ÓSCAR VERDÍN CAMACHO .- (Foto: cortesía paramédicos)


La palabra héroe no la aceptan los cuatro elementos de Protección Civil estatal que participaron en las labores de rescate tras el terremoto en Haití, en enero pasado.

Heroicos no lo somos. Para mí son héroes los que estando tantos días entre los escombros fueron rescatados con vida, señala Juan Francisco Díaz Huizar, conocido como Paco. A las únicas personas que acepta que lo distingan como héroe son a sus dos hijas, de nueve y seis años.

Ursus Gabriel Magallanes Dallí agrega: a mí me quedó algo como una frustración, como que nos quedamos a medias, porque si hubiéramos estado más días allá, habríamos continuado ayudando.

Además de Paco y Ursus, el grupo de paramédicos nayaritas que viajó a Haití lo integraron Pedro Maldonado Carrillo y Jorge Arce Rodríguez.

El 16 de enero, los citados cuatro, junto a personal de Jalisco y del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) participaron en la búsqueda de sobrevivientes en el Palacio Nacional de Haití, en la capital Puerto Príncipe.

Trabajaron durante unas siete horas y rescataron el cadáver de Alutre Herby, coordinador de la guardia presidencial de ese país.


PELIGRO POR RÉPLICAS


Cuando el personal de rescate arribó al Palacio Nacional de Haití, relatan los nayaritas, fueron acompañados por dos ingenieros especialistas en construcción, uno de ellos de la empresa ICA, que evaluaron las condiciones del lugar, los riesgos de que otras partes de la estructura se desplomaran. También iba un médico, dos perros entrenados y tres cascos azules, soldados de la ONU, de Paquistán, por cierto.

Apuntan que se dividieron en dos grupos y cada cual, durante un determinado tiempo, entraba a la zona en ruinas, con herramientas como la pala y pico, para efectuar la búsqueda. Mientras tanto, los que permanecían afuera llevaban una bitácora en la que registraban todo. El médico hidrataba y revisaba cualquier lesión de los rescatistas. Temía alguna infección.

Cuando se presentaban réplicas del terremoto o cuando los ingenieros en estructuras observaban algún riesgo mayor, los rescatistas que estaban afuera hacían sonar silbatos o gritaban para que los otros salieran lo más pronto posible, ante el inminente riesgo de que quedaran atrapados entre los escombros.

Pedro Maldonado refiere: en mi sí pasó que a lo mejor ya no volvíamos. Íbamos con la mentalidad de enfrentarnos a cosas fuertes, muy tristes, y así fue.

A su vez, Jorge Arce apunta: en lo personal queda la satisfacción de haber puesto un granito de arena en la ayuda que se da a un país.

De acuerdo con los rescatistas, el caos que observaron era tal, con miles de gentes alrededor de Palacio Nacional exigiendo ayuda, con hambre, heridos, deambulando, que tuvieron que ingresar por la parte trasera. Los cascos azules de la ONU tenían la encomienda de proteger la integridad de los paramédicos. Apuntan: a nosotros nos conocían como Nayarit, así nos hablaban: oye, Nayarit’.


EL REGRESO


Tras el rescate del cadáver del jefe de la guardia presidencial, los paramédicos fueron regresados al aeropuerto de Puerto Príncipe, que fue usado como campamento militar, de rescatistas, de periodistas

Aun cuando se tenía previsto que la estancia de los rescatistas nayaritas se prolongara dos días más, durante la madrugada del día 17 un funcionario de la Secretaría de Gobernación avisó a Paco Díaz Huizar que tendrían lugar en un avión de la Secretaría de Marina que retornaría a México horas más tarde.

Si bien no hubo una explicación detallada, ellos entendieron que al haber estado en contacto con un cadáver a punto de la descomposición, y sin que se les hubiera vacunado, aumentaba el riesgo de que enfermaran, por lo que se decidió regresarlos a México. Pero no fueron los únicos. Una delegación grande de la Cruz Roja mexicana también volvió en el avión de la Marina, aunque sus integrantes ni siquiera salieron del aeropuerto a trabajar en las áreas devastadas.

Ya aquí, agregan los rescatistas, fueron vacunados contra el tetano.

La estancia en Haití de poco más de un día, se debió al caos que había en el aeropuerto de Puerto Príncipe.

Según el relato de los paramédicos, el 13 de enero por la tarde salieron de Tepic hacia la ciudad de México en un vehículo de Protección Civil que, sin embargo, no fue posible llevar a Haití. Ya no había espacio en el avión. Pero sí cargaron con herramienta de trabajo: palas, picos, grandes tijeras conocidas como quijadas de la vida, neumáticos tipo cojines

Al día siguiente, en un avión del Ejército Mexicano, junto a policías federales, periodistas y elementos de la Cruz Roja, se les trasladó a Cozumel, Quintana Roo. Ahí permanecieron todo el día 15 y hasta el 16 en la madrugada partieron a Haití. Llegaron al amanecer e inmediatamente se les encomendó la tarea en el Palacio Nacional, junto al ERUM y a los representantes de Jalisco.

Apuntan que la estancia en la base militar de Cozumel fue angustiante. Incluso llegó a mencionarse la posibilidad de suspender el viaje por las difíciles condiciones para aterrizar en Puerto Príncipe. Esa situación les inquietaba aún más.

Sin embargo, el haber cumplido con la tarea encomendada les genera orgullo, aunque, como precisa Ursus Gabriel, se quedaron con las ganas de haber continuado allá más días en las tareas de rescate.

Por algo suceden las cosas, quizás si nos quedamos más tiempo nos hubiera pasado algo, añade por su parte Pedro Maldonado.


NO LES CREÍAN


A los paramédicos se les cuestiona por qué precisamente ellos fueron a Haití. Responden que hubo una petición directa de la Secretaría de Gobernación y mucho tuvo que ver que tenían su pasaporte en regla, con excepción de Ursus Gabriel, que en unas horas obtuvo el documento.

Pedro Maldonado apunta que cuando partió a Haití, su mamá se quedó sumamente preocupada por el peligro que correría en aquel país. Al regresar, dice, durante la cena, le pidió a su mamá que le preparara un café como a mi me gusta: un vaso de leche con poquito café. Pedro tiene un pequeño hijo de dos años ocho meses.

Jorge Arce tiene tres hijos y el 13 de enero no tuvo oportunidad de despedirse de ellos. Estaban en la escuela cuando fue a su casa a recoger algunas cosas personales antes de partir. Mi esposa al principio no me creía pero después estuvo preocupada. Nos despedimos conscientes de la situación.

Por su parte, los hijos de Ursus Gabriel tienen 16, 14 y 12 años. Tampoco los vio antes de partir. Su esposa les explicó del viaje.

A su vez, Paco Díaz cumplió años el día 14 de enero, pero por su ausencia fue festejado a su regreso.

Paco y Jorge cuentan con 12 años de experiencia en tareas de rescate; Pedro lleva ocho años y Ursus Gabriel, siete.

Se trata de gente a quien incomoda el distintivo de héroe. Ellos, coinciden, únicamente cumplieron con su trabajo. Con su deber.