Por Óscar Verdín Camacho
(Información y fotos)
Cientos de jóvenes gritan en el monumento al Ángel de la Independencia: ¡El que no brinque es puto, el que no brinque es puto!
Y todos se ponen a brincar, y lanzan al aire botes de cerveza, y lanzan al aire balones de fútbol, y vuelven a correr alrededor del Ángel, y vuelven a gritar: ¡México, México, México!, o la nueva composición: ¡en dónde están, en dónde están, esos franceses que nos iban a ganar
Un joven de pelo abultado y chino se une al festejo por el triunfo de México frente a Francia, por dos goles a cero, y de repente es cargado en lo alto, paseado de brazo en brazo: ¡Ochoa, Ochoa, Ochoa! –le encuentran similitud-
La cerveza en bote y botella abunda entre los muchachos. Las caguamas heladas. Si hay prohibición para estacionarse en la Insurgentes, durante el festejo nadie respeta esa regla. Hay decenas de carros estacionados junto al camellón central sin que autoridad alguna lo impida. El tránsito vehicular es lento. Las banderas de México ondean bonito.
Alguien lleva un conejo y vuelven las porras: ¡conejo, conejo, conejo!, en referencia al Conejo Pérez.
Un grupo de jóvenes, alcoholizados, pasan del festejo al desmadre: paran vehículos y en montón los mueven de un lado a otro. Los que se resisten reciben mentadas de madre o baño de cerveza.
El conductor de un taxi amarillo, molesto, baja del coche y encara a los jóvenes. La reacción es inmediata: le lanzan más de 10 botes con cerveza medio vacíos. Dos policías municipales intentan detener a un muchacho pero otros lo impiden. Tarea imposible. Cuando el taxista se va, le llueven maltratadas.
Los balones continúan volando de un lado a otro. En una de esas, uno se estrella en el parabrisas de una camioneta que va circulando. Lo quiebra, pero entre la multitud, nadie fue y nadie supo.
Vuelan cachuchas y zapatos.
Dos muchachas asoman medio cuerpo desde un vehículo de cuatro puertas. Ambas traen puesto sombrero charro. Como el carro circula lento, a una de ellas le arrancan el sombrero y es lanzado a la multitud. Las dos muchachas bajan del carro y se adentran entre el gentío para rescatar el sombrero apachurrado.
A su paso, un motociclista recibe coscorrones en el casco.
Ebrios, da la impresión que muchos jóvenes serán atropellados en una de esas.
Agentes de tránsito y policías aguardan a distancia.
Los brincos, bailes y cantos continúan a lo largo de la tarde.