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22 / Enero / 2018

Iba a escribir sobre si Mijail Timofeyévich Kalashnikov estaba en el ‘infierno’ pero otro tema me atrapó: el caso de Manning Assange y Snowden. Ví un trabajo interesante en ‘La Jornada’, de Eduardo Subirats (julio 13, 2013), el cual, a pesar del tiempo, tiene vigencia.

Subirats nos dice que el crimen de estos personajes fue el poner de manifiesto la corrupción metalingüística de la administración política mundial; exponer a la conciencia global el sistema electrónicamente codificado de mentiras, de transacciones criminales y de un poder político brutal, oculto tras los software y las pantallas del espectáculo global.

Se revela que se trata de una conspiración brutal que conlleva como objetivo el control absoluto de todos los habitantes del planeta –de nosotros–, mediante los sistemas de información, la utilización de programas capacees de detectar y almacenar información sobre la vida de las personas físicas, desde su cotidianeidad hasta sus más sublimes ideales, pasando por sus actividades económicas o políticamente relevantes: una vigilancia totalitaria, universal; totalitarismo electrónico y lingüístico.

El acoso, la persecución, e incluso la tortura sobre Snowden, Assange y Manning son una reacción política de autoprotección de ese mismo sistema y ponen de manifiesto su fuerza cada día más devastadora. Tratarlos como criminales por haber revelado sus crímenes contra la humanidad revela la absoluta opacidad y la completa impunidad de ese poder. Al mismo tiempo pone de manifiesto los objetivos y el concepto de esclarecimiento en el mundo contemporáneo. Primero: el análisis y la crítica de la guerra científica, de los sistemas de destrucción administrada de los ecosistemas, los hábitat naturales y las comunidades humanas, en nombre de una defensa contra aquel mismo terrorismo que ella genera. Segundo: el análisis reflexivo y la crítica de los sistemas, los lenguajes y los iconos de la propaganda total que rige la vida cotidiana en las democracias posmodernas. Tercero: la crítica de los sistemas de vigilancia electrónica universal. Esas son los tres de toda reflexión libre y emancipadora sobre el mundo histórico y natural contemporáneo. Junto a un cuarto y último momento: la destrucción sistemática del ecosistema por las corporaciones industriales

Se trata de Estados Unidos y las naciones de la Unión Europea –algunos pensarán en las profecías bíblicas, en los dedos de los pies de la estatua de Daniel y el imperio de la bestia–

Los que han leído a Orwell, a Huxley, o a Alfred Kubin, es decir los libros «1984» «Brave New World» y «Die Andere Seite», reflexionarán sobre esas tenebrosas visiones y pesadillas políticas. En Kubin vemos a un poder estatal fundado en la propaganda, con una forma de vida degradada a su expresión más inhumana, un sistema político fundado en el genocidio científicamente organizado y un control policial (sic) absoluto sobre sus súbditos. La propaganda totalitaria, omnipresente, es capaz de representar el infierno en el que se vive en el paraíso más sublime, la devastación biológica del planeta y el empobrecimiento financiero como los signos resplandecientes de un nuevo orden mundial fundado en la dignidad humana, la soberanía democrática de los pueblos y de la razón.

En Orwell se vé una burocracia que ha desarrollado sistemas de vigilancia y control sobre la población civil de extrema manera; un poder corporativo total sobre las palabras y los lenguajes, sobre la vida emocional e íntima de las personas, sobre su productividad y su consumo, y sobre los restos de una vida espiritual fragmentada, degradada y dispersa.

Por su parte, Aldoux Huxley nos describe una civilización racionalizada y tecnológicamente hiperdesarrollada que había reducido la cultura humana a grados máximos de degradación moral. En este mundo no existe el arte y la cultura, la literatura, estaba suplantada por el entretenimiento; no existen los libros, las universidades se expanden como grandes sistemas de control del conocimiento y de persecución corporativa de la inteligencia reflexiva; también se ha mutilado lingüísticamente todo impulso social de rebeldía y todo instinto creador. Y en ese «nuevo mundo» todos consumen droga que simula como reales las fantasías de paraísos virtuales de otro modo inalcanzables.

Interesante información la de Eduardo Subirats, pero no queremos dejar este espacio sin mencionar algo que se lee en los controvertidos «Protocolos de los Sabios de Sión» : Organizaremos una crisis económica mundial, universal, por todos los medios que nos sean posibles con ayuda del oro, que casi en su totalidad está en nuestro poder. Simultáneamente echaremos a la calle () masas enormes de obreros (Acta Tercera) nuestro primer deber es arrancar del espíritu de los cristianos hasta la concepción misma de Dios, y sustituirla por cálculos aritméticos y por las necesidades materiales de la vida (Acta Cuarta) La lucha por la superioridad y las continuas especulaciones en el mundo de los negocios crearán una sociedad desarrollada, egoísta y sin corazón (ibídem). Pero, mejor léalo.

Rescoldo del esguince: ¿Que Peña Nieto pertenece a la masonería? Así lo leí en un artículo de Alberto Vieyra Gómez, en su columna «De Pe a Pa»