José María Castañeda
La difícil situación por la que atraviesan cientos de ex trabajadores de las desaparecidas plantas de hornos en la capital del estado debe de abonarse a la ahora flamante diputada federal bajo las siglas del PRD Martha Elena García de Echevarria.
La introducción de la presente nota es por que cuando Martha Elena, pretendió suceder en el cargo a Antonio Echevarria, bajo el slogan de campaña Te ofrezco un corazón igual al tuyo se dejó engañar por un víval que responde al nombre de Esteban Ramos Galavis, ampliamente identificado con el remoquete del Chivas quien se presentó ante ellas y si digo ellas es por estaba presente la empresaria santiaguense Lola Porras, como representante de más de 10 trabajadores de la industria del tabaco, diseminados en toda la entidad, cosa totalmente falsa ya que las secciones sindicales fueron dadas de baja ante la quiebra de la paraestatal Tabacos Mexicanos S.A. cuyas siglas eran Tabamex. Creyendo como ninfa engañada por el fauno del bosque Martha Elena, puso a las ordenes del Chivas Ramos, todo el poder del gobierno del estado por medio del entonces secretario general de gobierno, Adán Meza Barajas, por lo que lo primero que se hizo fue poner bajo las ordenes de Ramos Galavis, la junta de conciliación y arbitraje, quien a su ves le dio la toma de nota de un sindicato que carecía de lo principal de un contrato de trabajo.
Tarde se dio cuenta Lola Porras, y Martha Elena, que habían criado un monstruo, que sin miramiento alguno al apoderarse de los bienes que tenía el sindicato de trabajadores de la industria del tabaco cuyo líder en aquellos años era Alfredo Navarrete Casillas, comenzó a administrar los bienes entre los que se encontraban 90 hectáreas de tierra de cultivo de magnifica calidad, donde comenzó a sembrar arroz, y cuyas liquidaciones jamás dio cuenta de ellas argumentando que los patos pipichines se habían comido la cosecha de arroz, abrasé escuchado semejante argumento, los alegatos del seudo líder Ramos Galavis, levantaron la protesta de algunos seguidores que bajo el argumento de que les daría a cada uno la parte que les correspondía a la venta de los bienes, lo seguían sosteniendo protesta que les valió ser expulsados sin derecho a recibir parte del dinero de las cosechas, pago de pro campo, y pago del diesel agropecuario, formándose un grupo contrario mismo que inicialmente era lidereado por Marcos Acosta de la Cruz, Vicente Gutiérrez Manjarrez, Luís Delgadillo, y don Santiago Amezquita, quien hará dos días que falleció.
Más la voracidad de Ramos Galavis, no terminó ahí ya que pese a las miles de protestas de quienes fuimos parte de las diferentes secciones tabaqueras, el Chivas vendió las tierras en poco más de 9 millones de pesos de los cuales a poco menos de 400 personas les entregó 8 mil pesos dejando a los miles de ex sindicalizados sin darles un centavo, ya que el chacal argumentó en su momento que no los liquidó por que habían quedado fuera del sindicato que el representa, argumentando indisciplina sindical, gritando a voz en cuello que hicieran lo que hicieran se la iban a pelar, ya que para eso le había entregado 200 mil pesos al entonces procurador de justicia, Héctor Béjar Fonseca, entrando en escena Martín Gringo Vega, quien valientemente comenzó un peregrinar junto con los verdaderos militantes de los trabajadores de las desaparecidas plantas de hornos, en los juzgados y en la junta de conciliación y arbitraje, ya que en su loco afán el Chivas insistía en que tenía comprados a las autoridades judiciales, y de la junta de conciliación ya que a todos les había dado dinero, cosa que lejos de hacer que los pobres viejos, porque a los Tepicenses, les consta que no hay nadie que tenga menos de 50 años en los movimientos que han hecho y que todavía pese al inclemente frió mantienen en las instalaciones de la junta de conciliación y arbitraje.