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Bueno, pues llegó la fecha anunciada en que se daría a conocer lo que gran parte de la población tepiqueña ya sabía o al menos intuía: que habría aumento en la tarifa del Servicio de Transporte Urbano (STU). Para la mayoría de los tepiqueños era un hecho de que el aumento iba a quedar en siete pesos, porque los permisionarios y concesionarios siempre se van arriba en sus peticiones a sabiendas de que al haber arreglo, se ajustaría la tarifa no en lo que pedían los concesionarios, sino en lo que se dictara por medio de las autoridades. Poco aumento tal vez para los permisionarios, pero de todos modos lesivo para los usuarios.

Es probable que la mayoría de las autoridades encargadas de proporcionar el aumento a las tarifas del STU, hagan poco uso de este servicio y más que jamás lo hayan hecho, incluso los mismos concesionarios si se suben a un camión es posible que no paguen, por lo que no saben lo gravoso que es para la población tener que pagar tanto para poder trasladarse tanto a sus trabajos como a sus domicilios. Y también podría ser que las autoridades encargadas de ajustar dichas tarifas ya tengan mucho tiempo sin subirse a estas unidades.

Pero, ¿por qué tiene que haber aumento y no reducción de tarifas en el STU? Según los encargados del caso se revisaron estudios del INEGI y otras dependencias y que sin hacer comparación con otras entidades es por lo que se llegó a esta determinación de incrementar el costo del pasaje en los camiones y combis; sin embargo, ¿se habrá desglosado cómo se ocupan los centavos de cada peso que ingresa a las arcas del STU? ¿Cuántos centavos se van para mantenimiento e impresión de boletos, cuántos centavos para el salario de los choferes y cuánto para el combustible? Pero como se ve, únicamente los estudios se hacen sobre ganancias y pérdidas de los concesionarios y permisionarios y no con base al salario que percibe la mayoría de la población que hoy en día deja buena parte de su salario diario en el transporte, y más quienes son de familia numerosa y por diversas circunstancias sus hijos tienen que ir a la escuela en camión combi tal vez por no haber habido cupo en alguna de las escuelas cercanas a sus domicilios.

Al desglosarse en qué se ocupa cada centavo de cada peso que ingresa por el pago del servicio, se comprobaría que sí hay ganancias para el pulpo camionero y que en verdad no hay tantas pérdidas como claman ellos, y más si se tuviera en mente que el STU es un servicio social y como tal se debe de considerar siempre y que no sea con el afán de lucro. De ahí que si en verdad estuvieran operando con números rojos, desde cuando permisionarios y concesionarios del STU hubieran avenado la toalla; pero no, ahí siguen y siguen, ¿por qué? Tal vez porque quizás tengan en mente en convertirse en millonarios obteniendo enormes ganancias y no las justas en que tanto público usuario como concesionarios, ganen mutuamente.

Ahora bien: muchas de las unidades que andan en servicio ya dejan mucho que desear en cuanto a calidad, muchos choferes se comportan indebidamente con el pasaje y no ponen atención en que se respeten los lugares designados para gente de la tercera edad, mujeres embarazadas y personas con capacidades motrices diferentes y con deficiencia visual. Y hay unidades que no cuentan con estos asientos preferenciales pintados de color amarillo, cosa que todos los camiones de verían traer.

Y a propósito de unidades en mal estado, de nueva cuenta viene la promesa por parte de los concesionarios del STU que mejorarán las unidades y que capacitarán a los conductores; y esto desde luego es el cuento de nunca acabar, porque es una promesa que se hace cada vez que se solicita aumento de pasaje, y si bien en el sexenio anterior se pusieron en servicio algunas unidades nuevas, estas no cubrieron al cien por ciento todo el campo vehicular, quedando en circulación buena cantidad de unidades ya listas para ser descontinuadas.

¿Y en qué consistirá la capacitación a los choferes del STU? Porque se supone que ya deberían estar capacitados para cumplir con su servicio social, pero no, porque la mayoría de los choferes se sienten como si fueran los reyes de su unidad y que ahí, quienes van a bordo son sus súbditos y que tienen la obligación de tener que obedecer todos sus deseos.

A los conductores que ya tienen tiempo y a los de nuevo ingreso, se les debe de dar conocimientos en relaciones humanas y sociales y hacerles ver que están para servir y no para que les sirvan. Pero en fin. Sea pues. Vale.