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21 / Marzo / 2018

Según nuestra historia, Xicoténcatl el Joven, príncipe tlaxcalteca, quien se oponía a ayudar a los españoles para atacar a los mexicas, fue ahorcado por decisión del Consejo de Ancianos, quienes determinaron que las aseveraciones del Joven eran erróneas; pero después se dieron cuenta que tenía razón, ya que Xicoténcatl el Joven aducía que una vez vencidos los mexicas, los tlaxcaltecas también serían avasallados por los hombres blancos y barbados.

El Consejo de Ancianos, un consejo que existía en la mayoría de las naciones no nada más mesoamericanas, sino de otras partes del mundo. De ahí, se dice, surge El Senado, palabra que se deriva de senectud, de ancianidad. Así que se supone que El Senado, tendría que ser compuesto por puras personas mayores, llegados a la tercera edad con la experiencia y sabiduría que dan los años; claro que esto no se le da a todos, pero algo se aprende a lo largo de una vida de más de 60 años.

Sin embargo, en nuestro país ya todo desvirtuado en todo, esto no rige, ya que por lo regular, últimamente han sido senadores jóvenes hijos de encumbrados políticos o de gente encumbrada económicamente, jóvenes que en realidad, por su poca edad no pueden aportar nada bueno para el país por más doctos que sean en alguna materia o profesión, porque aquí se podría aplicar la famosa frase de que más sabe el Diablo por viejo que por Diablo.

A estos imberbes senadores les falta la experiencia que dan los años, los recuerdos históricos, pues no basta con que los hayan leído, sino también haberlos vivido o haber estado lo más cercanos a diversos acontecimientos relevantes para la vida de nuestro país.

Si ya estaba desvirtuado el Senado de la República, más se desvirtuó cuando se tuvo que reformar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para poner como requisito un mínimo de 25 años de edad para ser senador. Reforma que fue muy sonada debido a que se dijo en su momento por los analistas de ese entonces, que dicha reforma constitucional estaba dedicada al niño verde Jorge Emilio González Martínez, hijo del dueño de la franquicia del Partido Verde, y posiblemente así fue, porque en cuanto se reformó la Carta Magna, González Martínez pasó a ocupar su curul como senador.

Quizás no les falte razón a quienes aducen que tanto la Cámara de senadores como la de diputados se han convertido en agencias de colocaciones, pues la mayoría de quienes llegan a ambas Cámaras legislativas son porque fueron colocados gracias a parentescos, amiguismos, compadrazgos y hasta por amor. De ahí que muchos de nuestros legisladores no cuenten con la preparación debida para conformar leyes que beneficien a la ciudadanía, sino nada más para levantar la mano para aprobar la línea dictada por los que los pusieron ahí para pagar favores o compromisos.

Está bien que se tiene que dar paso a la juventud, que los tres Poderes de la Unión requieren de sangre nueva y toda la cosa; pero gente nueva preparada y no juniores que, debido a que son hijos de encumbrados políticos o funcionarios o acomodados económicamente, siempre han vivido bajo burbujas de cristal que no les permite ver la realidad del país; de ahí que crean que todo lo que aprueban está bien, ya que si ellos no tienen hambre ni frío, pues a la mejor para todos estos niños bien, todo mundo vive igual que ellos.

Ahora con la repartición de puestos en ambas Cámaras, saltan a la vista las listas de quienes serán beneficiados –siempre y cuando salgan las cuentas como las esperan- los que aspiran a un puesto de representación proporcional y obviamente, no por el voto popular. Y en esto ha llamado la atención que para el Senado por la vía plurinominal aparece en las listas el hijo de Emilio Gamboa Patrón, Pablo Gamboa Miner, quien al parecer lleva el mismo ejemplo de vivir del presupuesto sin ensuciarse los zapatos, ya que por el momento ocupa una diputación federal también por la vía plurinominal, pero ahora quiere un cargo de senador en la misma forma. Y sigue el ejemplo de su papá porque don Emilio Gamboa Patrón también ha sido de los legisladores que sin hacer campaña de proselitismo ha estado saltando de una Cámara a otra y viceversa sin ensuciarse los zapatos; y ahora como ya no lo dejaron brincarse a la Cámara de Diputados, acomoda a su hijo en la de Senadores. Qué bonita familia dijera aquél.

Así que por desgracia para el país, el Senado de la República seguirá desvirtuado de acuerdo a la idea original que es: una especie de consejo de ancianos.

Sea pues. Vale.