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22 / Agosto / 2018

Cuando visité La Habana – gracias a mi extinto patrón, Edgar Arellano – sostuve una amena e interesante conversación con la esposa de mi amigo Tony Espinosa – amigo también de mi estimado camarada, el doctor Arturo Camarena –

Ella es una mujer que maneja una filosofía de la vida bastante positiva. Habla y dice frases que incitan a la reflexión. ¿Y cómo se la llevan usted y Tony, recuerdo que le dije una vez con evidente imprudencia. ¡Ah!, nos entendemos a la perfección. Es corta la vida ¿y desperdiciarla en amarguras?, ¡No!.

Me decía que en esta época todos hablan de calidad de productos, de calidad de procesos, calidad de servicios, calidad de sistemas, pero que muy poca gente habla de calidad humana, calidad de vida.

Y efectivamente, hablar de calidad humana, es cuidar nuestros vínculos con los demás. Necesitamos rehacer nuestros queridos vínculos humanos. De nada sirve trabajar de sol a sol en un lugar donde no tenemos amigos y llegar cansados a un hogar en el que nadie se interesa en saber cómo nos fue.

¿Para qué trabajar tanto si nos sentimos solos? Es triste leer un libro y no tener a alguien con quien comentarlo, es doloroso sentirse preocupado y no contar con una persona a quien abrirle el corazón.

De nada vale estar al frente de una cancha de fútbol o frente a un juego de salón si no tenemos con quien disfrutar ese momento. ¿Para qué tener lo que no se puede compartir?

Ni las cosas ni el dinero poseen valor intrínseco. El valor de lo material está en su aplicación, en el servicio a alguien o la convivencia con alguien.

La belleza de tener está en compartir. La magia de luchar por una prosperidad económica, estriba, ni más ni menos, en poder ver sonreír a alguien a quién le damos el privilegio de disfrutar lo que ganamos. Eso es parte de la naturaleza humana. Dar, convivir, amar, servir y ayudar. ¡Hazlo!

En muchas ocasiones estamos asustados asustados de lo que tal vez no podemos hacer asustados de lo que pensaría la gente si permitimos que nuestros miedos se interpongan en nuestros sueños. Decimos no, cuando queremos decir sí. Murmuramos cuando queremos gritar, y después... después gritamos a quien no teníamos que hacerlo. ¿Por qué?

Después de todo, cruzamos por esta vida una sola vez, no hay tiempo para tener miedo. Así qué intenta aquello que no has hecho, arriésgate, participa en ese concurso, presenta aquella poesía, ésta pintura, enfréntate como ganador, también en lo cotidiano de la vida.

Baila, sonríe, habla en contra de lo que no te gusta, visita pueblos y ciudades que no conozcas, no te quedes con el abrazo contenido ni la risa escondida, cuida mucho de tu familia dile cuanto los amas, valora lo que tienes. Da gracias a Dios. No lo olvides.

El tiempo no regresa. No tienes nada que perder y todo ¡Todo por ganar!