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LA DESIGUALDAD DEL INGRESO-GASTO FAMILIAR

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21 / Julio / 2015

En medio de tanto derroche de dinero por parte del gobierno de la República se nos informa que el ingreso de los hogares mexicanos cayó 3.5 por ciento en lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto. Y no podía ser de otra manera con sus políticas públicas neoliberales al servicio del capital transnacional. Sin embargo no deberíamos sorprendernos de tales hechos propios del capitalismo en cualquiera de sus signos. Como ya lo hemos mencionado aquí, es inherente al régimen capitalista de producción la contradicción social de la concentración y centralización de la riqueza al lado de la popularización de la pobreza.

Para los efectos del estudio sobre el ingreso-gasto de las familias mexicanas el INEGI consideró 120 millones 73 mil 612 habitantes en el país durante 2014 y un promedio de 3.8 integrantes por cada hogar, con un jefe de familia que tenía una media de 48.8 años de edad. El total de ingresos que calculó para todos los hogares ascendió a 1 mil 257 millones 944 mil 71 pesos por cada trimestre del año pasado, de los cuales 79.8 por ciento estuvo compuesto monetariamente y el resto no monetario. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014 que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía lleva a cabo cada dos años, cada hogar mexicano en promedio obtuvo 39 mil 719 pesos por trimestre. De ese promedio los hogares más ricos y que concentran el 35.4 por ciento del total de ingresos del país obtuvieron en promedio 140 mil 783 pesos en cada trimestre del año pasado o 1 mil 564 por día, mientras que el diez por ciento de los hogares del país que son más pobres sólo consiguió ingresos trimestrales por 7 mil 716 pesos, es decir apenas la quinta parte del promedio nacional y el 5.3 por ciento de lo que perciben los más ricos. Por mes los ingresos de los más pobres sólo ascendieron a 2 mil 572 pesos o bien a 85.7 pesos diarios, lo que representa menos de 18 veces el ingreso de los más ricos. Por otra parte el promedio nacional de gasto de los hogares en alimentos, bebidas y tabaco es de 34.1 por ciento pero entre la población más pobre este se eleva hasta el 50.7 por ciento en tanto que los más ricos apenas destinan el 10 por ciento de sus ingresos. Y respecto al gasto en educación y esparcimiento los hogares con los ingresos más altos destinan 20.6 por ciento de sus recursos, mientras los más pobres sólo gastan 5.6 por ciento. Y por si fuera poco, el ingreso trimestral de los hogares mexicanos cayó 3.5 por ciento en los primeros dos años del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto porque nueve de sus diez componentes monetarios y no monetarios se redujeron; se tiene entre otros que los ingresos por el trabajo independiente disminuyeron 8.2 por ciento, que las transferencias se redujeron 11.1 por ciento, que el autoconsumo bajó 28.3 por ciento y que la renta de propiedades disminuyó hasta 69 por ciento, etc.

Si con estos números maquillados por las Instituciones Gubernamentales como el INEGI las cosas huelen mal, imagínense como estará la cruda realidad de los hogares de las familias mexicanas.
El horno no está para bollos. Pero lo más preocupante es que la ineficaz pandilla que gobierna la República no se dé por enterada de la situación desastrosa en que ha hundido al país y no pretenda enmendar sus equívocas políticas públicas. Lejos de restringir el gasto social y el gasto público en general, habría que incrementarlo. Y lejos de privatizar la empresa Pemex habría que rescatarla para la nación. En su penitencia llevan el pecado. En fin.