El cuerpo le tronó después de 52 años de devorar cigarros y durante casi un mes durmió sentado porque sentía ahogarse si se acostaba.
* Partidario de la eutanasia, pidió por escrito a su familia: si se presentan momentos difíciles, sólo quiere estar entubado a lo máximo tres días, “para qué prolongar algo que ya se acabó”.
ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-
Hace unos meses, Jacobo Roth Contreras escribió una petición a su familia: si se llega a presentar el drama de que sea entubado, de que se acerquen los últimos momentos de su vida, no más de tres días soportaría vivir así, únicamente para dar tiempo a que sus familiares se reúnan.
Pero después, dice, “que me dejen morir. Yo soy partidario de la eutanasia. Para qué prolongar algo que ya se acabó. Además, las familias se desgastan mucho cuando hay un enfermo así”.
Jacobo Roth acaba de cumplir 65 años, 52 años de los cuales fue fumador, devorador de decenas de cigarros todos los días.
“Me inicié en el vicio robándole cigarros a mi abuela Clara Hernández, en Monterrey, que los escondía bajo un colchón que tenía grandes resortes. Y el último cigarro lo fumé el 12 de enero del 2009 a las 2:15 de la tarde, me acuerdo muy bien. No me fumé otro porque ya no pude. Troné. Ya no podía con el cuerpo. El organismo no me respondía y me faltaba respiración. En los últimos años me había estado fumando hasta tres cajetillas diario. Imagínate, ¡60 cigarros por día!”.
Actualmente, Roth Contreras es subdirector de la Policía Municipal de Tuxpan. En los gobiernos estatales de Rigoberto Ochoa Zaragoza y Antonio Echevarría Domínguez ocupó diversos cargos en la Procuraduría General de Justicia (PGJ), entre ellos el de subdirector de la entonces Policía Judicial del Estado.
Sobre los padecimientos que ahora enfrenta por su adicción al cigarro, dice que sencillamente está pagando las consecuencias de algo que, como él, muchos viciosos creen que jamás llegará.
A principios de este año, un médico le daba escasos seis meses más de vida, pero ya los dejó atrás. Su consuegro, el ex diputado local Antonio Sandoval Pasos lo llevó con el neumólogo Eduardo Gutiérrez Camacho y éste le impuso un tratamiento que está dando resultados. Roth regresó al trabajo.
Continúa narrando lo sucedido el pasado mes de enero:
“Durante 24 días no pude dormir en una cama; sentía que me ahogaba. Dormía en una silla tipo mecedora pero dura, de Jala. Me consiguieron un sillón tipo reposet y no lo aguantaba. O estaba parado o sentado, pero no acostado. Bajé más de 10 kilos de peso; cuando me atendió el neumólogo me dijo que apenas traía el 10 por ciento de oxigenación. Ahora estoy pagando la factura de todo lo que hice.
“En mi vida, siempre hubo gente que me pidió que dejara el cigarro y no hice caso. Aquí hay una triste realidad: dejé el cigarro porque me enfermé, no porque haya habido un esfuerzo de mi parte. Esa es la verdad. Yo intenté dejar de fumar como 100 mil veces pero de una forma estúpida como lo hacen muchos, creyendo que si empezaba a fumar menos dejaría el cigarro. Eso es hacerse pendejo uno mismo. Eso es engañar a todos pero no al espejo, a uno mismo.
“El cigarro no deja nada absolutamente, pero quien ya está enviciado y de verdad quiere dejar de fumar, debe trabajar como lo hacen en alcohólicos anónimos, proponerse no fumar un día, 24 horas, y al día siguiente igual. Así, pero con firmeza. Pero insisto: quien cree que dejando de fumar gradualmente dejará el vicio, nunca lo logrará. Yo fui uno de ellos y conozco a muchos más”.
POR LA EUTANASIA
Hijo de un alemán y siempre malhablado, Jacobo Roth continúa desmenuzando lo que pasa con el fumador. Considera que en todo esto hay una cuestión mental muy fuerte. Pone como ejemplo que si bien él no ha vuelto a fumar, cada vez que va al baño, en las mañanas, su mente lo lleva a pensar en el vicio.
“El cerebro se acuerda y pide la nicotina, eso no se puede evitar. El doctor me pregunta si he vuelto a fumar y la verdad es que no. Qué sentido tendría estar en tratamiento y seguir fumando”.
Jacobo Roth va más allá:
“He visto a familiares que han estado en cama durante mucho tiempo, entubados, agonizando, y yo no quiero ver a mi familia así. Eso desgasta mucho no sólo al enfermo sino a la familia. Si en mi caso se presentara una situación así, yo ya dejé por escrito que no quiero estar entubado, si acaso unos tres días para dar tiempo a que mis hijos me vean, pero no prolongar algo que ya no tiene remedio. Por eso soy partidario de la eutanasia y no le temo a la muerte”.
El protagonista de esta historia tiene tres hijos: Jacobo es contador público y trabaja en la cementera Apasco, en Baja California Sur; Rocío Guadalupe vive en Tijuana; y Claudia en Tepic.
Pese a que podría anteponer mil pretextos para justificar su fuerte adicción al cigarro, como el estrés por el trabajo siempre ligado a tareas de seguridad, Roth Contreras admite la realidad:
“Dejé de fumar porque me enfermé, no porque haya habido un esfuerzo de mi parte. Es la triste realidad que me sucedió y que le ocurre a la mayoría de los fumadores”.
Por ello, con lo sucedido en enero, cuando ya se veía a un paso de la muerte, simplemente recomienda a los fumadores dejar ese vicio. Y empezar ya, no esperar al siguiente día o semana o año. Y no justificar nada.
EL CASO JULIO TERÁN
En la parte última del sexenio de Antonio Echevarría Domínguez, Roth Contreras fue subdirector de la Policía Judicial. El director era Francisco Sandoval Blasco. A principios del mes de julio del 2005, el día de la elección constitucional, ambos fueron despedidos por negarse a participar en lo que sería una grave violación a los derechos humanos de Julio Terán -recuerda Roth Contreras-, quien había sido detenido un día antes fotografiando el Ranchito de Pérez, una propiedad del ex gobernador Echevarría Domínguez.
“A Julio lo detuvieron los escoltas de seguridad de Antonio Echevarría García, el hijo del gobernador, y la verdad no había ningún delito pero la orden era que fuera llevado a la penal. Entonces Pancho Sandoval y yo nos opusimos porque no podíamos recluirlo así, sin ninguna denuncia.
“Una agente del Ministerio Público se había negado a aceptar la puesta a disposición de Julio y los escoltas de Toño hijo se negaron a declarar. Querían que se inventara que la detención la habían hecho policías de la vigilancia de turno. Nosotros nos opusimos y nos corrieron, pero fue mejor que cometer un atropello que después nos costaría mucho”.
De acuerdo con el entrevistado, al día siguiente escuchó decir a Echevarría Domínguez que el cese fue porque tanto él como Sandoval planeaban atentar contra su persona.
“Eso fue una gran mentira, como también fue mentira cuando dijeron que Julio Terán había intentado brincar la barda del Ranchito de Pérez, ¡oye, ni que fuera salto con garrocha!”.