ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-
Cuando va corriendo por el parque o la calle y alguien lo llama por su nombre, Juan Alberto, ni siquiera se da cuenta que le hablan. Él entiende por “El Topo” Rosas. Quintanilla es su segundo apellido.
El apodo, que le queda como anillo al dedo, se lo puso su papá Anastacio Rosas Soria y carga con él desde que tiene uso de razón. “Este parece topo”, ha oído que una vez comentó su papá, cuando era bebé, y de ahí pa´l real.
De 24 años de edad y del barrio de la colonia Moctezuma, muy cerca de la penal de Tepic, este boxeador se ha convertido en un ídolo en esta ciudad.
“Mi papá no quería que yo boxeara, pero cuando estaba chiquillo veía sus guantes, sus fotos, y yo quería ser boxeador. Por fin aceptó enseñarme. A mi papá lo conocen como Tacho Rosas”.
“El Topo” no es de los que va a los centros nocturnos, no bebé alcohol, no fuma.
“Son parte de los sacrificios del entrenamiento; todos los días me levantó temprano y salgo a correr de mi casa a La Loma, de ahí a La Alameda y luego hago el recorrido de regreso. Son como ocho kilómetros. Pero cuando tengo una pelea programada, dos meses antes inició la preparación fuerte. Durante un mes, todos los días subo el cerro de San Juan y el siguiente mes corro velocidad en la pista de la UAN, aparte del entrenamiento del gimnasio: costal, pera, esparrin. Me siento imponente, bien fuerte, voy de subida, siento que me como el mundo”.
Además del cuidado de su cuerpo, “El Topo” sabe la responsabilidad que representa ser conocido a través del deporte. Frecuentemente acude a platicar con adolescentes que han cometido delitos, o a la penal, o a eventos donde es invitado especial, y siempre relata que para enfrentar las drogas o el alcohol en la juventud, no hay como el deporte.
Rosas Quintanilla dice que no se considera un boxeador de pegada dura, “mi fuerte es que nunca me canso y he peleado con los mejores”.
Actualmente es campeón Súper Mosca Latino y probablemente en diciembre enfrente a quien en ese momento sea el mejor del mundo.
“El Topo” Rosas es empleado en el Ayuntamiento de Tepic, en la dirección del deporte. De hecho, junto a su papá, son los encargados de un gimnasio nuevo que se encuentra en La Alameda, junto a las canchas de frontón. Por la mañana ahí entrena a otros jóvenes, entre ellos su esposa Génesis Mascorro, con quien tiene una hija de cinco años, y durante la tarde él se pone los guantes.
Menudito, “El Topo” comenta que su sueño es ser campeón del mundo. “Yo peleo en los 50 kilos 800 gramos. Mi papá me dice que un peleador está en plenitud a los 29 años”.
Agrega que tiene los pies bien puestos en la tierra y que muchas cosas se las debe al boxeo, y a sus éxitos. Hace unos años era jardinero municipal. Revela que está por entregársele una casa en el fraccionamiento Vistas de la Cantera, por parte del Gobierno del Estado, como un reconocimiento a su trayectoria.
Insiste con un mensaje para los más jóvenes que él:
“que hagan deporte, lo que les guste, fútbol, atletismo, box, es lo mejor para que no caigan en las drogas”.