier forma le daba sazón a la carne y a las salsas.
Hace cerca de un año, después de salir de una mala racha de salud, uno de sus familiares escribió una calavera en su honor, que era exhibida en el pequeño negocio:
Vino la calaca
muy contenta
a las tostadas
de pronto salió
la Cuquis y la
mandó a la
$@¡¡?¿!!%...
Que descanse en paz.