Por: Miguel Angel Casillas Barajas

No cabe duda que este mundo está lleno de vibra esotérica, y ya en ese tenor todo es posible, como por ejemplo: EL llegar algún día a encariñarse de alguna mascota, o de un fetiche o ¡vaya! de cualquier simple objeto que signifique algo en nuestras vidas. Ese algo que nos servirá en el futuro para recordar algún momento agradable o importante que quedo grabado para siempre en nuestra memoria. Se me ocurre, que tal vez, algún suceso, o quizás de un pasaje bello, no se, algo ese algo que viviste al lado de alguien que fue muy significativo para ti. Tal es el caso de lo que nos pasó a mi familia y a este servidor con la vieja FORD Ranger modelo 1985; esa camioneta, que por muchos lustros ha sido partícipe de nuestros momentos de tristezas y éxitos, de instantes inmensos de alegría y del cotidiano transcurrir de nuestra vida familiar; ella siempre nos ha sido fiel y ha estado presente.

La Lupe, como también la bautizamos de cariño, habría llegado casi de improviso a nuestras vidas. Y fue en aquellos días en que nuestra economía no andaba muy boyante que digamos. (¿Pos Cuándo anda boyante?)Mi hermano Julio, conociendo nuestra situación precaria y al saber también que nos habíamos quedado prácticamente sin vehículo alguno, nos ofreció su apoyo y casi a un costo simbólico nos legó esa vieja camioneta Ranger, ya estaba de por si un poco destartalada, pero por lo menos en esos momentos, rodaba. Así de esa manera casi fortuita llegó La Ranger 85 a nuestro poder.

A partir de ese momento, nuestra camioneta, no tuvo un minuto de descanso y como si su vetusto motor estuviera dotado de la sangre y el espíritu combativo de un guerrero vikingo se convirtió en el apoyo que necesitábamos en la familia para desarrollar todas nuestras actividades comerciales, tanto de nuestro taller de electrónica, cargando pesados televisores y pantallas, como así también en otras actividades particulares en donde su presencia era imprescindible. A La Lupe siempre se le podía ver cargada, incluso hasta en altas horas de la noche con mesas, sillas, estufas y todo tipo de enseres, o también cargando arena, cal, cemento, en fin, en todos los casos siempre poniendo el corazón por delante y su mejor esfuerzo a nuestro servicio.

Recuerdo aquel día, en que la bautizamos con el nombre de: La Lupe, el nombre se lo otorgamos también casi de manera accidental. Fue la primera de las tantas ocasiones en que quisimos venderla para adquirir otro vehículo un poco mas nuevo. Al tratar de realizar la operación de venta, y en el momento preciso de subirse el cliente a probarla, la camioneta, no quiso funcionar por nada del mundo, como si se negara a irse de nuestro lado. Desistiéndose el cliente de comprarla y cancelando totalmente la operación.

Al siguiente día la encendimos nuevamente y funcionó normalmente como si nada hubiera pasado; fue en ese preciso momento que mi esposa hizo un comentario chusco sobre ella: ¡Vaya, no nos hicimos de una LUVE (Camioneta chevrolet, que pretendíamos adquirir) pero nos quedamos con una LUPE ja, ja! Desde ese momento, a raíz de ese comentario, fue como nació el nombre de la camioneta como: La Lupe.

Pero su historia no termina ahí, recuerdo aquel fatídico día 12 de Diciembre en el que hubo ese desafortunado accidente en la carretera internacional cerca de El Pichón, cuando un pesado trailer cargado con Cal, se quedó sin frenos y embistió a todos los carros que estaban estacionados al lado derecho de la carretera.

En ese lugar también estaba estacionada La Lupe incluso quedó a escasos centímetros de donde el trailer se volcó, y casi le resollaba de frente, sin que este último, ni tan siquiera la tocara y pese a que los carros que estaban adelante y detrás de ella estaban prácticamente hechos pedazos. Nadie pudo explicarse, como la Lupe había sobrevivido a esa catástrofe, sin que recibiera ningún golpe, ¡vaya! ni tan siquiera un solo rasguño, para sorpresa de todos los que estuvimos ahí presentes.

Después de ese accidente, decidimos nuevamente hacer otros dos intentos más por venderla y nuevamente, La Lupe se descomponía, minutos antes de que los compradores se la llevaran. Incluso, en la última de esas dos ocasiones en que quisimos venderla, estábamos ya convencidos en que nos libraríamos de ella a como diera lugar, pero antes, la llevamos a un taller mecánico para que le corrigieran un problema en los cambios y así entregarla a su nuevo dueño en las mejores condiciones posibles.

Un cliente le vio el signo de pesos en el taller y le gustó y sin más preámbulos nos adelantó una cantidad de dinero como anticipo. A mí se me hacía raro que hasta ese momento La Lupe no protestara y se dejara vender tan dócilmente. Pero poco antes de entregársela al comprador, y estando todavía en el taller mecánico donde se estaba realizando la reparación, cuando acudimos a recogerla, encontramos al mecánico sollozando sentado a un lado de ella, sin voltear a vernos y tapándose la cara con las manos y con la cabeza inclinada hacia el suelo, exclamo angustiado: Señor, le tengo malas noticias, la camioneta esta desvielada, yo le juro que no le hice nada!- ¡Solo la eche a andar y se frenó el motor ¡ se desvíelo sola !-.

Yo, ya me esperaba algo así, por lo que tomé el informe que el mecánico me daba con toda serenidad y me dije a mi mismo: -Nuevamente la Lupe nos la aplicó, se desvíelo por si sola renegando por nuestra insistencia de deshacernos de ella.

Y Como era lógico, nuevamente se deshizo el trato.

Molestos por la situación dejamos pasar algunos días para meditar el destino que le daríamos a la Lupe. Poco después, en una reunión familiar acordamos por unanimidad otorgarle el indulto a ser vendida bajo ningún precio, y definitivamente decidimos adoptarla para siempre, primero, por su negativa de separase de nosotros y después, porque simplemente le reconocimos sus méritos en las batallas que juntos hemos librado y salido airosos, así de fácil, La Lupe, se ganó a pulso un lugar como un miembro mas de nuestra familia. Pero como en estos momentos estaba todavía desvielada, ni hablar, no nos quedó de otra que instalarle un motor nuevo y de paso también está en el proyecto darle un baño de pintura, para que luzca nuevamente como en sus mejores días.