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Sígale sígale

Francisco Javier Nieves Aguilar

24 / Agosto / 2018

Dice que se llama Jorge. Quizás es lo único que recuerda a ciencia cierta.

Lo encuentro en una vieja casona, sin puerta ni ventanas, de la calle Zaragoza casi esquina con Mercado, muy cerca de la Terminal de Las Ollas, en Ixtlán.

Intenta remendar una vieja camisa, con hilo y aguja. Lo hace con dedicación, con la mirada fija y los sentidos puestos.

Toma otro pedazo de trapo, una bolsa por lo que se ve, de otra camisa. La guarda y sigue con su tarea.

Viene del Estado de Jalisco o mejor dicho, vino de allá, hace casi 40 años. ¿Qué son 40 años; 20, 30 o 50? ...

¿Qué es el tiempo para él, para quien no tiene horarios?

- A ver, dígame cuántos años me calcula.

Trato de ser cortés y le digo que unos 40. Niega con la cabeza. Le digo 45 y vuelve a negar.

- Sígale, sígale, cuando llegue a 60 ya le atinó.

La barba tupida, la mirada que de repente se ausenta y esas manos que toman todavía la aguja con mucha dedicación. Parece que pensara.

- ¿Por qué tanta basura acá afuera? ¿por qué tiene así el patio?.

- Por diversión nada más.

Y ahí se corta de tajo el tema, no quiere platicar de eso.

No tiene porqué explicar, parece decirme, la forma en que vive y lo que hace.

-Todos tenemos algo raro, ¿no? – dice en otro pasaje de la charla que se detiene por largos espacios -.

Le pido que pose para tomarle una foto y entonces aflora su timidez; timidez de niño que se remuele en el asiento, que niega con la cabeza pero no se niega al retrato.

- ¿Por qué se vino a Ixtlán?

- Porqué ellos estaban enojados.

- ¿Quiénes son ellos?

Silencio. Otra vez el silencio. Silencio profundo, cada vez que tocamos un tema. Tema que molesta

La libertad de escoger el tema, de hablar de lo que quiere, andar por donde se le antoja.

No hay que pregonarla, hay que vivirla, y Jorge la vive. La hila; la zurce con hilo y aguja, como si de repente, en medio de toda aquella basura, en medio de aquel desorden. Lo más importante en este momento es reparar una rotura de camisa.