ÓSCAR VERDÍN CAMACHO
La Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) deberá estar atenta al servicio de impresión de fotografías que realizan varios establecimientos, en donde prácticamente se obliga a los clientes a comprar fotos con costos mucho más elevados.
La mecánica inicia cuando quien desea la impresión de fotografías selecciona las mismas en la máquina respectiva que se encuentra en diversas negociaciones. En tamaño normal, cada foto cuesta menos de dos pesos.
Pero el problema se presenta cuando al recoger las fotografías, el cliente se encuentra con que varias de estas también fueron impresas en tamaño más grande, sin aviso de por medio por parte de los empleados, quienes justifican que se trata de una promoción y que no es obligación del cliente comprarlas. El precio de esas fotos puede llegar a ser hasta cinco veces superior al de imágenes más pequeñas.
Pero además, la selección de esas fotografías ampliadas corrió a cargo de los empleados, ni siquiera del cliente.
Así, éste tendrá que decidir entre comprar esas fotos o bien dejarlas en la negociación. Y casi siempre ocurre lo primero.
Por ello la importancia de que la PROFECO someta a revisión a esos establecimientos, pues el ahorro buscado por los clientes con ese tipo de impresión fotográfica termina siendo a la inversa, es decir, más caro.