Por: Edmundo Virgen
Durante años a una buena parte de pasantes de medicina y enfermería no les ha agradado la idea de realizar su servicio a la comunidad en unidades médicas ubicadas en zonas apartadas de la sierra, lo mismo ocurría con docentes de educación básica, y no era menos, la razón no es que se negaran a desempeñar la carrera que habían estudiado en esos lugares carentes de comodidades, sino la inseguridad a que se exponían, arriesgando su integridad física a lo largo de un año, ya que por ley todos aquellos jóvenes profesionistas universitarios de medicina tenían que cumplir con este requisito para poder titularse, incluso hubo funcionarios estatales en pasadas administraciones que los tildaban de flojos por resistirse a acudir a la sierra a realizar su servicio social, y en cambio, los jóvenes hombres y mujeres que llegaban a armarse de valor para viajar a esas comunidades serranas lo hacían con temor a ser agredidos por la delincuencia que habita en esas zonas de difícil acceso, donde ni siquiera traer dinero en la cartera sirve de mucho ya que en esos lugares apartados de las zonas urbanas no hay ni siquiera comida chatarra para comprar.
Quiero comentar que en una ocasión acompañe a un presidente municipal del sur a una gira por la sierra cerca de Plan de Barrancas, por el rumbo de Cacalután y llegamos a una comunidad habitada por unas veinte familias de la etnia Cora, en ese caserío al que para llegar había que bajarse de la camioneta y caminar unos 500 metros de pendiente, encontré a dos jóvenes profesoras de unos 19 años de edad, vecinas de Ahuacatlán, que de lunes a viernes daban clases a los niños del lugar, el salón de clases estaba construido a base de madera, la seguridad era nula, pero las dos mujeres en esa sencilla aula dormían y se aseaban a diario, los alimentos se los proporcionaba la comunidad, no había comodidades, mucho menos energía eléctrica, pero ambas profesoras afirmaron a pregunta del periodista que se sentían seguras porque los habitantes de la comunidad les brindaban protección; Quiero aclarar que en esa ocasión el alcalde acudió para verificar la instalación de celdas solares para dotar de alumbrado a todo el caserío de la etnia Cora, así como de una gran lámpara en el lugar de reunión dominical, las profesoras y la comunidad agradecieron y festejaron el que pudieran contar con luz.
Pero la inseguridad está presente en diversas regiones de la sierra, una doctora que hacía su trabajo en el hospital de Jesús María del Nayar, me comentaba que sentía temor a ser víctima de una agresión en aquel apartado lugar pero a la vez decía sentirse segura por la presencia de algunos compañeros de profesión y además porque el hospital estaba muy bien acondicionado, ya que contaba con medidas de seguridad. Pero definitivamente se debe reconocer que la mayoría de los nosocomios del sector salud en la sierra carecen de la suficiente protección para el personal que ahí labora y son muchos los jóvenes que se exponen a un atentado y es por eso que resulta saludable el acuerdo firmando por la UAN y el sector salud, que tiene la finalidad de otorgar toda la protección necesaria a los pasantes universitarios del área de las ciencias médicas para que puedan realizar su servicio a la comunidad durante su estancia en la zona rural sin mayores temores.
El propio rector de la máxima casa de estudios Juan López Salazar, indicó que existe un proyecto en el que se sugiere a la secretaría de salud que las plazas para el servicio social en unidades médicas del interior del estado sean para dos personas y no para una como se ha venido haciendo, todo ello para mayor seguridad del pasante que acude a realizar su servicio a zonas apartadas donde hace falta la presencia de personal médico y de enfermeras, pero también se deben de reforzar las medidas de seguridad para evitar hechos lamentables. Así sea.