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La Güipa: Honor a quien honor merece

Por: Oscar González Bonilla

07 / Mayo / 2015

Homenaje bien merecido rindieron al doctor José Lucas Vallarta Robles quienes de manera estrecha u holgada tuvieron relación de trabajo, amistad o condescendencia con él, por años dedicado a la política con pasión, aparte del núcleo familiar compuesto por su esposa, cuatro hijas y dos varones, así como hermanos.

Fue el sábado 18 de abril, preciso día del cumpleaños 83 de Vallarta Robles, ocasión que casi estoy seguro fue bien aprovechada por el senador Manuel Humberto Cota Jiménez para fraguar, conjuntamente con la familia del doctor santiaguense, la realización de un homenaje trascendental, imborrable en la memoria de quienes asistimos.

Y el acto de homenaje desarrollado en el Teatro del IMSS de Tepic resultó a pedir de boca, es decir, tal y como se deseaba. Un cuarteto de cuerdas, tres guitarras y contrabajo, nombrado Zodiaco, en la sala de espera entonaba viejos boleros, de los que a mí me gustan. Después cuando Cachi hizo su entrada al recinto, cantaron las mañanitas en el interior ante el regocijo de centenares de personas que llenaron hasta el tope la butaquería.

El doctor Lucas, siempre a su lado Manuel Cota, se instaló en la fila de butacas donde ya esperaban su esposa e hijos. En el escenario destacaba la ampliación de fotografía de un rincón de su casa, con vista al jardín, además en vivo una silla mecedora y en una mesita un grueso ejemplar de periódico. Simbolizaba el preferido lugar del doctor Lucas para leer, en él costumbre diaria de mucho arraigo.
Instaladas cámaras en el exterior e interior del recinto pudimos ver dentro en pantalla gigante el arribo del doctor Lucas en compañía de Cota su inseparable discípulo que le guarda desde hace mucho tiempo tanta veneración que lo considera su padre putativo. Manuel Humberto, hoy encumbrado senador priista, llegó al ámbito de Vallarta Robles más que para encontrar adherencia al grupo, ávido de la enseñanza política que bien sabía le podía prodigar el viejo lobo de mar.

Aunque tuve mi primer acercamiento con el doctor Lucas Vallarta Robles durante 1978, cuando él fue subdelegado administrativo y yo jefe de prensa de la delegación estatal de la Secretaría de la Reforma Agraria, cuyo titular era José Higuera Sánchez, deseo referirme a la etapa cuando mi estimado amigo, hoy de 83 años de edad, ocupó por segunda vez al inicio de 2001 la presidencia del comité directivo estatal del PRI.

Lucas Vallarta perdió la elección para gobernador de Nayarit en 1999. A propósito, el tema fue abordado por él con mucha solvencia moral y política durante el acto de homenaje que le ofreció Manuel Cota a través de la Fundación Tepic de Nervo, de la cual este último es presidente honorífico, en los términos siguientes:

Fui candidato a gobernador sin poder alcanzar la mayoría de votos. Pero no fue la derrota mi experiencia adquirida en aquella jornada, tampoco la amargura de mi legado político. Déjenme decirles, con toda sinceridad, que ese momento fue para mí un paradigma en el cambio de comportamiento político para reconocer la realidad sin rodeos, como máximo deber de un demócrata.

Cuando el doctor (por cierto, cirujano dentista por la Universidad de Guadalajara) presidía el PRI de Nayarit, la entidad era gobernada por una alianza de partidos de oposición al tricolor, mientras que Manuel Humberto Cota era regidor priista, de oposición, en el Ayuntamiento de Tepic que tenía como presidente al perredista Justino Ávila Arce.
Convalecía en 2000 de una cirugía en la cabeza para extirpar un tumor no canceroso, cuando el doctor Lucas, en compañía de Antonio López Arenas, me visitó en mi casa. Ya se sabía que iría a ocupar la dirigencia del PRI, por lo que en la comodidad del sillón donde estaba sentado pregunté que a quién se llevaría a Prensa. Aún no lo definía.

Días después a mi domicilio particular, por la noche, llegaron Servio Tulio Berúmen (presidente), Bernardo Macías Mora y David Silva, integrantes de la organización de periodistas denominada APROCON, para darme la buena nueva de que el doctor Lucas había aceptado su propuesta para que un servidor fuera a ocupar la secretaría de información y propaganda. Ahí, tranquilo, terminarás de recuperarte, me dijeron.

Con gusto me fui a colaborar con el amigo. Aunque la conducción del partido fue con base en este estilo de gran conciliador y mesura política del doctor, el trabajo partidista no fue nada tranquilo. Con su aprobación y respaldo hicimos una pequeña revista denominada El Militante para informar de las diversas actividades en el tricolor y que se enviaba para su distribución a todos los comités municipales de Nayarit.

En esa época el regidor Manuel Cota se convirtió en el brazo derecho del presidente del partido. Era Cota quien en todo momento estaba cerca del doctor Lucas, a él confiaba todos los acontecimientos políticos que como regidor de oposición se enteraba, y por supuesto recibía respuesta y sabio consejo del hombre que tenía largo transitar por las amplias avenidas de la política. Cota, en su vehículo particular, lo recogía en su casa para transportarlo al sitio que fuera necesario. Fueron muchas las ocasiones que los tres solos viajamos a colonias de Tepic y lugares de la entidad, sobre todo para presidir reuniones priistas.
Se vino la elección local de 2002, intermedia de julio, antes, el 6 de mayo, el doctor Lucas presentó su renuncia a la presidencia del PRI, inconforme porque desde el centro el comité nacional, presidido por Roberto Madrazo, impuso la lista de candidatos a diputados plurinominales que en los dos primeros lugares encabezaban Salvador Sánchez Vázquez y Liberato Montenegro Villa. La manera arbitraria y unilateral exasperó al prudente y conciliador dirigente al grado que dimitió, dijo, por ser hombre de principios éticos y morales.

Manuel Cota ganó diputación y sin tocar baranda se iría a la presidencia del Congreso del Estado. Por primera vez en mi vida pude desear un cargo: jefe de prensa del poder legislativo. Mi cercanía con estos dos hombres con capacidad de decisión, alentó mucho más mi esperanza de llegar. Sin embargo, se me negó por compromisos políticos nunca explicados, pero intuidos.
Cota felizmente desarrolló su quehacer legislativo, el doctor Lucas renunció, pero jamás a la militancia, yo me fui con la cola entre las patas. Y cada chango a su mecate.