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Pues según las autoridades hacendarias el aumento tan drástico del precio del dólar no afectará en lo esencial al bolsillo de los mexicanos. Esto más bien se podría tomar como una burla más a la población a quien se le ha afirmado que tampoco el aumento de los combustibles le perjudicará en lo absoluto; y ahora hay voces que señalan que todo es psicológico, que es la mente de gran parte de la ciudadanía la que genera la psicosis de que todo aumentará y que lesionará gravemente el bolsillo de la población de a pie.

Sin embargo, es de suponer que todo aumentará, ya que si es por el aumento a los combustibles, se entiende que todo se mueve en vehículos automotrices, todo, y todo motor de combustión interna necesita de carburantes para poder hacer cualquier clase de movimiento, porque hasta el día de hoy no se han dado a conocer motores que funcionen como los pulmones: con puro aire de la atmósfera, aire que hasta el día de hoy es todavía gratis para los humanos.

Pero lo peor es que el aumento del dólar por obvias razones tiene que afectar la de por sí ya depauperada economía de los mexicanos debido a que ahora con la mentada globalización nuestro país ha basado aún más su economía en importaciones de infinidad de productos para todo tipo de uso cotidiano, porque incluso, se han hecho a un lado productos nacionales para darles paso a los que llegan de otros países, principalmente de China; por lo que un comerciante de aparatos electrónicos ni modo que siga manteniendo los mismos precios de productos de importación ahora que el dólar ha rebasado los 20 pesos (que en realidad serían 20 mil de acuerdo a la paridad hasta antes de 1976, pues en 1993 al quitársele tres ceros a la moneda mexicana, un mil pesos pasaron a ser un peso), porque es obvio que ese comerciante tiene que ajustar los precios a como los paga en dólares. Y si es un buen comerciante mexicano que se precie de serlo, hasta la mercancía que ya tenga en bodega y así la haya comprado cuando el dólar estaba a 15 pesos, de todos modos la tiene que subir de precio; y en caso de que alguien le reclamara al respecto, presentará una factura nueva en donde comprueba que ya pagó a más de 20 pesos el dólar y asunto arreglado.

Algo parecido a como le hacían antaño la mayoría de los abarroteros cuando se enteraban de que aumentaría el precio de los cigarrillos y que se daban a la tarea de ocultar en la trastienda todos los paquetes de este producto que ya tenían en existencia hasta que se autorizaba el aumento, entonces ya aparecían como por arte de magia un enorme surtido de cajetillas de toda clase de marcas de cigarrillos. Pero antes de que se autorizara el precio había enorme escases de este producto en la mayoría de las tiendas de abarrotes y de autoservicio, en donde si acaso dejaban de los más económicos o de los que casi no se vendían. ¿Y esto por qué? Pues para obtener más ganancia, ya que si los paquetes que habían adquirido con anterioridad al aumento los habían comprado a determinado precio, al autorizarse el aumento le sacaban más ganancia a esos paquetes anteriores.

Así podrían conducirse ahora los comerciante que por la naturaleza de sus giros tienen que importar productos de otros países, que si tienen mercancía almacenada en bodega comprada en dólares más baratos, ahora les pondrán el precio adecuado de acuerdo al aumento aunque todavía no paguen nada en dólares de más de 20 pesos. No sé si me explique, pero por ahí va la idea.

Ahora con el auge de los teléfonos móviles es obvio que tengan que aumentar de precio igual como sus implementos, pues estos aparatos vienen por lo regular de China y de otros países allende la Mar océano, ya se Pacífico o Atlántico. Ahora quien quiera comprar unos audífonos, de esos que por más económicos solían costar un dólar, perdón, 20 pesos, ya no los encontrará al mismo precio, precisamente porque los importadores los tienen que pagar en dólares al precio que ya está establecido.

Entonces, cuál cosa psicológica según las autoridades hacendarias. Porque también pronto se tendrán que ver aumento en los precios de refacciones automotrices, tal vez hasta en servicios de televisión de paga y quizás hasta en las tortillas, porque se antepondrá de pretexto el aumento del dólar y así algunos comerciantes jamás hayan comerciado en dólares, de todos modos aprovecharán el trancazo para llevar agua a su molino. Los tortilleros aducirán que las máquinas tortilladoras necesitan refacciones alemanas, ucranianas, etcétera, aunque no sea así.