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09 / Febrero / 2016

Se cuenta que Tales de Mileto (630-545 a.C.), el más famoso de los siete sabios de Grecia, sufría las burlas de sus conciudadanos. Mucha gente creía que si fuera realmente sabio, se habría hecho rico. Cuando este comentario llegó a sus oídos, Tales tomó sus ahorros y compró todas las máquinas de prensar aceitunas que había en su ciudad. El filósofo había estudiado el clima y las estaciones y sabía que, aquel año, los olivos darían una cosecha extraordinaria.

Cuando llegó el tiempo de la cosecha, los agricultores descubrieron que una persona era la propietaria de todas las prensas de la región; si querían obtener aceite para vender, o simplemente evitar que toneladas de aceitunas se echaran a perder, debían alquilar las prensas de Tales de Mileto. Como tenía un monopolio, este se permitió el lujo de cobrar cantidades exorbitantes de dinero. Al final de la cosecha, Tales era un hombre rico. De manera inesperada, vendió las prensas y donó todas las ganancias; así, el sabio demostró que podía haber elegido las riquezas, pero había preferido el camino de la sabiduría. Nadie volvió a burlarse de él.

Lamentablemente en nuestros tiempos, los políticos hacen exactamente lo contrario, en lugar de buscar la sabiduría para hacer bien las cosas a favor de los ciudadanos, ellos buscan la sabiduría como los contemporáneos de Tales de Mileto: como un instrumento que los lleve al éxito y la prosperidad material.

El sabio Salomón en uno de sus proverbios definió la sabiduría como prudencia: da instrucción al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y él crecerá en prudencia.

Ser sabio es ser prudente y si nosotros buscamos en el diccionario la palabra prudencia, encontraremos que una de las mejores definiciones de prudencia es el equilibrio. Por tanto, sabiduría significa equilibrio, y el equilibrio no se aprende en la Universidad, no es fruto del estudio, ni es el resultado de años de investigación y búsqueda. El equilibrio es un don que Jesús concede a aquellos que viven una vida de comunión diaria con él.

Es impresionante observar que para ser feliz es necesario ser equilibrado en todas las áreas de la vida humana. Comenzando por la vida personal pasando por las relaciones familiares y terminando en la carrera profesional. Cualquier tesoro en manos de una persona sin equilibrio es como una hermosa rosa en las manos de un orangután. El animal es incapaz de apreciar la belleza de la flor y acabará destruyéndola.

Una persona equilibrada y por lo tanto un político sabio, anda siempre en la línea del medio. Es decir, está abierto a la vida, al cambio, al aprendizaje constante, dispuesto a escuchar la opinión de todos a fin de tomar una decisión acertada.

Significa que un político que es sabio debe tener humildad. Humildad para aceptar los errores y valor para corregirlos.

Un título académico, un cargo público, no nos da necesariamente un equilibrio, eso no se obtiene de la noche a la mañana y más de un gobernante demuestra en sus actos que no es sabio ni mucho menos humilde.

Por eso, además de gobernantes honestos, nos hacen falta gobernantes con sabiduría, gobernantes con equilibrio. Que sepan escuchar a sus gobernados y los tomen en cuenta a la hora de tomar las decisiones y prefieran antes que la riqueza, tal como lo hizo Tales de Mileto, la sabiduría

Mi correo: guillotinakora@yahoo.com.mx