Por José D Jesús Benítez
Ixtlán del Rio, Nayarit.- Dos días antes de su muerte platiquÉ con Estela González Preciado, la vi triste, cabizbaja había perdido la fuerza de antaño en poco tiempo envejeció, no éramos amigos íntimos pero confía en mí, era una mujer de buen corazón le gustaba apoyar a los vulnerables, personas de la tercera edad la miraban como una madre que los cuidaba.
Estela, me platicó el inicio de su calvario generado por la envidia de sus hermanos que con ansia pretendían arrancarle la herencia familiar, este problema empezó a minar su salud, a pesar de que era una persona sana y fuerte de carácter, lloró cuando fue recluida en la cárcel municipal acusada injustamente de ratera por su hermano Francisco Javier, su principal verdugo según sus comentarios.
Estela González, era muy querida por la comunidad local, una verdadera alma de dios que le gustaba pasear a sus perros, pero ya presentía su final, me mencionó que no sentía odio por nadie, muchos menos por sus hermanos, confiaba en que recapacitarían, lamentablemente la muerte no le permitió ver su sueño realizado solo les dejó su testamento de amor.