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19 / Septiembre / 2014

En Corea, aunque es un país muy rico y saturado de múltiples industrias que han invadido con sus productos gran parte del mundo, han declarado que la carne de perro es comestible. Los coreanos siempre han comido carne de perro, aunque el gobierno que lo niega no es muy riguroso en la aplicación de las leyes alimentarias. Nosotros los mexicanos también comemos carne de perro y de gato desde hace muchos años. Los taqueros y birrieros son muy discretos acerca del empleo de estas carnes y tiran lejos las cabezas de los cánidos y felinos que sacrifican para expender además, tamales y carne deshebrada con chile.

Los perros de todas las razas, son descendientes de los lobos salvajes y aún conservan características ancestrales de sus progenitores como aullar de noche y el entierro de huesos que después sacarán. El perro siempre ha sido un animal guardián o de cacería. Algunos los emplean en peleas de apuesta o en carreras en sitios llamados galgódromos. Para la mesa el pretil, nuestros indios aborígenes se comían al perro chaparrito y gordo llamado escuintle, palabra que con el uso de siglos ha derivado en ixcuintla. No es lo mismo la pobreza que se presenta en los hogares mexicanos en nuestros días, que en tiempos pasados cuando la caza era abundante. Antiguamente nunca hubo problemas de alimentación y mucho menos en regiones de abundante fauna. Si llegaba una visita de improviso a un rancho de nuestras latitudes, el problema de la comida se resolvía con facilidad. Vayan y tráiganse un venado rápidamente o si no un puerco jabalí para asarlo.

Había conejos silvestres hasta en los solares enmontados; tlacuaches de carne delicada y fina, faisanes, chonchos, patos ánsares. Podrían llegar a tener hambre solo las personas muy perezosas que no tenían voluntad de agarrar su resortera y traer a la cocina de hornillas y leña ocho o diez codornices para comer. El caso actual de los mexicanos es patético. Aún las gentes pueden capturar en los bosquecillos grandes iguanas, conejos y mapaches, pero tienen miedo de pisar matas valiosas, con el peligro consiguiente. En algunas casas de Tepic ya comen puros frijoles y no tienen seguridad de tener siquiera lo mismo al siguiente día. El gobierno mexicano es hambreador porque retiene y administra mal los recursos del país y además protege con leyes exprofeso, a quienes esquilman con la carestía a las clases trabajadoras.

En tiempos de la revolución hubo un año angustioso que se llamó el año del hambre en que la gente acabó con todos los perros, ratas y gatos, para mantenerse con vida. Hubo también un llamado Puerto del Hambre donde perecieron todos sus habitantes. Esto ocurrió en el año de 1581, en dicha población ubicada en la parte chilena de Tierra de Fuego. Todos murieron exánimes y faltos de víveres. Cuando pasó aquella temible calamidad y el puerto se volvió a poblar, las autoridades trataron de imponer a sus habitantes su nombre anterior de San Felipe o Felipópulis que era el original desde su fundación por orden del rey Felipe II, pero la gente le siguió llamando Puerto del Hambre y así le llama hasta nuestros días. No quisiéramos llegar a llamarle a nuestro México país del hambre, aunque eso ya no es muy remoto. (Cel. 311 230 92 30)