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01 / Agosto / 2018

Una joven esposa, le envió un mensaje de texto a su esposo diciéndole que le estaría esperando con una jugosa cena para celebrar su noveno mes de aniversario. El esposo que estaba en medio de una reunión de trabajo para la cual debía hacer una presentación, le envió una carita feliz disimuladamente mientras continuaba su presentación.

La joven esposa recibió la respuesta y procedió a preparar todos los ingredientes que necesitaba para cocinar. Tenía pensado hacerle su plato favorito, paella de mariscos. Lo mismo que habían comido la noche en que se comprometieron.

Mientras sus pensamientos recordaban ese día, sintió como las maripositas regresaban a su estómago. Esa noche fue realmente una sorpresa para ella. Él guardó el secreto muy bien y le propuso matrimonio el día de su cumpleaños. Se puso de rodillas y le confesó su amor y devoción ante todos.

La joven esposa continua recordando mientras pelaba cebollas, y limpiaba camarones recordando cómo había pasado el tiempo. Ya casi llegaban al año, esperaba irse de vacaciones a celebrar nuevamente el triunfo de su amor.

Mientras se imaginaba a donde podrían ir, su vista paso por el reloj de la cocina, que indicaba que eran las 5:00 de la tarde. Le había enviado el mensaje a su esposo a las 4:30 PM y aparte de la carita feliz no había vuelto a saber más de él. Realmente era lo único que le molestaba de su esposo, lo mucho que se involucraba en el trabajo, olvidándose de que ella estaba en casa sola esperándolo. Pensó en las muchas ocasiones que llegó y la comida ya estaba fría por la demora.

De repente volvió a mirar el reloj, esta vez empezó a enojarse. Todo el día en el supermercado, comprando lo necesario para prepararle su comida favorita, ¡Toda la tarde en la cocina pelando víveres, limpiando mariscos, sazonando el arroz! Qué desconsiderado era su esposo, ni una llamada para decirle lo agradecido que estaba de tenerla en su vida, o por lo menos decirle que estaba ansioso por comer en casa algo tan especial. ¡Nada! Tan solo un miserable texto con una carita feliz. O tal vez eso para él era suficiente.

Después de todo, sus padres tenían uno de los matrimonios más tristes que ella hubiera visto jamás. Su suegra, pobrecita estaba casada con un bloque de hielo. Tan diferente al matrimonio de sus propios padres. Su papá amaba tanto a su madre, siempre llegaba a tiempo para la cena, llegaba con flores y después de cenar ayudaba con los platos. Ese sí que era un esposo perfecto, un matrimonio ejemplo. Bien le había dicho su madre que lo pensara bien antes de casarse. Y ella que no lo hizo caso. Pero no era muy tarde, todavía estaba a tiempo de ajustar las cosas.

Tan pronto llegara su esposo le diría lo insensible que era, y le obligaría a ir a una consejería larga y costosa para que cambiara su forma de ser. ¿Quien pensaba él que era dejándola sola y abandonada a tan solo nueve meses de matrimonio? Estaba loco, fuera de sus casillas si imaginaba que ella lo iba a permitir.

De súbito soltó los platos que inconscientemente estaba colocando en la mesa y se dirigió a la estufa. Con determinación apagó la estufa y dijo en voz alta, si quiere comer que cocine él.

Tan pronto las palabras salieron de su boca, noto que su esposo estaba detrás de ella con un enorme ramo de rosas en las manos y una cajita azul en la otra. El azul de Tofana su joyería favorita. Él la miró perplejo y dijo, Amor, ¿estás bien? te he tratado de llamar y tu celular me llevaba directo al contestador.

Ella, sorprendida miró su celular, estaba descargado. Arriba el reloj marcaba las 5: 25 de la tarde.

¿Cuántas veces hemos juzgado a las personas? y lo que es peor: las juzgamos y condenamos sin investigar a que se debe su comportamiento, cuáles son sus pensamientos y sentimientos.

Muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario. Así es que, La próxima vez que nos sintamos tentados a juzgar y condenar a alguien, recordemos esta historia. Debemos darnos cuenta que los sentimientos de las personas son frágiles y fáciles de dañar, pero difícil de sanar..