Por: José Ma. Narváez Ramírez. .- Todo estaba listo allá en la selva de Caprioni, el viejo rey de melena negra, para lanzar a los cuatro vientos la convocatoria para los premios anuales que por estas fechas se acostumbraba otorgar a los dizque periodistas más destacados de su reino, pero antes de lanzarla, el monarca se dio cuenta de que el gremio estaba muy dividido y era cuestión de analizar a fondo las consecuencias de que los festejos fueran parejos para no herir susceptibilidades, ya que no sería posible tenerlos contentos a todos, porque de los 300 candidatos solamente siete serían los premiados y aquello era un hervidero de animales que se sentían (todos) con derecho a premio.

Los resultados del año anterior habían dejado una honda huella de envidia entre los que presumían de compañerismo grupero, ya que eran seis o más quesque asociaciones, unas derechas y otras chuecas, integradas por la animalada, así que Caprioni, al constatar que nadie quedaría conforme con la decisión que se tomara, optó por designar a los que se destacaran por ser los más negativos y mitoteros, y en lugar de otorgarles un premio se les consignaría a las autoridades por ejercer la delincuencia en lugar de defender con honestidad y dedicación, la dignidad de la libre expresión.

Los búhos que fungirían de jurados calificadores, aceptaron el reto de escoger a los nefastos changos que fungían como seudo exponentes del periodismo, no siendo otra cosa que mercenarios de la noticia pagada por el mejor o el más corrupto postor que con gusto les seguía el juego, ya que les resultaba en cierta forma barato, engatusar a los animales que conformaban el reino de Capiorni, y (aquí entre nos) ya tenían rato que sabían el jueguito y aparte de que pié cojeaban estos falsos y aviesos esperpentos, pero se hacían disimulados porque aquellos vivían de las migajas que los que jugaban el juego de la politiquería, les daban.

Además, de algo tenían que vivir aquellos que habían tenido que escoger entre trabajar en lo que pudieran o vivir del último reducto en que se había transformado la información amañada. Era un trafical de chayotes rayano en vil burla y la rebatinga.

Cuando Caprioni estaba por lanzar la famosa convocatoria, los simios se dieron cuenta de que no se iba a realizar por ese camino y que, por el contrario, el rey había decidido castigar a todo aquel que se creyera ilusamente representante del verdadero periodismo, inmediatamente nombraron una comisión escogida entre la changada, que se ostentaba como representativa, para ofrendar sus respetos al soberano y aceptar sin condición alguna, la decisión que tomara para seguirlos premiando.

Y Control señoras y señores Control ahí murió la manifestación de desaprobación o desacuerdo por la forma de elegir a los triunfadores del presente año y Caprioni volvió a callarles los trompudos hocicos, haciéndolos recibir a güevo las pinchurrientas preseas que se otorgaban a través de los representantes de la educación