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13 / Junio / 2018

Cada vez que paso por la Avenida Victoria y la calle Puebla, donde El Espinazo del Diablo, me llegan recuerdos de cuando visitaba a mi buen y gran amigo Ramón Montes Rosales, el cual me prestaba una de las guitarras eléctricas de su grupo –él era el jefe, el líder- Los Vagabundos, y me ponía a ensayar, a pergeñar melodías, en ese entonces de The Beatles; a veces tocábamos juntos allí en aquél histórico cuartito, luego llegaban, poco a poco, los otros integrantes (Aurelio Coronel Ramírez, alias El Charal; Luis, El Gallinazo; Andrés Villa; Chuy Barrón, o en otros tiempos, José María Altamirano, El Chema; Lucio Vázquez): Saludos, risas, camaradería y música y más música. Por allí andaba el buen Héctor Nicolás Guzmán Olague (a quien aprovecho para mandarle sinceros saludos, como siempre).

Pero –como dirían los locos aquellos de Liverpool-: Dream is over. Un fatídico 3 de junio del año de 1982 –I read the news today, oh boy- me enteré: Ramón, Lucio, Andrés y un tal Pepillo habían fallecido en un cruel accidente carretero; iban hacia Guadalajara, por sus nuevos uniformes, y allí fue, a la altura del Ceboruco me consterné profundamente; un mundo musical se me iba, y aquellos ratos felices amenizados con acordes y coros entraban en silencio.

Eran los tiempos de los Dugs Dugs, de Los Átomos, de Los Tehnals (saludos a Rey, que casi a diario lo vemos en su ‘changarro’ de cuentos y maletas, de la Avenida México, entre Victoria y Bravo, junto con su socio Julio), Los Fugitivos, Los Spiders, Los Coras Twisters, La Verdad (saludos a Mike MacDonald), The Crashing Banda; eran los sesentas.

De los Vagos me encontré un trabajo muy interesante, de colección, de la pluma y el caletre de un gran amigo de la familia, Bernardo Macías Mora (Meridiano, enero del 2005: El Rock de la Muerte).

Anotamos un dato anecdótico: Los Vagabundos tocaron en el bautizo del ahora abogado Juan Manuel Treviño Alfaro, según le comentó a Bernardo la periodista de sociales Mónica, hermana de aquél.

Bernardo en su crónica, nos hace el honor de mencionarnos, en palabras de sus entrevistas, El charal Aurelio, ex bajista del grupo (con su instrumento al estilo McCartney), y Milán Márquez Herrera (Los Átomos): coinciden en la opinión de él que les tomaba más fotografías era Agustín Almanza (¡ejem! ¡ejem!), miembro de una familia de artistas de la lente (sic), desde el abuelo, el padre (don José Luis), hasta los nietos. Agustín era entonces un joven admirador del rock, tanto, que practicaba la guitarra con la misma clase de quienes entrenaban a diario. Muchos de los recuerdos gráficos que se conservan en archivos familiares o domésticos fueron producidos en Estudios Almanza.

Bernardo nos sigue informando que se adelantaban en interpretar la música de Santana, en el Estado, gracias a Livier Santana Valencia –fue regidora por Tepic-, ya que el músico era su primo y le mandaba sus recientes grabaciones antes de que salieran al mercado.
Los Vagos tocaron en el Casino Carta Blanca, que luego se denominó Casino Olímpico (Hidalgo, entre Zacatecas y México), y serían más tarde las bodegas de los Almacenes García; en el Casino Tepic (Lerdo y Durango); en la Panadería Azteca (por Mérida entre Zaragoza y Bravo); en el edificio Fenelón, por mencionar algunos lugares.

Ramón era dado a la filosofía, platicábamos mucho sobre el porqué de la existencia humana en este planeta, y si nomás aquí había vida inteligente: siempre terminábamos el viaje con la admiración de las obras de la naturaleza y las maravillas del universo, sin respuesta (No Reply) básica alguna.

Bueno, pues todo esto surgió debido a que, de visita a la Redacción de Gente&Poder, acompañando a mi hermano Germán (¡cuatro y media de la mañana; me deben unos tacos!) que tenía la encomienda del Director Antonio Lora de llevar paquetes del diario a terminales de autobuses locales, aquél se topó en su PC con una añeja fotografía –no la tomé yo, conste- del grupo, tocando en el Hemiciclo de la Plaza Municipal: Golden Slumbers.

ANCLA ARGONÁUTICA: Once there was a wat to get back homeward sleep prety darling, do not cry, and I will sing lulla by Tomorrow never knows.