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22 / Abril / 2016

Este viernes 22 de abril se cumplen 24 años de la tragedia que sucedió en la ciudad de Guadalajara, en el vecino estado de Jalisco. Una catástrofe cuyas secuelas aún perduran en gran parte de la ciudadanía de aquel lugar y posiblemente de otras partes no nada más por haber perdido parientes, amigos o conocidos, sino por permanecer en su mente cómo pudo haber sucedido algo tan espantoso.

Infinidad de especulaciones surgieron al respecto desde el primer instante de la explosión en el sector Reforma, en donde la calle de Gante fue la más afectada en poco más de un kilómetro, así como calles aledañas y hasta en otras partes un poco más alejadas en donde ya nada más se había reventado el concreto hidráulico tal vez como pequeñas réplicas de la fuerza que se había concentrado en la mencionada calle de Gante.

La primera especulación la dio el mismo gobierno municipal diciendo que el origen de la explosión se había dado en una aceitera que había vertido productos químicos en el drenaje; posteriormente salió al paso el gobierno estatal desdiciendo lo anterior y afirmando que la verdadera causa se había originado en una planta de Pemex ubicada en La Nogalera, al sur de la ciudad y cercana a la Zona Industrial. Palabras que tomaron muy a pecho autoridades de Protección Civil, que de inmediato se dieron a la tarea de ir a las colonias cercanas a dicha planta de Pemex e inducir a la gente que abandonara sus casas por otra posible explosión; sin embargo, los mismos vecinos les decían a los de dicha dependencia que pensaran mejor las cosas, que toda la fuerza que había originado la explosión ya había dado todo lo que tenía que dar, que ya no había presión de nada pues esta ya había escapado con la explosión, y que dicha evacuación debió haberse anticipado al tronido y no ya a toro pasado; así que muchas familias tildaron de a loco a los de Protección Civil y no les hicieron caso de evacuar, y el tiempo les dio la razón a los vecinos, pues ya no sucedió nada.

Pero también hubo otras voces no gubernamentales que no dieron crédito, ni lo siguen dando a la explicación oficial de que habían sido derrames de combustible al drenaje no que había ocasionado la tragedia, sino la acumulación de excremento en un sifón que se había construido en el colector de aguas negras en lo que antaño había sido el río San Juan de Dios, y que con la construcción de la línea 2 del tren ligero, en el crucero de la Calzada Independencia con la Avenida Juárez (en el sector del mismo nombre)-Javier Mina ( en el sector Libertad), se había hecho un sifón parecido al bajante de los lavabos en donde toda la materia fecal se había acumulado y al no haber corriente de agua y, posiblemente también con los supuestos derrames de productos tóxicos, químicos y de combustibles, se había dado paso a un producto altamente explosivo, pues el excremento también genera una alta cantidad de gas metano y otras substancias que lo hacen muy peligroso encontrando las circunstancias adecuadas. Y esos fétidos olores ya son permanentes en dicho crucero en plena zona de San Juan de Dios, que se acrecientan aún más en tiempos de calores y sequía.

Aquí en Tepic, en donde topa la calle Lerdo, en la avenida México, en la acera poniente a un costado de conocido hotel, existe una alcantarilla que por lo regular se ve llena de basura y de donde emanan unos fétidos olores como los que se huelen en las esquinas de la misma avenida y la calle Hidalgo, la Zapata y la Morelos; y precisamente en el cruce de la avenida México y la calle Hidalgo, una famosa farmacia tuvo que poner una puerta de cristal en su entrada porque esos malos aromas se volvían casi insoportables en el interior del negocio. Y justamente esos apestosos aromas que se esparcen en el Centro Histórico de la capital nayarita a mucha gente que en 1992 estuvo ligada a la perla tapatía por equis razones, les recuerdan la explosión del 22 de abril de aquel año, pues es un aroma muy similar como el que antecedió al suceso que enlutó miles de hogares y que dejó sin casa y vehículos a mucha gente.

Hasta hoy en día, aquí en Tepic no se sabe que haya un programa de estudio sobre lo que vierten al drenaje talleres y negocios de todo tipo en donde utilicen químicos o solventes que por la facilidad para deshacerse de ellos, podrían echarlos a la red de drenaje para juntarse con las aguas negras y así hacer una revoltura que en dado caso, podría convertirse en algo muy explosivo, por lo que no estaría de más que se pusiera atención al respecto.