Por: Olegario Zamudio Quezada

Antes de las olimpiadas en México, y antes que el hombre pisara la luna por primera ocasión, en mi casa había una televisión Hitachi, pantalla cuadrada, color café con crema y la definición obviamente era en blanco y negro.

En esa televisión, vi una película titulada La máquina del Tiempo, desde ese entonces me quede con la convicción, de cómo el hombre podría, tener una maquina que lo trasladara al pasado y al futuro.

Hoy tuve un sueño por demás extraño, estando durmiendo, que no es lo mismo que estar dormido, me vi en un lugar como setenta años atrás, en un lugar pobre, limpio pero pobre y vi a mi madre como de diez y siete años con mis dos hermanos mayores.

Al saludarla me miraba con extrañeza, le dije, que estás haciendo ama, me contesto que ella no era mi madre, le dije si lo eres, pero es muy complejo explicártelo, ponle la oreja en el vientre a tus chiquillos y también a mí y veras que sientes lo mismo, enseguida le pregunte y tu esposo, ¿dónde está?, me dijo que andaba tomando vino.

Antes de darle algún consejo, decidí retirarme, no fuera ser, consecuencia de ello, que yo no naciera en el futuro, después me despedí y le conforte diciéndole, que su esposo dejaría de tomar, que tendría muchos hijos, como quince, ella solo me miraba.

Después vi una chamaca, de vestido abajo de la rodilla, la vi subiendo a un auto antiguo, (claro), la miraba y sin querer le llame por su nombre, ¡Delia! le dije, lentamente volteo, ¿nos conocemos me pregunto?, no supe que contestarle, le dije que me era muy complejo explicarle como es que la reconocía, pero le aconseje que se preparara como mujer porque sé, que más o menos en los años ochenta tendrías una gran responsabilidad social en pro de la familia en un lugar llamado Nayarit.

Solo me miraba con recato, me dijo, usted me esta confundiendo, yo soy Delia Hernández, ya lo sé, le conteste y tendrás un buen hombre de esposo cuando te cases, solo se encogió de hombros, la Lic. Delia Hernández tengo muchísimos años que no se de ella, es más, no sé si aun vive.

Otra ocasión estando durmiendo, vi que un gran avión, pasaba muy bajito y se estrellaba en unos edificios, un gran pedazo de tierra, como del tamaño de una isla, había caído por mi casa, desde la calle zacatecas al estación del ferrocarril y desde la Juárez a la Guerrero, consternado fui a buscar a mi familia y vi una llave de agua abierta en chorro, lavaba unas monedas de cobre que junte.

El agua de la llave abierta había creado un arrollo y de pie sobre un puente de una tabla, sentí el pecho oprimido, constipada la frente, amoniaco en las narices, como cuando uno se resiste a llorar, así estaba y me obligaba a mi mismo a despertar, pues sabía como siempre, que estaba durmiendo, hasta que lo logre, ese sueño se lo platique a muchos conocidos míos y tres días después, un once de septiembre aviones se estrellaban en las torres gemelas de Nueva York.

Le platique a unos amigos, a quien le narro y comparto mis sueños por correo electrónico por las mañanas y ¿les pregunte?, de que sirve saber el pasado y el futuro si no puedes cambiar nada para bien, me dijeron que no sabían la respuesta.

Ahora concluyo, la película que vi en el sesenta y siete, donde un hombre en una máquina se trasladaba en el tiempo, si es posible tenerla, de hecho nosotros somos la maquina, el tiempo hay esta existiendo, nosotros somos los que vamos a su pasado o a su futuro, en fin pues, se de varios amigos, que tienen esa habilidad de moverse en el tiempo.