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11 / Noviembre / 2016

La lectura de las cartas, el deseo común de conocer el destino, propio y de los demás; el querer saber si el negocio a poner tendrá éxito; saber si uno está ‘trabajado’ con brujería o hechicería; lo esotérico –mal comprendido, por supuesto- y lo mágico.

¿Es verdad todo eso, o es pura charlatanería? Mucha gente –por lo general mujeres- asegura que si hay resultados efectivos en ello, y hasta llegan a pagar, por las lecturas, buenas cantidades de dinero, y satisfacción garantizada. Pero, ¿cuál es el origen de las cartas del Tarot?

Tengo a la vista las 22 cartas del Tarot; traen imágenes muy curiosas. Una lleva el número cero, y se identifican con estas denominaciones: El Loco, o El Tonto (número cero); El Mago (1); La Sacerdotisa (2); La Emperatriz (3); El Emperador (4); El Sacerdote (5); Los Enamorados (6); El Carro (7); La Justicia (8); El Ermitaño (9); La Ruda de la Fortuna (10); La Fuerza (11); El Colgado (12); La Muerte (13); La Temperancia (14); El Diablo (15); La Torre (16); La Estrella (17); La Luna (18); El Sol (19); El Juicio (20); y, El Mundo (21). Son los llamados ‘Arcanos Mayores’. La baraja común es usada como complemento en la ‘lectura’. Ahora vayamos a lo que se nos dice sobre su posible origen.

Allá por el interesante siglo XVIII, un libro titulado ‘El Mundo Primitivo’, de la autoría de Antonie Court De Gebelin, lo menciona. Aludiendo a un antiguo libro egipcio, salvado del incendio de la Biblioteca de Alejandría, cuando Julio César conquistó Egipto: Contenía sus enseñanzas perfectamente conservadas sobre los temas más interesantes. Este libro del antiguo Egipto es el juego de los tarots, y los tenemos en los naipes. Yo no acepto esta tesis, y estoy de acuerdo con el énfasis que se dá al señalar que tales naipes –y aquí se habla de la baraja común, no de la de los Arcanos Mayores- eran desconocidos en Europa hasta antes de mil 300; las 78 cartas originales aparecen por primera vez en 1325. Pero, se nos aclara que la común era de 56 cartas, más las 22 de los arcanos Puras conjeturas y charlatanería, pues.

Se nos dice, también, que el tarot más antiguo proviene de la corte del rey Carlos VI de Francia, o sea, el siglo XIV.

Se cree que los grabados simbólicos de las cartas del tarot contienen gran parte de una doctrina esotérica trascendental –yo no lo veo así-, y que es una obra de magos y ocultistas, ya que ven sus creyentes allí implicaciones doctrinales de astrología, alquimia, cábala, teosofía, budismo, satanismo, gnosticismo, etc. Que hay relevantes conexiones con un conocimiento prohibido por la iglesia católica. Se reconoce que tales imágenes despliegan la imaginación y despiertan el subconsciente. Puede ser buen negocio.